Tierra y pausa en diseño

Daniela Salgado C.

Diseñadora industrial
Doctora en Arquitectura y Urbanismo por la ULB, Bélgica
Profesora de la Escuela de Arquitectura y Diseño PUCV

Alondra Goldrine Z.

Diseñadora de objetos
Profesora de la Escuela de Arquitectura y Diseño PUCV

María Consuelo Pulgar F.

Diseñadora de interacción
Trabaja en Centro Regional de Investigación e Innovación para la Sostenibilidad de la Agricultura y Territorios Rurales PUCV

A través de la cromatografía y el modelado de arcilla, esta experiencia pedagógica de diseño propone hacer una pausa para volver al suelo, a la materia y a los gestos que se desencadenan, explorando la lentitud como vía de conocimiento sensible. 

Inspiradas por la crítica a una monocultura del pensamiento, las prácticas que aquí se describen revelan el suelo como un tejido vivo más allá de un mero soporte. Diseñar con tierra implica atender a sus ritmos, resistir la homogeneización del hacer y volver a aprender con las manos.

Palabras clave: cerámica – materialidad – diseño – extractivismo – suelo – cromatografía

Deriba con estudiantes y artistas en Valparaíso, Cerro Merced, 2022.

El suelo, no el petróleo, es el futuro de la humanidad

Vandana Shiva

No es un misterio que vivimos en una época marcada por la inmediatez y la aceleración. Hacemos scroll constantemente, recibimos imágenes filtradas por algoritmos que dictan lo que vemos según nuestra atención de segundos, y producimos visualizaciones, videos e ilustraciones en minutos a partir de simples prompts a herramientas de inteligencia artificial. Esta aceleración no es un fenómeno solo visual, sino también afecta nuestra relación con los objetos, los materiales y el pensamiento. Podemos adquirir productos que se fabrican al otro lado del mundo a través de múltiples sitios plagados de ofertas y recibirlos en días, ignorando la distancia y la explotación que esto conlleva. En tales condiciones, lo que se produce con lentitud, cuidado y proximidad, queda muchas veces desplazado por la competencia del mercado, por nuestra desconexión e ignorancia sobre los ciclos de producción y por la invisibilización del origen de las materias primas.

En el campo del diseño, las tecnologías digitales y de fabricación han abierto una forma de libertad y un espectro inmenso de posibilidades: modelar, producir con rapidez y precisión sin depender de grandes industriales o proveedores. Pero esta velocidad que se muestra tan fructífera ha erosionado nuestra relación directa con los materiales. Trabajamos sobre planchas, resinas, tableros y componentes estandarizados que nos llegan sin huellas de su historia y geografía. Incluso las prácticas que se proclaman como locales dependen a menudo de insumos globales: algo que quedó demostrado durante el periodo de pandemia ante la incapacidad de abastecimiento por parte de diversos países. Entonces, frente a este escenario, ¿cómo podemos reconectar con lo próximo, con la comprensión de los materiales y su tiempo intrínseco?

Esta pregunta sobre la uniformidad material y del hacer conjuga con la reflexión de la filósofa ecfeminista india Vandana Shiva, quien, en su texto Monoculturas de la mente, denuncia la manera en que los monocultivos han extinguido saberes y prácticas, imponiendo una racionalidad única, homogénea y productiva. Esta lógica, que coloniza la agricultura, también se infiltra en otros ámbitos, generando devastación ecosocial y un aplanamiento de la diversidad cultural. El “monocultivo de la mente” bien podría leerse sobre las condiciones en las que diseñamos y conducirnos del mismo modo a lo homogéneo: materiales normalizados, procesos reiterados sin cuestionamiento, ideas que se replican sin fricción. La monocultura del pensamiento reduce el margen de diferencia, resistencia y adaptación. 

Con la intención de cuestionar estas relaciones, nos propusimos trasladar estas preguntas a los talleres de diseño, invitando a reflexionar sobre los modos de hacer a través del trabajo con materiales locales, en particular con tierra y arcilla recolectadas en los bordes urbanos de Valparaíso y otras localidades cercanas. Desde una perspectiva atenta al gesto, al error y a la agencia de los materiales, buscamos comprender la arcilla no solo como recurso, sino como ente interlocutor. Esta práctica plantea interrumpir la velocidad, resistir la estandarización e imaginar formas de diseño más sensibles a los ritmos de los materiales y a los territorios que los sostienen.

Así, trabajar con cerámica nos obliga a enfrentarnos a otra temporalidad. Una que no admite apuro y requiere paciencia, pues exige una relación sostenida en el tiempo, en que las manos además aprendan a leer las señales que arroja la materia: cuándo ceder, cuándo detenerse, cuándo esperar. Trabajar con arcilla, como diría Tim Ingold, implica escuchar su querer-ser, reconocer que tiene agencia. Asimismo nos permite cuestionar nuestra voluntad proyectiva, ya que la tierra no admite el desarrollo de una forma preconcebida, dado que la hace emerger a partir del cruce entre pensamiento, gesto y materia.

