La arquitectura es demasiado lenta
María Dolores Yáñez
Arquitecta
Profesora de la UNAB
Pablo Hormazábal
Arquitecto. Magíster en Arquitectura por la PUC
Profesor de la UNAB
Este texto desarrolla de manera breve un sentir tras una década de práctica de la arquitectura, acerca del paso del tiempo en la disciplina y cómo debemos maniobrar mientras nos sucede. Porque el paso del tiempo, si en algo es indiscutible, es que independiente de lo que uno haga solo al padecerlo lo medimos: lo que nos parece rápido o lento dependerá de los años vividos y nuestra percepción estará teñida de ello. de esta manera, la distancia entre el encargo y la obra implica un lapso, a veces tan amplio, que no hay tiempo para realizarlo. Se está a contrapelo de lo inmediato quizá hoy más que antes: la arquitectura es demasiado lenta.
Palabras clave: tiempo – disciplina – necesidad – cuidado
En 2005, el fotógrafo Steve Pyke retrató a Rem Koolhaas, de aproximadamente 60 años, parapetado tras el cristal ondulado de los ventanales del auditorio de la Casa da Música en Oporto en actitud de protesta, sosteniendo entre sus manos varios pliegos en los que se lee, en mayúsculas, la sentencia: ARCHITECTURE IS TO SLOW, explicada en uno de los párrafos del perfil del arquitecto elaborado para The New Yorker, que entendemos motivó esta fotografía.
Una de las máximas favoritas de Koolhaas en estos días es “La arquitectura es demasiado lenta”. Toma de cinco a siete años para que uno de sus modelos de espuma se convierta en un edificio terminado; en ese momento, cree Koolhaas, las ideas que hicieron del diseño “una respuesta cultural” a menudo se han vuelto obsoletas. (Imagínese, me sugirió, si todas las películas estrenadas este año hubieran sido filmadas en 1998). Toda la arquitectura nueva, según esta lógica, ya es vieja. “Esta es una de las muchas razones por las que habito una profesión dolorosa”, dijo.1
Quisiéramos creer que Koolhaas, con esta imagen, insiste sobre una reflexión sostenida antes por Cedric Price y recogida en el libro Re: CP –editado por el crítico Hans-Ulrich Obrist, en el que Koolhaas participó–, donde lo “lento” de la arquitectura hace referencia al tiempo que transcurre con demora entre el momento del anhelo que gatilla un proyecto y la obra terminada, habitada. Una suerte de destino anacrónico entre lo que hace que el edificio sea y lo que el edificio es. Cuestión más práctica que teórica, tal como señala Price: “Esa es otra regla para toda la naturaleza de la arquitectura: debe crear nuevos apetitos, nuevas hambres, no resolver problemas, la arquitectura es demasiado lenta para resolver problemas”.2
Esta sensación nos hizo sentido, quedó rondando y apareció más tarde cuando nos invitaron como dupla a dictar un taller de primer año de arquitectura. Teníamos que decidir qué íbamos a decir y decidimos contar la parte dura, dolorosa. Frente a un puñado de jóvenes que se iniciaban expectantes en la disciplina, nosotros les soltábamos esa imagen. Luego, tras compartirles las reflexiones de Koolhaas y Price, les explicamos que no teníamos idea en qué estaría la disciplina una vez que ellos fueran arquitectas y arquitectos. Quizá para ese momento todas las respuestas a las preguntas que hoy se plantearan en sus ejercicios proyectuales serían otras. Así que más que atender a soluciones, debíamos poner atención a las interrogantes y si estas resistirían o no el pasar del tiempo.
Porque desde que somos estudiantes nos dejamos seducir por ejercicios tan imaginarios como insistentes por resolver. Aunque debemos dar respuestas, la ocasión de un proyecto tiene otros cuidados y tan solo dos maneras de ocurrir: que alguien te lo encargue porque tiene la necesidad de él o que tú crees su necesidad en alguien. Siempre se trata de una necesidad. Y no toda necesidad tiene una respuesta disciplinar; por ejemplo, el hecho de que la arquitectura no resolverá el hambre en el planeta. Es por esto que instintivamente ponemos sobre la mesa requerimientos que nos parecen vitales y urgentes, que en su apremio nos permitan poner condiciones, demandar recursos e incluso dejar a nuestro favor el tiempo y extenderlo. Ser lentos porque hay que serlo, aunque no halla espacio para ello… vaya contradicción. Sobre esta idea, la arquitecta Marina Waisman nos advertía en los años ochenta que las tendencias internacionales que fueron seguidas por arrastre en nuestra región nos obligaron, a pesar de ser países sin una sociedad moderna, a abrazar la arquitectura moderna, y sin ser una sociedad postindustrial, a amparar una arquitectura posmoderna. Ese descalce con el mundo desarrollado fue para Waisman la oportunidad de una interpretación que evidenciara una mirada hacia dentro desde dentro. La necesidad del subdesarrollo por construir su realidad desarrollada con la vitalidad de sus propias urgencias. Hay que considerar que sus palabras se dan en la lectura del ensayo de Kenneth Frampton “Hacia un regionalismo crítico”, en el que Waisman llamaría a no resistir, sino a divergir,3 pues esta acción deja de frente al propio futuro. Entonces, tal como somos lentos, también podemos anticipar.
