Proyecto Escaleno
Acción recreativa en la resignificación de una escena
Felipe Aranda
Arquitecto
Cofundador de la Fundación sit.URB
La ciudad se plantea como el soporte escenográfico donde transcurre la vida: una superficie narrativizable según la manera en que los ciudadanos –aquí llamados personajes– establecen representaciones, valoraciones, pensamientos y acciones que dan paso a la construcción social de sus habitus –término desarrollado por pierre bordieu, en base a los cuales los sujetos orientan sus prácticas y su manera de ser. A partir de ello, se propone una reflexión contemporánea de la ciudad y su resignificación recreativa a través de la experiencia de proyecto escaleno, obra diseñada y ejecutada por fundación sit.urb, para fomentar o restaurar aquellas percepciones subjetivas que transitan en los habitus implicados. Esta reflexión se desarrolla a partir de cuatro pilares fundamentales en la formulación de una escena:
¿Dónde están?
¿Qué es lo que pasa?
¿Cuál es el vínculo?
¿Qué están haciendo?
Palabras clave: ciudad – escenografía – recreatividad – obra

Sin los relatos nuevos los barrios quedan desiertos. Por las historias los nuevos lugares se tornan habitables. Habitar es narrativizar. Fomentar o restaurar esa narratividad es, por tanto, una forma de rehabilitación. Hay que despertar a las historias que duermen en las calles y que yacen a veces en un simple nombre […] Son las llaves de la ciudad.
Michel de Certeau

¿Dónde están?
[Relación escenográfica]
Para comprender la dimensión escenográfica de la ciudad contemporánea es inevitable volcar la mirada hacia sus orígenes, desde donde provienen algunos de sus rasgos fundamentales. En un momento inicial, la experiencia de andar y recorrer el espacio bajo una actitud nómada “se convirtió en la primera acción estética que penetró en el territorio del caos, construyendo un orden nuevo sobre cuyas bases se desarrolló la arquitectura de los objetos colocados en él”.1 Esto dio paso al estar bajo la construcción física de sus llenos al alero de una actitud sedentaria, estableciendo un intercambio entre ambas dimensiones.
Desde esta disposición de elementos en el territorio surge una ciudad construida de modo escenográfico, cuya articulación de entidades ha promovido ciertas maneras de interacción entre sus habitantes –personajes–, que llevan a cabo su vida cotidiana de forma individual y colectiva a partir de relaciones de beneficio y cercanía con su entorno. Una relación tan física como simbólica, pues se basa en una cadena de construcciones subjetivas, las que son mediadas por la percepción de los elementos dispuestos en el espacio. Estos establecen una infinidad de correspondencias estéticas frente a la manera en que la ciudad se revela ante ellos.
De este modo, la ciudad se entiende como una escenografía susceptible de narratividades en las que se concreten los habitus colectivos sostenidos en su interior, para que den paso a diversos niveles de conexión en las significaciones de su habitar, creando una simbiosis en constante dinamismo y evolución.

