Los bailes chinos y el mar

Danilo Petrovich

Antropólogo social y realizador audiovisual
Director del Museo Campesino en Movimiento (Mucam)

Los bailes chinos forman parte de una tradición mestiza de nuestro país que se remonta al siglo XVI. Su cultura, arraigada en el norte y centro de Chile, refleja una relación particular entre naturaleza y sociedad. la danza, música y canto expresan una ferviente devoción a imágenes religiosas desperdigadas en distintos pueblos del país. Las ceremonias de chinos son momentos de solidaridad y trabajo colectivo. Las fiestas dedicadas a san pedro, patrono de los pescadores, abordan, a través del canto de los alféreces, temas dedicados al agua: tragedias marítimas, viajes de navegación, injusticias ambientales, entre otros.

Palabras clave: bailes chinos – religiosidad popular – ritual – patrimonio

De origen mestizo, el inicio de la tradición de los bailes chinos se remonta al siglo XVI, cuando se les denominaba “bailes de indios o de la bandera”. Desde esa época, estos ya veneraban a la Virgen de Andacollo. En los siglos siguientes, con el término de la encomienda, la formación del peonaje libre y el auge de la minería, esta práctica se irradió y asentó paulatinamente hacia el norte y la zona central, con un fuerte arraigo aledaño al curso del río Aconcagua, para el caso de la actual Región de Valparaíso. Para mediados del siglo XIX, en archivos, crónicas, libretas familiares y libros de acta de los propios bailes, hallamos la denominación “chino” como apelativo para identificar, dentro de la incipiente República, este estrato social compuesto principalmente por trabajadores de fundos, campesinos, mineros y pescadores celebrantes de la Virgen y otras imágenes religiosas.

Hoy, estas cofradías de músicos danzantes son conformadas por habitantes de pequeños poblados y caseríos que abarcan un gran número de localidades de la zona costera, del secano y precordillera del norte chico y valle central, así como también algunos pueblos del norte grande. Todos ellos descienden de múltiples grupos sociales y étnicos, y se vinculan históricamente a partir de lazos familiares y vecinales. Los bailes son autónomos y participan de manera colaborativa en festividades en las que se venera una imagen sagrada local que puede ser una virgen, un santo, un niño dios o una cruz.

Chinos a contraluz. Fotografía de Marcos González V.

La devoción popular de sus cultores se expresa a través de la danza, la música y el canto de rogativa con el uso de instrumentos como la flauta, el tambor y, en algunos casos, el bombo. El canto o “romanceo” se ejecuta utilizando formas poéticas provenientes de Europa, como la copla y décima espinela, mientras que las flautas y tambores se hallan asociados a instrumentos prehispánicos. En el baile chino los integrantes se ordenan enfrentados en dos columnas paralelas, por lo general de cinco o más flautas por lado, entre las que se ubican los tamboreros. Delante de ellos, mirando hacia la imagen sagrada, se ubica el alférez a cargo del canto, y al final del grupo se posiciona el bombero, en caso de que la cofradía cuente con él. A la mayoría de los bailes los acompaña un portaestandarte. Los roles dentro de la ejecución “escénica” de los bailes chinos fueron asumidos durante siglos por hombres y desde 1960, se evidenció como tendencia la incorporación de la mujer a la tradición, al inicio como portaestandarte. En la actualidad, ellas forman parte de la fuerza y la renovación de las cofradías, en diferentes puestos dentro de los bailes, incluyendo el de alférez.

Para venerar a sus imágenes patronales, los bailes chinos organizan sus propias ceremonias: las fiestas de chinos. En la Región de Valparaíso, en general, las celebraciones duran un día y se trata de fiestas pequeñas donde participa el baile local y uno o dos bailes invitados. Sin embargo, algunas han crecido y pueden llegar a contar con más de quince bailes invitados, como es el caso de la celebración de San Pedro en la caleta de Loncura, cerca de Quintero. A diferencia de las regiones de Coquimbo y Atacama, en la de Valparaíso no hallamos fiestas de Santuario de gran concurrencia, sino una red inmensa de fiestas familiares locales. Cada una tiene un baile dueño de casa, quienes junto a familias, amigos, la vecindad o el sindicato (para el caso de los pescadores), organizan toda la ceremonia y el recibimiento de las otras agrupaciones. Son momentos de encuentro, trabajo colectivo y solidaridad, donde los bailes se comprometen unos a otros en acompañarse en sus respectivos poblados, creando una red de celebraciones muy intensa durante casi todo el año.

