Taller de obras entre Venecia y Valparaíso

Jorge Ferrada

Arquitecto
Doctor en Arquitectura por la UPC
Profesor de la Escuela de Arquitectura y Diseño PUCV

Patrizia Montini

Arquitecta
Profesora de Composición Arquitectónica y Urbana en la Universidad IUAV

En octubre de 2022, la escuela de arquitectura y diseño PUCV invitó a la IUAV, con doce estudiantes, a participar en la ronda de construcción de la hospedería del errante, en la Ciudad Abierta, y a colaborar con profesores y estudiantes chilenos en el proyecto de ampliación de ese edificio, en el marco de la primera edición de la plataforma internacional de investigación práctica allí, dirigida por la profesora Patrizia Montini (IUAV) y el profesor Jorge Ferrada (PUCV). a continuación, presentamos un breve resumen y algunas reflexiones de esa experiencia compartida.

Palabras clave: pasantía internacional – arquitectura – paisaje

Al llegar a Chile, estudiantes y profesores de Venecia viajaron en autobús por una zona verde y boscosa entre Santiago y Valparaíso; un paisaje que luego, entre Valparaíso y Concón, se abre a una continua transformación: un desierto de arena, playas rocosas, caminos de tierra batida, un espacio entre el océano y la cordillera de los Andes, donde de pronto aparecen, en palabras de los visitantes, “arquitecturas misteriosas y fascinantes”. Algunas abandonadas o en ruinas, de las que solo quedan los imponentes pilares sobre las dunas; otras en construcción. Un conjunto de obras y estructuras que se interpenetran en una composición insólita, en estrecha correspondencia con la naturaleza del lugar.

Los huéspedes de Venecia, junto a los habitantes de la Ciudad Abierta, comienzan a vivir y a trabajar en la Hospedería del Errante. Desde allí visitan la Hospedería de los Diseños –talleres donde se fabrican los prototipos– y el Pórtico de los Huéspedes –que acoge en rotación a profesores de la universidad y a sus invitados–; se reúnen en la Sala de Música para celebrar el almuerzo con todos los miembros de la comunidad: poetas, artistas, arquitectos y diseñadores; recorren los espacios empedrados y laberínticos del Palacio del Alba y del Ocaso –una especie de umbral abierto a la naturaleza entre el bosque, el océano y la arena–; y comparten momentos de juego, música y fiesta. Pero también se realizan algunos viajes de reconocimiento y experiencias de observación en común; por ejemplo, en las dunas de Concón, por el paseo marítimo de Viña del Mar, serpenteando por las calles y cordones de Valparaíso, deteniéndose a admirar desde cualquier barrio la magnitud del espléndido golfo y el paisaje circundante. Y a descubrir y apropiarse de lugares a través de la observación y el dibujo para fijar el momento actual de una ciudad y un territorio siempre cambiante, donde la frágil construcción está hecha para durar, hasta que silenciosamente desaparece o es reemplazada. Porque el tiempo presente es el destino del trabajo arquitectónico en esta América del Sur, donde lo efímero se vuelve permanente bajo una constante renovación: la temporalidad de la ciudad y sus espacios son parte del proyecto. A través del diseño se establece una fuerte relación con el presente: el ser y el ahora se convierten en las principales herramientas de la acción arquitectónica.

Con dibujos para “liberarse de la esclavitud de las viejas formas”, y guiados por la experiencia de los huéspedes chilenos, se empieza a construir el tercer volumen de la Hospedería del Errante: un espacio de ampliación continua, que demanda abordar climáticamente el techo de la hospederia por un lado, y por otro el recorrido de su entorno. Mientras tanto, cerca de allí, en la Sala de Música, se construía otra obra. Los mismos profesores que se oyeron disertar en las aulas de la Escuela, junto a sus alumnos, levantaban complejas estructuras de madera para delimitar el perímetro de un nuevo gran aulario en la Ciudad Abierta. En esa arena, unos días más tarde, protegidos del implacable sol por lonas tensadas entre columnas y la ayuda de un sombrero sobre sus cabezas, se celebraba el Seminario Internacional “Formación y oficio en Arquitectura y Diseño”, con motivo del 70 aniversario de la Escuela de Arquitectura y Diseño.

