Cuatro miradas al suelo en la Ciudad Abierta de Ritoque
A continuación se reúnen cuatro perspectivas basadas en diversas experiencias sobre los matices que ofrece el suelo en la Ciudad Abierta de Ritoque. Las variaciones son abordadas desde el acervo científico, a partir de investigaciones en terreno y resultados empíricos, a un campo de relaciones más sutiles y un tanto imaginarias, donde la memoria cobra un valor privilegiado. Así se inscriben –en orden desde mar a cerro– la anteduna, el conchal, las grandes dunas y la elaboración de un jardín en la quebrada.
Palabras clave: anteduna – conchal – duna – jardín
1 Anteduna de Ritoque, un espacio de dinámicas complejas
Sergio Elórtegui
Biólogo naturalista
Doctor en Ciencias de la Educación por la Pontificia Universidad Católica de Chile

El campo de dunas de Ritoque es un extenso y complejo ecosistema dunario activo en la costa del centro norte de Chile, abastecido de arena por el río Aconcagua, que arrastra sedimentos de origen andino: materiales clásticos, y que luego son impulsados a tierra por la predominancia de los vientos oceánicos que provienen del suroeste.
El campo se organiza en una sucesión formada por tres generaciones de dunas de morfología y edades diferentes, las que han evolucionado desde antiguas épocas geológicas hasta el presente. Respecto a su morfología, vistas desde el mar, se distinguen la anteduna o duna de borde, la depresión interdunaria o médanos, las dunas libres barjanoideas y transversales, y las dunas longitudinales, estabilizadas por vegetación. De todas ellas la anteduna es la más frágil en su ecogeomorfología, por estar sometida a la fuerza oceánica.
Durante el 2023, en el marco de cooperación entre la Corporación Cultural Amereida y Empresas Ferrocarriles del Estado (EFE), un equipo de biólogos, arquitectos y geógrafos iniciamos un estudio para entender estas geoformas en relación a la vida que en ellas se instala con perspectivas aplicadas para reparar los daños históricos acumulados por las diversas faenas ferroviarias. Así descubrimos que cada unidad de paisaje dunar contiene un tipo de vegetación distintivo, una huella digital vegetal, tanto en diversidad como en número y cobertura de especies. La flora no solo es recibida por el sustrato arenoso, sino que ambos interaccionan y generan en diferentes escalas geoformas distinguibles.
La anteduna de Ritoque es la geoforma vegetada que se halla inmediata sobre la línea de alta marea y que construye una franja cuyo espesor en promedio es de 92,3 metros (obtenido con 30 mediciones cada 300 metros), relativamente continua desde el sur de Punta Piedra hasta la playa de Ritoque en Quintero, y solo se discontinúa en el sector del humedal Mantagua. Las arenas movidas por deflación desde la playa se acumulan si existe vegetación que entrabe su desplazamiento, por lo que las plantas desempeñan un papel importante tanto en la formación como en la estabilización natural de la anteduna, la que puede ser erosionada en parte en invierno y reconstruida por los vientos estivales si el sistema está en equilibrio. De este modo la anteduna da origen al psamosere o inicio de la sucesión ecológica sobre arena desde organismos costeros tolerantes a la sal y en disminución progresiva de esa condición hacia el interior.
El lugar es descrito como uno de los más inhóspitos para una comunidad vegetal, con un sustrato pobre en nutrientes, inestable y salino, de modo que pocas especies pueden llegar a colonizarlo, lo que se comprobó mediante el catastro de flora levantado en el marco de este trabajo. La anteduna es de hecho un piso extremadamente pobre en especies vegetales que contiene solo tres especies dominantes: Ambrosia chamissonis, Carpobrotus chilensis y Baccharis macraei.
El primer encuentro obstaculizante del viento y la arena se produce en el espesor de la anteduna, un espacio donde ocurren las primeras dinámicas complejas con la vegetación y donde el viento y la arena son forzados o conducidos. De esta relación surge la arquitectura de la anteduna. Sobre la línea de alta marea se forman corredores de viento marcados, denominados canales de deflación, y flanqueados por islas de vegetación que retienen parte de la arena, al elevarse por sobre los canales de deflación, y contienen el suelo a través de una vasta red de raíces y raicillas.

Las alteraciones de las diferentes geoformas dunares pueden desestabilizar el sustrato y perturbar la ecuación viento-arena-vegetación, acentuando los procesos naturales de desplazamiento hasta hacerlos incontrolables sin un proceso activo de restauración. En el caso particular de la anteduna, si ella es manipulada por remoción, apilamiento o tránsito vehicular, su vegetación desaparece y entra de golpe en el modelo de dunas altas interiores de tipo barján con la formación de una cresta en permanente elevación y desplome, las que son detectables en el terreno.
Recolectar la información de campo nos permitió comprender el alcance de posibles resultados que se pueden dar en un escenario de restauración bajo condiciones de escaso mantenimiento. Es así como la vegetación de la anteduna no se distribuye de forma azarosa, pues posee su propio algoritmo. Para entender este orden vegetal se muestreó aleatoriamente todo el transecto central de la extensión antedunar Punta Piedra-Quintero y se seleccionaron ocho cuadrantes tipo, de 900 metros cuadrados cada uno, para su análisis. En ellos la vegetación se distribuye formando mosaicos con núcleos apretados de vautro (Baccharis macraei), doca (Carpobrotus chilensis) y clonque (Ambrosia chamisonis), que se despliegan en múltiples direcciones con pequeñas islas colonizadoras. Esta matriz vegetal se identifica en cada cuadrante con una fuerte transgresión de corredores de deflación, provocados por una expresión vegetal que divide y disipa gran parte de la energía de los vientos oceánicos: el constante redireccionamiento de la arena aumenta las probabilidades de que parte de ella quede atrapada en el lugar.
Sería imposible establecer paños continuos verdes aun con la vegetación propia del lugar en una iniciativa de tipo paisajística convencional. Esto requeriría de un gran esfuerzo y de una lucha permanente cada vez que la vegetación impusiera de nuevo su orden natural de cobertura y distribución. Por ello es importante entender que una visión reparatoria adecuada para la anteduna se lograría solo con la restauración del orden observado, permitiéndole seguir su decurso natural.



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