Las prácticas de los bailes chinos definen y simbolizan un territorio propio, marcado por el contexto social y ambiental. Un número significativo de cultores y participantes habitan zonas rurales, en las que se trabaja en la tierra o en el mar. Esta relación directa entre cultura y naturaleza genera que las transformaciones ambientales aceleradas provoquen consecuencias negativas para la continuidad de la tradición. Los territorios que habitan son lugares frágiles, afectados por modelos de desarrollo extractivo de recursos naturales y por efectos del cambio climático, que amenazan su sustentabilidad. Algunos de ellos han sido considerados como “zonas de sacrificio ambiental”, debido a las sequías prolongadas y al agotamiento de la disponibilidad del agua, producto de la agroindustria. Además, de la privación legal en algunas comunidades campesinas que no tienen acceso a derechos de agua, y también de las vulneraciones generadas por industrias contaminantes que impactan el derecho de vivir en un medioambiente libre de contaminación, como es el caso del área que comprende Quintero-Puchuncaví.

En esta última zona, las celebraciones se intensifican en junio con las festividades de San Pedro, santo patrono de los pescadores y del mar, las que se suceden ininterrumpidamente durante los fines de semana de junio y julio en caletas como Higuerillas, Loncura, Ventanas, Maitencillo y otras del litoral central. Por lo común, los cantos que realizan los alféreces para estas ocasiones tienen como concepto general las historias bíblicas relacionadas con la vida de san Pedro o Simón Pedro, como muchas veces los alféreces se refieren cariñosamente a él, y por supuesto, con el mar y el agua como protagonista principal.

Alférez Jaime Cisternas. Fotografía de Manuel Morales R.

Jaime Cisternas, antiguo buzo y pescador, es un alférez reconocido y experimentado que le ha tocado cantar muchas veces en honor al “santo varón galileo”. Nacido en la caleta de Maitencillo, su canto se caracteriza por hilvanar historias sagradas con acontecimientos actuales, denunciando muchas veces las injusticias sociales y ambientales a las que se han visto sometidos los habitantes de esta zona.

Citamos a continuación, un extracto de un verso por el “navío en el cielo”, cantado por Cisternas en la fiesta de san Pedro de la caleta de Loncura en junio del 2019:

El mundo es inmenso mar

nuestra vida es un bajel

hay que navegar por él

para nuestra cuenta dar.

San Alfonso a predicar

bajo el santo cielo vino

se anuncia que corre un río

cristalino y es muy cierto

pa’ llegar a un feliz puerto

y en el cielo hay un navío.

El piloto san Mateo

el que adorna este barquillo

con el faro de más brillo

alumbra el mayor deseo.

En el timón san Tadeo

se dispuso a navegar

que dicha será de llegar

con viento en popa tan suave

y a toda hora esta nave

lista está pa’ navegar.

Un tal Santiago mayor

apóstol muy importante

vigila los tripulantes

con la venia del Señor.

En gran prueba de su amor

san Patricio de primero

san Silvestre de ingeniero

entre dichos tripulantes

de estos santos navegantes

san Juan es el marinero.

El contramaestre Isaías

manda todo en cargamento

como contador atento

el profeta Malaquías.

Aquel mayor Zacarías

con el patriarca de Abraham

de sobrecargo están

son de la antigua comarca

de esta preciosa barca

san Pedro es el capitán.1

Otra función que cumplen los alféreces, portadores de la voz y la palabra dentro de los bailes, es conservar y difundir la memoria y la historia local de los pueblos. En su cantos podemos escuchar rogativas donde se pide por la salud de todos los presentes en las fiestas y también se dirige la palabra para el bienestar de los enfermos y el buen descanso de los recién fallecidos. Muchas veces se canta para pedir por las cosechas y la pesca, para que caiga “el aguacero” y otros tipos de plegarias. En particular, resulta emocionante cuando los alféreces recuerdan a los que ya no están, aunque se mantienen vivos en la palabra y la memoria colectiva popular, detonada por los cantos.

En estas cuartetas, Jaime Cisternas recuerda algunas tragedias marítimas locales relacionadas con las labores de pesca:

Lo dice así mi relato

así lo he sabido yo

donde se perdió el Tolo

y en la isla la embarcación volcó.