La conformación de la tierra a lo largo de 4.600 millones de años y sus ciclos geológicos evidencian un desarrollo lento y profundo. En este proceso de largo aliento, la arcilla constituye el resultado final de una extensa cadena de transformaciones: meteorización, erosión y depósito de rocas feldespáticas. La capa superficial donde se encuentra la arcilla no se “forma” de manera cerrada o definitiva; más bien, se hace y se rehace en una interacción constante entre materia, tiempo y vida. Es un espacio de tránsito por donde confluyen elementos atmosféricos, geológicos, biológicos y humanos. Las rocas se descomponen por la acción de agentes climáticos y organismos vivos que las fragmentan progresivamente, volviéndose primero arena y luego arcilla. Lo mineral se entremezcla con lo orgánico, y lo que parecía inerte se vuelve fértil.

Para comprender el suelo nos volcamos a experiencias sensibles que nos aproximen a su vitalidad. En este contexto desarrollamos dos procesos complementarios: la toma de muestras para la realización de cromatografías, como expresión visual del estado del suelo, y el modelado de arcilla, como un modo tangible de relacionarnos con su materia. Así, el suelo deja de percibirse como un objeto inerte y aparece premunido de una temporalidad. Ambas prácticas facultan inscribirnos en su espesor, leerlo y habitarlo desde el gesto.

Trabajo con arcillas recolectadas de quebradas de Valparaíso

Con las cromatografías de suelo se comprende el color como una expresión de fuerzas vivas más que como un dato físico, una manifestación sensible de la materia. No se trata únicamente de identificar componentes químicos, sino de observar la manera en que estos interactúan y se manifiestan en términos visuales a través de patrones circulares, manchas, veladuras y texturas. Este lenguaje revela procesos invisibles: la presencia de microorganismos y minerales, los residuos orgánicos, los ciclos de humedad. 

Realizar una cromatografía implica una práctica de observación aguda que se inicia con la recolección de tierra, atendiendo a lo que hay en la capa superior: vegetación, insectos, organismos en descomposición. El suelo se toca, se huele, se degusta. Por ello es necesario mantener una actitud dispuesta al contacto, al percibir. Luego esa capa se remueve con mucho cuidado y de ella se extrae una muestra pequeña que se procesa en un laboratorio oscuro. Allí, sobre un papel filtro impregnado en nitrato de plata, se escurre la tierra diluida. El resultado es una serie de anillos concéntricos que expresan con su color el estado y la vida del suelo.

Fabricación de moldes para vaciado de cerámica.
Fotografía de Gabriel Jiménez, 2023.

Dentro del taller realizamos sucesivos ejercicios de recolección en intersticios de terreno urbano, extrayendo muestras para realizar las cromatografías. Gracias a ello pudimos ver la diversidad de composiciones, intensidades y vitalidades contenidas en esos suelos en apariencia homogéneos.

Serie de cromatografías realizadas en base a muestras recolectadas de suelos urbanos en Viña del Mar y Valparaíso.
Procesadas en CERES

El trabajo con arcilla exige una disposición singular de exploración, experimentación y conocimiento hacia esta materia intensa que no se deja controlar por completo. La cerámica requiere incorporar una actitud relacional que tienda a la lentitud en el proceso de diseño: no se pueden acelerar el secado ni las variaciones de humedad o endurecimiento. Se trata de una demora regida por leyes naturales, por los ritmos de la temperatura, de la lluvia, o las coordenadas climáticas que invitan a trabajar con el tiempo del material en lugar de la inmediatez.

En Chile, y en particular en la zona costera de la Quinta Región, estamos rodeados de arcilla; la encontramos en quebradas, terrenos no urbanizados y espacios liminales. Resulta curioso que mantengamos una relación tan distante con una materia tan presente. A partir de este dato hicimos recorridos de reconocimiento en su búsqueda, aplicando una aproximación empírica, casi intuitiva, probando distintos tipos de suelo, humedeciendo los terrones y amasándolos con las manos para observar su maleabilidad y elasticidad. Recién entonces comenzamos a trabajar con el material.

La arcilla se humedece, se amasa, se modela, se estira, se alisa, se corta, se une y se deja secar –y una vez seca, puede volver a ser tierra y ser modelada de nuevo. Este ciclo puede repetirse innumerables veces. Solo al ser cocida la pieza se constituye de forma definitiva y adquiere la capacidad de perdurar en el tiempo. Así lo evidencian las colecciones de cerámica que pueblan los museos del mundo, vestigios de culturas que se organizaron y narraron a través de sus artefactos.

Estas experiencias con el suelo y la acción de transformarlo mediante gestos –similares a los enunciados en la famosa “lista de verbos” del escultor Richard Serra–, invitan a pensar el diseño desde un vínculo con el lugar, desde la comprensión de procesos y materiales. Es un modo de hacer que atiende a otros ritmos, donde la materia que se desarrolla y trabaja con lentitud no se opone a la tecnología, más bien se entrelazan en una práctica sensible, atenta y honesta.

Exposición de taller Personas y Territorios, Escuela de Arquitectura y Diseño PUCV.
Producción de objetos por vaciado de pasta cerámica

Referencias

  • Tim Ingold, Making. Londres: Routledge, 2013.
  • Richard Serra, “Verblist”, revista Avalanche, Nueva York, 1971.
  • Vandana Shiva, Monocultures of the Mind. Londres: Zed Books, 1993.

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