El otro dibujo, apuntes sobre grabado
Jorge Martínez García
Artista visual
Profesor de la Facultad de Arte UPLA e Instituto de Arte PUCV
este texto reflexiona acerca de las formas del dibujo en el grabado, y cómo ellas son influenciadas por la naturaleza del oficio y las particularidades técnicas, en especial las del grabado en metal o calcografía.
Palabras clave: grabado, dibujo, calcografía, matriz y estampa

Mezzotinta sobre bronce, 7,5 x 6,5 cm, 1999.
El grabado es un procedimiento a través del cual se transfiere el dibujo. También es desde luego un instrumento de expresión. Sin embargo, la relación entre los dos lenguajes es más compleja que la mediación tecnológica o el carácter instrumental. El concepto gráfico que subyace a la transferencia no es siempre el mismo, lo que podría suponer un cambio en la naturaleza del propio diseño. La ampliación del concepto de dibujo evidencia la riqueza y multiplicidad del grabado. Esto es evidente en el grabado en metal, la calcografía, donde la variedad de formas promueve la creación de un elevado número de técnicas –más de cuarenta–, que supera con mucho al conjunto de procedimientos de las otras familias de grabado. Ocurre en lo fundamental por tres factores: naturaleza dual del grabado, que se entiende a la vez como matriz y como estampa; carácter volumétrico de la calcografía, que busca entintar la incisión y no la superficie; y el método escultórico de los procesos generales de tallado y patinado.

El método de trabajo determina el uso de las herramientas y los materiales en el grabado en metal para concebir y ejecutar el dibujo. Se puede realizar con herramientas manuales para tallar la superficie o fijar el dibujo con barnices y ácidos. El primer tipo de procedimiento reúne las técnicas directas y el segundo, las indirectas. El carácter rotundo y definitivo de algunas técnicas de talla directa exige el análisis previo de cada trazo, de modo de definir la realización de un dibujo consciente y calculado.
Asimismo, la separación del trazado por etapas promueve un diseño abstracto y analítico, característica de la técnica indirecta. La construcción del dibujo sufre alteraciones metodológicas y conceptuales: a partir de líneas, tramas y texturas, la imagen surge de forma tardía solo cuando aquellas alcanzan su comprensión definitiva en el momento en que la obra se concluye.

Aguatinta y aguafuerte sobre zinc, 25 x 20 cm, 1995.
Además, las técnicas se ordenan de acuerdo a la forma de ejecución que predomina en cada procedimiento. La manera tradicional describe el método de dibujo más utilizado: agregar líneas y manchas a partir de un espacio en blanco, sumando trazos y texturas. Por el contrario, la manera negra supone quitar o reducir líneas y manchas a partir de un espacio saturado, restando trazos y texturas. También existen técnicas híbridas que utilizan las dos maneras, alternada o consecutivamente, lo que pone en evidencia la doble direccionalidad del dibujo: este puede ir de más a menos o de menos a más. Incluso cada técnica puede subdividirse en momentos tradicionales y manera negra, con el aumento de la complejidad del diseño en un enfoque secuencial, con procesos aditivos y sustractivos.
El resultado estético de los procesos clasifica las técnicas en dos grandes grupos: las técnicas gráficas, que se caracterizan por un lenguaje visual basado en líneas y achurados, y las técnicas pictóricas, que se apoyan en la utilización masiva de puntos para construir texturas y manchas tonales, según su agrupación. El dibujo de las técnicas gráficas supone la traducción de las formas en un sistema organizado de líneas, interpretando los elementos de la representación según diferentes estilos, lo que da lugar a una transcripción visual que se conoce como “repertorio de artista”.

Por su parte, las técnicas pictóricas –que surgieron para complementar las técnicas gráficas, a mediados del siglo XVII en Europa– se utilizan para elaborar manchas significativas, acercando el grabado a la pintura. La combinación de dos o más técnicas gráficas y pictóricas enriquece el acervo expresivo del diseño. Por otro lado, la utilización de técnicas híbridas, que combinan en sí mismas trazos gráficos y texturas pictóricas, incorpora elementos visuales prediseñados que se traspasan modificando o eliminando el dibujo.
Lo gráfico y lo pictórico no solo se establecen como criterios de clasificación a posteriori, sino que determinan los procesos mismos del diseño y la estampación. Así, la realización del dibujo en líneas negras sobre fondo blanco –en positivo– acerca la percepción del grabado calcográfico a la estética del dibujo tradicional, al permitir la realización de un trazo en la matriz que concuerde con la imagen final en la estampa, dando la sensación de un dibujo impreso. De hecho, hay técnicas que alcanzan un alto grado de semejanza con el dibujo. En ellas, la mímesis se realiza con un lápiz que traza formas en un papel dispuesto sobre la superficie de la plancha barnizada. La presión del trazado retira el barniz, exponiendo el metal al mordiente que fija el diseño. El resultado es un dibujo a lápiz, que se puede imprimir y reproducir calcográficamente.

Por último, desde una mirada más amplia, el carácter escultórico del grabado en metal es factor determinante en las relaciones entre dibujo y grabado. Desde sus orígenes en Asia y Europa los procedimientos de grabado en madera y metal estuvieron vinculados a la diferenciación de los planos de ejecución e impresión, determinando qué se trabaja y qué se estampa. Desde una perspectiva histórica, la manufactura de bloques de madera para el diseño textil y el traspaso de imágenes escultóricas sobre papier maché, a partir del siglo X, subrayan la naturaleza volumétrica del grabado, que se consolida con la invención de la prensa de tipos móviles en el siglo XV. En este contexto, el grabado en metal establece una relación mediadora entre el plano y el volumen, que se hace evidente en los procesos de impresión: la calcografía es la única forma de grabado que limpia el excedente de tinta de la superficie antes de la estampación, dejando pigmento solo en el bajorrelieve.
A partir de la utilización de la estampa en la naciente industria del libro, desde el siglo XV, y más tarde con el auge de la editorial y la invención de la litografía o planografía a fines del siglo XVIII, el grabado se asoció al dibujo tradicional, en su búsqueda de imitar y reproducir sus efectos. Desde entonces, el dibujo en el grabado se desplaza entre dos polos: el volumen y el plano, donde halla la ambivalencia matriz-estampa en el elemento distintivo que caracteriza su naturaleza dual: en la matriz prima el volumen; en la estampa, el plano. En definitiva, el mismo criterio espacial se puede aplicar para la clasificación de las grandes familias de grabado: en la xilografía y la calcografía prima el volumen; en la litografía, el plano. La dualidad operativa del plano y el volumen se hace evidente en la zona de traspaso del tamiz de la serigrafía, lo que hace del dibujo una realidad transitiva en el arte del grabado, cuya imagen se construye “entre” la malla y el soporte de impresión.

Estos aspectos del grabado influyen y determinan la percepción del dibujo, lo que da lugar a una nueva concepción de la gráfica, centrada en la búsqueda y el encuentro, pero además en el acervo y el oficio. La complejidad y la variedad de las técnicas propician dinámicas de trabajo alternativas y exploratorias, y de ese modo el grabado se constituye en un laboratorio de experimentación y hallazgos gráficos. En este sentido, también es el otro dibujo.