Si la cultura posmoderna representó un golpe para el mundo desarrollado y sus ilusiones de total ecumenismo, asimismo fue un grave suceso para el mundo latinoamericano: arrojado a una cruda realidad, descubrió que su camino hacia el progreso es cada vez más lento, que la brecha entre realidad y aspiraciones es cada vez más profunda.4
La necesidad es puro presente y no desaparece hasta que al final es saciada. Mientras tanto se puede convertirla en un requisito disciplinar, estresarla con maniobras y operaciones proyectuales, programar y testear resultados, instalarla en el futuro. Ahí radica la ventaja del ejercicio académico que es pura anticipación, y será más o menos vital si se atiende a necesidades más o menos urgentes. Creemos que esto es un asunto por sobre todo programático, que aparece a través de artefactos, elementos y recintos en un edificio proyectado.
Por lo pronto, se trata de no desatender lo que ocurre y anticipar, tomar la delantera, aunque lleguemos “generalmente tarde”.5 Cuando los estudiantes comprendieron esto argumentaron desde las preguntas y no desde las respuestas, volviendo a mirar más allá de lo disciplinar, la vida misma, y como sospechó Waisman, intuyeron una mirada propia sobre las crisis que les preocupan en las que tener algo que decir. Porque las crisis por definición gatillan un cambio futuro, incluso en la confusión de la angustia que las suscita. Al tener opinión acerca de lo que vendrá se quiere que esta sea oída por otros; entonces se atiende al otro y aun siendo lentos, este comprende que sus anhelos están presentes, que no han sido abandonados. Desde esa perspectiva la arquitectura es una disciplina en que toda dificultad obliga al cuidado de unos y de otros, de un nosotros interdependiente entre quienes tienen necesidades y quienes las satisfacen. Somos frágiles en muchos ámbitos, y es esa fragilidad la que reclama el resguardo de un interior edificado, la que nos define en nuestra domesticidad, de darnos casa. Problemas estructurales todavía no resueltos, como la pobreza, la desigualdad, las minorías excluidas, las tensiones migratorias, la transgresión de derechos, los desastres climáticos, son evidentes y no hay respuestas disciplinares aparentes para ello, lo que nos distancia de la sociedad. Cada ejercicio académico, por su velocidad, puede ser una oportunidad para anticipar. Entonces hay que abrir nuestros encargos, correcciones y entregas a los otros, a que nos confíen sus necesidades, a que nos permitan hacer las preguntas de cuidado, a hacer de videntes. Si los arquitectos aquí mencionados claman, la arquitecta citada celebra la ocasión de proyectar en la necesidad y así… ¡divergir!

Notas
- “One of Koolhaas’s favorite maxims these days is ‘Architecture is too slow’. It takes five to seven years for one of his foam models to become a finished building; by that time, Koolhaas believes, the ideas that made the design ‘a response to the culture’ have often grown stale. (Imagine, he suggested to me, if every movie released this year had been filmed in 1998.) All new architecture, by this logic, is already old. ‘This is one of many reasons that I inhabit a painful profession’, he said.” En Intelligent Design. Can Rem Koolhaas kill the skyscraper? En la web oficial The New Yorker, acceso el 15 de mayo del 2023, https://www.newyorker.com/magazine/2005/03/14/intelligent-design
- “So that is another rule for the whole nature of architecture: it must create new appetites, new hungers-not solve problems, architecture is too slow to solve problems”. Cedric Price, Re: CP (Basel: Birkhäuser, 2003, p. 57).
- “Resistir es mantener una situación, crearse un propio enclave en el sistema para no ser absorbido por él. Divergir es, en cambio, salirse del sistema, dejar de lado sus estructuras para buscar nuevos caminos. La resistencia no implica un proyecto futuro; la divergencia es un proyecto futuro, por difícil o improbable que este se presente. Resistir es permanecer, defender lo que se es. Divergir es desarrollar, a partir de lo que se es, lo que puede llegar a ser”. Marina Waisman, “Las corrientes posmodernas vistas desde América Latina”, Summa, 261 (1989).
- Marina Waisman, ídem.
- “Condiciones o fenómenos que permanecían fuera de la disciplina hasta que, en algún momento, generalmente tarde, algún arquitecto planteaba que no se los podía continuar ignorando y los utilizaba a su favor”. Entrevista a Enrique Walker, por Beatriz Coeffé, Juan Pablo Urrutia, Joaquín González, “Descubriendo lo extraordinario en lo ordinario”, en Lo común y corriente, Paula Monroy y Beatriz Coeffé, eds. (Santiago de Chile: Fundación Espacio y Desarrollo, 2019, p. 75).
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