La respiración del dibujo en Álvaro Siza
Luisa Frigolett
Arquitecta. Magíster en Teoría, Historia y Crítica PUC
Candidata a doctora en Arquitectura, Estudios Urbanos y Diseño PUC
Profesora en UNAB, UGM y UFT.
este ensayo, inspirado en la lectura de josep quetglas, explora la manera en que el dibujo de álvaro siza transita entre lo visible y lo imaginado, entre el registro de la realidad y la invocación de lo ausente. con la experiencia directa en el taller del artista portugués, se reflexiona en torno al dibujo como instrumento de proyecto, ejercicio de conocimiento y pensamiento arquitectónico. en esa práctica, vital para el arquitecto, encuentra un modo de meditar, habitar el tiempo y liberar la forma del sometimiento a la función. así se comprende el dibujo no solo como herramienta técnica, sino como acto de observación, memoria y creación.
Palabras clave: dibujo, imaginación, proyecto y Josep Quetglas.

Este ensayo, inspirado en la lectura de Josep Quetglas, explora la manera en que el dibujo de Álvaro Siza transita entre lo visible y lo imaginado, entre el registro de la realidad y la invocación de lo ausente.
Con la experiencia directa en el taller del artista portugués, se reflexiona en torno al dibujo como instrumento de proyecto, ejercicio de conocimiento y pensamiento arquitectónico. En esa práctica, vital para el arquitecto, encuentra un modo de meditar, habitar el tiempo y liberar la forma del sometimiento a la función. Así se comprende el dibujo no solo como herramienta técnica, sino como acto de observación, memoria y creación.
“Entre evaporaciones y condensaciones” es una frase que Josep Quetglas utiliza en La respiración de la mirada (2004), para describir los tránsitos del dibujo del arquitecto Álvaro Siza entre lo real y lo imaginado: lo que se ve y aquello que se desvanece. Aunque Quetglas interpreta el dibujo del arquitecto como una oscilación desde lo visible a lo invisible, aquí se indagará en la coexistencia de estos dos gestos: el dibujo anclado a la realidad –lo que vemos y constatamos–, y aquel que se escapa porque apela a la imaginación, la memoria y la intuición.
Para dibujar, los ojos y las manos,1 pero también la interpretación del mundo. Dibujar implica elegir, recortar y proponer. Le Corbusier, en Vers une architecture (1923), escribía de les yeux qui ne voient pas («los ojos que no pueden ver») para señalar la incapacidad de una época de percibir lo nuevo; además, sugería que la forma aparece cuando se cierran los ojos y después se traduce al papel. Los ojos interpretan y perciben; las manos fijan, detienen y narran. Hay dibujos que registran y dibujos que imaginan.
Esa doble perspectiva en los dibujos de Álvaro Siza es lo que se ensaya aquí: aquella que pone sobre el papel lo que la mirada constata y por otro, lo que la mente imagina y proyecta.

Un encuentro
Dibujar es un acto solitario; surge casi como una metáfora de la vida del arquitecto, marcada por una profunda soledad.
Valdemar Cruz
La práctica del dibujo en Álvaro Siza pareciera radicar en la calma que ella le entrega, como si fuera un acto meditativo que loreconecta con el presente y sus ideas.
En julio de 2025, en el marco de mi investigación doctoral, tuve la oportunidad de entrevistarlo. Me sorprendió la rapidez con la que aceptó y fijó la cita: el sábado 12 de julio al mediodía. Me encantó la coincidencia numérica del día y el horario que es el que suele preferir para sus encuentros, como supe después.
Llegué puntual; sin embargo, al tocar el timbre nadie respondió. Minutos más tarde, un taxi se detuvo frente al estudio. A sus 92 años, Siza venía en él leyendo el diario. Cuando intenté ayudarlo a subir la pequeña pendiente de la entrada, me detuvo con un gesto sutil que bastó para dar a entender la autonomía con la que aún se mueve. Esa autonomía que lo mantiene vigente, para participar en actividades y trabajar incluso los fines de semana.