¿Qué es lo que pasa?
[Nomadismo estancado]
Aunque se han desarrollado las primeras ideas respecto a la dimensión escenográfica de la ciudad, surgen algunos cuestionamientos sobre el estado actual de aquella conformación socioespacial. Allí los personajes ejecutan un sistema de relaciones interpersonales, asumiendo que la ciudad ha sido construida de forma artificial para el beneficio y desarrollo de un cuerpo colectivo más que individual. En ello, se percibe una sobreproducción escenográfica del entorno, que en la mayoría de los casos da lugar a la consolidación de espacios segregados de acuerdo a sus usos y prácticas.
Esta segregación ha implicado que el intercambio –entre el ocio nómada y el trabajo sedentario– se realiza en función de sus distancias, consolidando una ciudad planificada por los desplazamientos entre espacios sedentarios, lo que minimiza su nomadismo. Esto tiende al desarrollo de una ciudad utilitaria, con la consecuente pérdida de narratividades sobre su dimensión lúdica, que propicia una disminución de subjetividades, cercanías y eventualidades aleatorias entre los personajes y su escenografía local.
La manera en que la actitud nómada se tomaba el tiempo de interiorizar y significar los paisajes, se ha visto aminorada por la objetivación de la ciudad. Esto afecta las posibilidades de pensar y vivir esa ciudad imaginaria “recreada cada vez que un joven mira sigilosamente la ventana de su vecino; que dos personas cruzan sus miradas en un silencioso vagón de metro; que un niño sale –pelota en mano– a la calle en búsqueda de compañeros de juego; que una señora obedece su intuición y decide alterar el trayecto original de regreso a su casa; o que un hombre o mujer, niño o anciano utilizan, imaginan y dan nombre a sus barrios.”2
Parece indiscutible concluir que estamos en presencia de un nomadismo estancado, en que la dimensión recreativa de nuestras ciudades se ve resignada a las oportunidades, más que a las interacciones propuestas por su escenografía, relegando esta función a los tiempos residuales de la cotidianidad.

¿Cuál es el vínculo?
[Personajes desconectados]
Al reconocer la existencia de un nomadismo estancado en desmedro de una escenografía cuya funcionalidad y utilidad son los principales objetivos de su producción, es evidente una crisis en la manera de vivir, percibir y atribuir significados a los espacios no funcionales. En particular, esto es claro respecto a los espacios públicos y el modo en que los personajes ponen en práctica su capacidad relacional con las otredades, entorpeciendo la posibilidad de encuentros fortuitos fuera de los entornos sedentarios.
Si se asume que la escenografía contemporánea de nuestras ciudades ha dificultado la eventualidad de que acontezcan encuentros significativos, se vislumbra la necesidad de generar instancias que conlleven resignificaciones de los contextos en donde se desenvuelve la vida cotidiana, para fomentar una mayor interacción y sentido de comunidad.
La importancia de esta resignificación radica en el fortalecimiento de las relaciones sociales existentes a partir de la activación de los espacios públicos, con independencia de una mayor funcionalidad urbana. En cierto sentido, esta ha permitido las dinámicas en base a las cuales los personajes han decidido estar, accediendo a un estado de bienestar marcado por el alcance de la vivienda, el trabajo, la salud o la educación.
El restablecimiento de los vínculos busca devolver a los personajes la capacidad de percibir su entorno de forma sensible y darle nuevos significados, que levanten relatos que den sentido a la ciudad desde “la idea […] ese placer de sentidos de que ser citadinos en ese espacio es ser también ciudadano”.3
Así, la idea de bien común se propone desde una obra arquitectónica que se habite en la medida de actos vinculantes, que fortalezcan las redes locales, aumenten la posibilidad de encuentros, creen espacios de expresión y construyan un mayor sentido de pertenencia respecto al lugar donde se vive.


¿Qué están haciendo?
[Proyecto escaleno]
A lo largo de estas líneas reflexionamos en torno a tres puntos que definen la escena urbana: procurar responder al dónde están, en base al alcance relacional de la escenografía que los sostiene; al qué están haciendo, destacando la presencia de un nomadismo fijo; y cuál es el vínculo, en el planteamiento de una desconexión entre sus personajes. Sin embargo, ante la pregunta sobre el hacer, es ineludible considerar la precarización en que se viven los espacios no utilitarios, carentes de identidad y representación. En resumen, la idea de construir espacios comunes se plantea como respuesta, donde la obra arquitectónica se realiza desde un enfoque recreativo y como un acto abierto en constante diálogo entre los personajes y su contexto.

Notas
- Francesco Careri, Walkscapes: El andar como práctica estética (Barcelona: Gustavo Gili, 2013, p. 115).
- Ricardo Green (ed.), Conocer la ciudad: Imaginarios, métodos, cartografías, sentidos (Talca: Bifurcaciones, 2018, p. 78).
- Angelique Trachana, Urbe Ludens (Asturias: Trea, 2014, p. 80).