Memoria: El Pozo

Jaime Reyes

Diseñador industrial y poeta
Doctor en Diseño por la PUC Rio
Profesor y director del Archivo Histórico José Vial A. de la Escuela de Arquitectura y Diseño PUCV

Excavación con muros de albañilería, 400 × 400 × 400 cm.
Obra de Claudio Girola en colaboración con José Balcells, ubicada en el cementerio de la Ciudad Abierta de Amereida.

Fotografías: Archivo Histórico José Vial A.
de la Escuela de Arquitectura y Diseño PUCV.

La palabra pozo abre dos sentidos. El primero: un hoyo, una concavidad en la tierra cuya profundidad depende de su uso. A los hoyos las cosas caen, desaparecen. El segundo invierte esa lógica: aunque un pozo es, técnicamente, un hoyo, su razón de ser está en traer desde lo profundo algo nuevo: el agua. Un pozo es para la aparición.

Un hoyo traga; un pozo hace brotar.

Fotografías: Archivo Histórico José Vial A.
de la Escuela de Arquitectura y Diseño PUCV.

El pozo en tanto escultura no se erige ni se modela ni se esculpe o talla: se excava. Excavación que nos permite andar lo subterráneo y habitar un hueco. Esta escultura-pozo tiene el cielo abierto; pero, siendo cavidad habitable, es también caverna.

Quienes hemos entrado en su interior percibimos una extrañeza particular. Quizá sea el hecho de entrar en una caverna a cielo abierto; pero es preferible la explicación de José Vial. El efecto se activa en el giro que enlaza el pasillo con la estancia final, no en el recorrido lineal ni en el cubo luminoso en sí. José Vial decía que en ese quiebre “emerge un equívoco, una sorpresa: el punto clave de ese estar dentro en el abandono se da en el codo, giro en derredor de lo yacente; al ir o volver, ese tramo debe adquirir cierta extensión”. Pareciera que un microsegundo de desorientación inaugura el estado de estar dentro: un pliegue espacial que duplica el tiempo.

Fotografías: Archivo Histórico José Vial A.
de la Escuela de Arquitectura y Diseño PUCV.

Las paredes de ladrillo son lo más altas en ese giro: allí es cuando caminamos el nivel más bajo. “Lo sombrío alcanza su mayor intensidad (densidad de lo yacente) en oposición al cubo del vacío, luminoso”, añadía José Vial.

Permítaseme un breve desvío personal. Cada vez que he entrado con otras personas, ya situados en la estancia cúbica bañada de luz, he creído reconocer la caverna ancestral donde una fogata prehistórica concentraba la claridad en una cámara mayor. Como si la estancia escultórica dispusiera, para nosotros, un antiquísimo modo de habitar: reunirnos, narrar, iniciar el mito.

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