Editorial N°14

70 años, 70 recuerdos

Catalina Porzio de Angelis

Diseñadora Gráfica y Editora
Escuela de Arquitectura y Diseño PUCV

Una tarde de julio nos reunimos como siempre en la oficina del taller de ediciones para discutir el nuevo número de esta revista, y de a poco se fue colando la posibilidad de suspender la línea editorial que veníamos desarrollando para sumarnos a la celebración de los 70 años de fundación de la Escuela. De pronto surgió una idea que nos entusiasmó a pesar de parecernos ambiciosa, por el tiempo que teníamos para llevarla a cabo: convocar tantos testimonios como años se celebraban.


Con este punto de partida extendimos una invitación lo más abierta posible, pensando que «la escuela» no se define tan solo por sus profesores y estudiantes, sino que obedece a un organismo más complejo, atravesado por cientos de experiencias igual de válidas. Abandonar esa rigidez de pensarla en dos bloques, nos hizo considerar que un cuerpo vivo es afectado y modificado por todo aquello que lo roza y todo aquello que lo mira, incitándonos a incluir voces que la transitaron desde distintos ángulos y por períodos de diversa envergadura.
El ejercicio de particularizar la memoria, desmenuzándola en pequeños fragmentos, tiene su contracara: por describir una ola corremos el riesgo de perder de vista la marea. Si bien las formas de contar una misma historia son infinitas según los hilos de la trama que se elija seguir, decidimos tomar el camino de lo múltiple que desencadena el espacio colectivo. En un campo de la misma extensión para todos y con la única regla de ceñirse a un año determinado, dejamos en libertad la elección de cada uno para desarrollar un campo de relaciones personales.


La memoria es siempre un asunto brumoso que cada vez que elaboramos corregimos, acomodamos, y en buenas cuentas ficcionamos: no mintiendo, sino creando una realidad. Lidiar con la imposibilidad del recuerdo abre lugares inesperados. Por eso aceptamos la veracidad de cada relato sin echar mano de la práctica policial que es la corroboración de datos. Puede pasar que el lector de estas páginas detecte imprecisiones, no importa; no son relevantes ante la generosidad de quienes se aventuraron a escudriñar en sus propias vivencias para devolvernos una imagen hecha de invocaciones que reverberan como los círculos concéntricos que dibuja una piedra cuando impacta en el agua.


Se me ocurre que una escuela de arquitectura y diseño como la nuestra tiene algo de pequeña ciudad, y en este sentido la reflexión que hace poco leí de Pamuk sobre Estambul resulta muy luminosa: «Lo que hace especial a una ciudad no son solo su topografía ni las apariencias concretas de edificios y personas, la mayor parte de las veces creadas a partir de casualidades, sino los recuerdos que ha ido reuniendo la gente que, como yo, ha vivido cincuenta años en las mismas calles, las letras, los colores, las imágenes y la consistencia de las casualidades ocultas o expresas, que es lo que mantiene todo unido».


Esta definición hace verosímil el palimpsesto del que somos parte: aunque ignoremos tantos hechos ocurridos en la densidad de siete décadas, es perfectamente plausible que los de acá y los de allá nos hayamos podido encontrar en alguno de los patios de esta escuela con una marraqueta entre las manos.

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