Al cumplirse la hora acordada, le propuse cerrar ahí la entrevista para que almorzara, pero me dijo que los fines de semana los dedicaba a trabajar en el taller y casi no comía. Un taller en silencio lleno de dibujos y maquetas que revelaban cómo el trabajo realizado a mano prima sobre la tecnología. Todo en ese espacio: la luz, la mesa y los dibujos colgados, parecía reunir una vida dedicada al pensar dibujando. Después me enteré que tras la inesperada muerte de su esposa, la artista María Antonia Marinho-Leite (1940-1973), hizo de la arquitectura su refugio.
A pesar de que la conversación se centró en algunos proyectos del Servicio Ambulatorio de Apoyo Local, todo el tiempo mantuvo cerca suyo una hoja en blanco y un lápiz Bic con el que dibujaba mientras hablaba, para explicar con trazos aquellas zonas donde las palabras no alcanzaban a llegar.

EL DIBUJO COMO NECESIDAD
Álvaro Joaquim Melo Siza Vieira nació en Matosiños, Portugal, el 25 de junio de 1933. Estudió en la Escola Superior de Belas Artes de Porto entre 1949 y 1955, y ganó el Premio Pritzker de Arquitectura en 1992.
El dibujo ha sido una compañía desde su niñez, que devino un hábito donde encontró una forma de pensamiento y cierta parte de placer. Dibujar para él es un acto que va más allá del oficio de la arquitectura, se extiende a cualquiera que quiera aprender a ver: “El dibujo ayuda a penetrar en la vida de las cosas, aprender a verlas, aprender a saber ver”, dice.
Lo entiende como un lenguaje para comunicarse con otros. Un instrumento de proyecto y aprendizaje que nunca será sustituido, porque el gesto de diseñar, para él, está cargado de historia, de una memoria inconsciente y una incalculable sabiduría. Por lo mismo, el ejercicio de dibujar hay que cuidarlo para que los gestos no se crispen y simbólicamente todo lo demás.2
Eduardo Souto de Moura, con quien Siza comparte el mismo edificio para sus estudios de arquitectura, lo describe como “un plotter incansable que no para de dibujar”. Esta práctica compulsiva se traduce en innumerables cuadernos y en algunas leyendas que lo retratan dibujando solo, de noche, en los cafés de Porto.3
Sus trazos son rápidos y certeros, tanto que la distancia entre el dibujo y el proyecto muchas veces es mínima. Esa aparente espontaneidad no nace de la improvisación; su certeza viene de muchos años de práctica sostenida. Según él, los dibujos y su obra deberían disfrutarse como quien lo hace frente a un cuadro de Picasso, al asistir a un ballet, o al escuchar a Billie Holiday. Su goce de la arquitectura consiste en hacer imperceptible el esfuerzo que implica equilibrar el vacío y la forma, interior y exterior, hasta sentirse en casa. Dibujar es su práctica vital, un acto rítmico que une disciplina y placer.
EVAPORAR Y CONDENSAR
Los dibujos de Siza mezclan ideas de proyecto, trazos, apuntes, figuras humanas e incluso ángeles. Esas presencias, terrenales y aéreas, introducen escalas simultáneas: la humana y la vista a vuelo de pájaro, como si el arquitecto observara desde el cielo para tener una imagen completa del proyecto. La simultaneidad puesta en la hoja muestra cómo condensaciones y evaporaciones constituyen un mismo modo de observar y proyectar.
Cuando se cierran los ojos, se imagina, y el espacio deviene en creación. El dibujo del arquitecto condensa cuando alcanza una forma de proyecto, cuando logra atrapar aquello que se evapora. Pero también se convierte en espacio de registro: en sus viajes, Siza dibuja para descubrir y al final aprender y conocer. Así, estos se convierten en el panorama ideal que lo lleva a registrar y fijar imágenes en un espacio de tiempo acotado. Su ambición es encontrar ese espacio de calma que no puede ser alterado por los mapas ni por el afán de cumplir ciertos objetivos. Incluso está dispuesto a sacrificar muchas cosas por el simple placer de detenerse ante lo que lo atrae, en una sensación de descubridor.