El paso del dibujo a la práctica constructiva se produjo con una inmediatez desconocida para los alumnos de Venecia, en una mezcla de esfuerzo, juego e improvisación ligada al uso creativo de los recursos existentes, que llevó a encontrar formas en constante equilibrio con el mundo circundante. En palabras de los italianos: “Nos ayudó a comprender que la materialidad y la concepción constructiva que comparten los edificios de la Ciudad Abierta, forman parte de una actitud enigmática hacia el lugar que no es arbitraria, sino que busca apropiarse de las cualidades esenciales del entorno natural”. El mar, las dunas, la arena funcionan como una especie de tejido sobre el cual se levantan las diferentes obras modeladas por el curso de los vientos y la luz del sol a lo largo del día.

Y poco a poco, los huéspedes pasaron a ser parte de una comunidad y de un proyecto que evoluciona, se modifica y se remodela en un diálogo continuo entre las artes que diseñan, experimentan, manipulan el espacio y la estructura arquitectónica en sentido físico. Setenta años después, el proyecto académico de esta escuela ha dejado de ser una utopía para convertirse en una realidad. La Ciudad Abierta sigue siendo construida por estudiantes, académicos y poetas, y aunque algunas obras han desaparecido y solo quedan sus vestigios, otras están a punto de terminarse e incluso admiten cambios; por ejemplo, la Hospedería del Errante.

La obra se inicia con el material disponible: una donación de una instalación hecha para los niños en una zona de Viña del Mar. Construida con cortinas de colores y asientos de madera, donde los niños podían jugar resguardados de los peligros de la calle y del caluroso sol de octubre. Con esas mismas maderas, se procedió a ensamblar y montar la primera viga –de unos nueve metros de longitud–, dando lugar a la construcción de la nueva cubierta que se colocó sobre el “tercer cubo” de la hospedería. El nuevo techo de la hospedería venía a convertir el techo existente en un cielo, bajando la intensidad de radiación que la antigua cubierta debía soportar. Era necesario pensar uno nuevo que diera sombra y a la vez dejara pasar la luz, permitiendo la circulación del aire para refrescar el lugar. Junto con esta partida se realizó otra que tiene que ver con los terrenos circundantes de la hospedería, y un posible recorrido alrededor que diera continuidad y amplitud para recibir aquello que se aproxima desde la extensión. Se prepara el terreno con las pendientes necesarias, colocando los ladrillos para el pavimento en el lado norte de la hospedería. El pavimento puede verse también como una proyección del interior, que genera un nuevo espacio para estar de pie y envuelve la estructura en una fuerte relación con los escalones, las rampas y los muros de contención.

“El flujo continuo y directo entre el dibujo y la construcción, el trabajo a pie de obra, hizo que la experiencia fuera muy tangible y emocionante. El estudio y análisis de paisajes y edificios a través del croquis me permitió detenerme y apreciar con mayor detalle aspectos muy diferentes de la ciudad, del lugar y del contexto”, cuenta Pietro, uno de los doce estudiantes del IUAV que se desplazaron a la Ciudad Abierta en octubre de 2022. “Mediante el intercambio de tiempo, trabajo e ideas se creó un lugar único para la experimentación, con la investigación poética y formal sobre el material que compone la arquitectura como eje temático”, dice Emma. Este es precisamente el diálogo constante que conduce al proyecto, donde la palabra es el primer vehículo, la estructura inicial que llena el espacio y tiende un puente entre los cuerpos, el medio más poderoso a partir del cual se genera todo el proceso arquitectónico.

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