Eso lo he sabido yo

y en la caleta se embarque

cinco horas nadó el Chico Pato

pa’ llegar a Punta de Talque.

En la orilla se embarque

con una razón serena

y en la isla lo esperaba

ay, pues, su hermano Berna.

Con una visión moderna

lo digo, pues, muy concreta

y, pues ay, ya son tragedias

pasaron en esta caleta.

De manera muy concreta

y lo digo sin demora

y de recordar al Mincho

se perdió en la albacora.

Lo recuerdo sin demora

desde el comienzo hasta el fin

creo que, pues, él andaba

ay, pues, con el Mamín.

Desde el comienzo hasta el fin

y una tarde tan tibia

también quiero recordar

la tragedia de la jibia.

De una tarde tan tibia

me da pena recordar

adonde el Jaime Elanio

se perdió con el Iván.

Yo los quiero recordar

para mí no es un capricho

y también con ellos iba

ay, pues, el famoso Mincho.

En mi pecho, pues, yo hincho

y al recordar no demoro

y al Iván lo sacó

ay, el famoso Pololo.

Y al recordar no demoro

cantando recuerdo [a los] idos

voy a ir cortando el relato

a lo mejor tan aburridos.2

El agua, como se puede apreciar, es un elemento que nos permite comprender la vida en sus distintas facetas, ya sea como un elemento capaz de conectarnos con nuestras creencias y símbolos sagrados. Es el caso del “navío del cielo” y la devoción de los pescadores a san Pedro, patrono del mar, o como un elemento que tiene la facultad de quitarnos la vida y hacernos desaparecer, lamentable destino de muchos pescadores de nuestro país, así como también de muchas víctimas de la dictadura quienes fueron asesinadas y arrojadas al mar, y todavía se encuentran desaparecidos.

Para finalizar, dejo aquí otro canto realizado el 2014 por Jaime Cisternas en la localidad de El Maqui en Puchuncaví, relacionado con la grave situación que viven hace años los habitantes de esta zona del litoral, debido a la contaminación acumulada desde la década de 1950, cuando se instalaron las primeras industrias mineras, energéticas y químicas en el eje del cordón industrial Quintero-Puchuncaví, que han traído consecuencias gravísimas para la comunidad, que ha visto la migración forzada de sus habitantes hacia otros sectores, la precarización de los oficios tradicionales y la disminución de la calidad de vida producto de la contaminación del ambiente marítimo, terrestre y aéreo de esta zona geográfica.

El corazón me palpita

y en estos lindos parajes

y el baile de Pucalán

te rinde aquí este homenaje.

Que humildemente te traje

que al cantar me da tristeza

de ver a este pueblo de Los Maquis

afectado por la naturaleza.

Al cantar me da tristeza

te pido yo, Cruz, hoy día

que tristeza pues me da

ay, al ver esta sequía.

Yo, pues, le pido al Mesías

y al Hijo del Verdadero

de ver estos campos tristes

ay, que mande un aguacero.

Y al hijo del Verdadero

con toda mi hermanación

yo me pregunto si es la naturaleza

o es, pues, la contaminación.

Les digo de corazón

mis palabras producen eco,

pues yo pienso en Gener

y también pienso en Codelco.

Por eso no desmerezco

a lo largo del camino

que ha matado, pues, estos pueblos

y a todos los campesinos.

El cantar es mi destino

te lo quiero recalcar

yo te estoy haciendo mención

con el baile de Pucalán.

Te lo quiero recalcar

y en mi canto te lo digo

ya no hay arvejas, no hay lentejas

no hay, pues, tabaco ni trigo.

Y en el cantar te lo digo,

te digo con gran(des) dolores

y acuérdate, pues, santo

de todos estos agricultores.

Son grandes, pues, los temores

se secaron los caudales

no hay agua pal’ ser humano

menos pa’ los animales.3

1. Daniel González, Esteban Cisternas y Rafael Contreras (investigación), Marcos González Valdés y Manuel Morales Requena (fotografías), Traigo el murmullo del mar. Jaime Cisternas y el canto social de un alférez de baile chino (Ovalle: Kamayok-Mucam, 2020, p. 26).

2. Ibídem, p. 76.

3. Daniel González, Esteban Cisternas y Rafael Contreras (investigación), Marcos González Valdés (fotografías), El mar está dentro de mí. Loncura, el baile chino y la fiesta de san Pedro (Ovalle: Kamayok- Mucam, 2021, pp. 148-149).

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