Durante sus viajes fija rostros, perfiles, pormenores luminosos y a menudo sus propias manos. El trazo de su lápiz pasa de tímido a preciso, de analítico a fatigado o irrelevante: esa es su libertad. La misma libertad que le provoca el acto del dibujo.4
Los ojos, que el arquitecto pone al nivel de la mente, adquieren una capacidad inusitada. En un aprendizaje desmedido, lo visto reaparece luego evaporado en los trazos de sus dibujos. Con ellos da a entender que el dibujo condensa y también deja evaporar la realidad previamente aprehendida.5
La respiración del dibujo, que transita entre la idea y la materialización de las formas, es un ejercicio constante que convierte en mecanismo proyectual. Para él, el propósito es la forma del proyecto, pero una que no se subordina del todo a la función, sino que logra liberarse de ella: “La mayor parte de mis dibujos obedece a un fin preciso: encontrar la forma que responda a la función y de la función se libere –y del esfuerzo– abriéndose a un imprevisible destino”.6
En esos dibujos se revela una oscilación, que va desde el papel a la obra en un ejercicio rítmico de búsqueda de equilibrio, tras una arquitectura que pueda ser vivida y apropiada por sus habitantes.
EL DIBUJO COMO RESPIRACIÓN
Frente a una ventana con vista al Douro y a Gaia –el puente, los barcos–, Siza dibuja y alterna entre trazos aleatorios, libres, sueltos. El dibujo es su instrumento de estudio, de investigación y de comunicación, así como una práctica que libera su espíritu.7
Antes que fotografiar prefiere dibujar, un método que le exige atención al detalle, observación y apertura de su proyecto. “Dibujar y observar son prácticas vinculadas a la experiencia de conocer. Instrumentos de mediación con fines comprensivos de la realidad que superan la mera contemplación para convertirse en una herramienta crítica, selectiva e incluso generativa”.8
En el imaginario de Siza, el dibujo alcanza la forma y pasa de la idea al proyecto. Como señala Josep Quetglas, en los dibujos de Siza se alternan acompasadamente condensaciones y evaporaciones, en un ritmo que equilibra lo visible y lo imaginario.
El dibujo es un acto de conocimiento para el arquitecto, una forma de ver e invocar: lo invisible se condensa en la línea y luego se evapora en la forma.
Se podría decir que tanto el proceso de dibujar como el de proyectar son en él un movimiento continuo entre rigor y libertad, búsqueda de esa forma que responde a la función y que luego se desprende de ella. Un desprendimiento que no implica ruptura, sino oscilación que alterna entre rigor y azar, precisión y apertura.
El dibujo oscila así entre condensar y evaporar, entre observar e imaginar, un acto vital en la manera de proyectar del arquitecto que no solo representa el mundo, lo rehace. Y en esos gestos mínimos, persistentes y rítmicos, Siza encontró su modo de ver, y con ello, su manera de habitar el tiempo y el espacio.

Fuente: Álvaro Siza Fonds, Canadian.
Centre for Architecture (CCA), Montréal. Don de Álvaro Siza. © Álvaro Siza.
Notas
- Quetglas, 2004.
- Siza, 2009, 37.
- Cruz, 2007.
- Siza, 2009, 49.
- Siza, 2009, 49.
- Siza, 2009.
- Cruz, 2007.
- Hidalgo, 2019.
Referencias
- V. Cruz. Álvaro Siza. Conversaciones con Valdemar Cruz. Gustavo Gili, 2007.
- W.J.R. Curtis, “Notas sobre la Invención: Alvaro Siza”. El Croquis 95, 1995, 181-184.
- F. Granero. “Conversando con Álvaro Siza. El dibujo como liberación del espíritu”. Expresión Gráfica Arquitectónica 20, 2012, 56-65,
- G. Hidalgo. Dibujo y observación. Una práctica persistente en Alberto Cruz. ARQ., 2019.
- J. Quetglas. Artículos de ocasión. Arquitectura con textos. Gustavo Gili, 2004.
- A. Siza. Textos 01. Álvaro Siza. Civilização Editora, 2009.