Visita al Pabellón de Serpentine Galleries

Londres, Junio 2017

Patricio Cáraves

Arquitecto
Doctor Universidad Politécnica de Cataluña
Profesor e[ad] PUCV

Se trata de una obra de arquitectura construida en el Kensigton Park, Londres, dentro de la ciudad. Obra que se ha erigido, proyectado, eligiendo materiales para dar con un espacio que conforma una atmósfera, la que permite una detención al paso sin dejar de estar “lo parque del parque”. Construcción que hace comparecer un espacio habitable con levedad.

Palabras clave: pasear, detenerse al paso, ver y levedad.

“(…) solo los jóvenes que aún no se hacen cargo de la germinación de la tierra pueden desvelarse con la luz de las estrellas cuando levemente acostados sobre cueros (…) única prenda que se admite (…) duermen allá cordillera adentro”. (Amereida)

Pabellón Serpentine, Kensington Gardens, London. Francis Kéré arquitecto 2017
Un umbral leve; da paso al paso del que pasea.

Se encuentra ubicado al interior del Kensigton Park. A él se llega caminando por entre el extenso parque, yendo bajo las grandes copas de incontables árboles desarrollados en su máximo tamaño, los que dejan entrever el cielo de Londres a través de las altas ventanas.

Caminando, un ir que pasea en la confianza de la continuidad del suelo, realidad que permite dejar que los pies vayan y, uno ocuparse de ver, dejar que los ojos vaguen sin encontrar obstáculo que los detenga ni los limite, ni que sean atrapados. Vagar de la vista; un ir sin interrupción. Así, todo lo que se presenta, lo hace al paso, conforma el acto del paseo. Este ver se distingue del ver del que sale a observar, o del ver del científico que con o sin instrumento ve deteniéndose o detenido como el cazador; máxima a-tención, mínima distracción.

De este modo pasear es sin una meta a cumplir, es el canto a la pura y sola distracción. Bien, en este vagar distraído, en el que los ojos van en un posar y saltar permanente, transmiten los colores, las texturas, las lejanías y se aprecian los aromas junto al valor del silencio. Todo, como yendo, sin notar donde está el inicio, el primer árbol, el primer canto de ave, o de dónde proviene el aroma de las flores.

Ahora bien, como el arquitecto es quien junto con habitar-usar la ciudad, también es quien la construye, debe reparar en la estructura y orden del espacio que hace posible las descripción narrada anteriormente: suelo horizontal y continuo, sobre él una trama cuadrada de 15 m aprox. Fija la plantación de los árboles, ninguno frutal, de follajes de gran envergadura y troncos despejados. Sobre este suelo de extensa perspectiva va el trazado libre de senderos y caminos, los que no interrumpen el prado que todo lo cubre, como las arenas junto al mar.

Una vez llegado al sitio donde se ubica el Pabellón, se ofrece la posibilidad de antes de ingresar, informarse leyendo en un plano los textos que relatan desde la historia, el sentido de esta construcción que se renueva anualmente. La directora de la Galería, cada año, elige en la arquitectura mundial a un arquitecto sobresaliente y le ofrece proyectar y construir el pabellón. Aquí están los datos:

  • 2000  Zaha Hadid
  • 2001 Daniel Libeskind
  • 2002 Toyo Ito &Cecil Balmond
  • 2003 Oscar Niemeyer
  • 2004 MVRDV, proyecto no se construyó. Cerro artificial, exedía el presupuesto.
  • 2005 Álvaro Siza & Eduardo Souto de Moura &Cecil Balmond,
  • 2006 Rem Koolhaas &cecil Balmond
  • 2007 Olafur Eliasson &Kjetil Thorsen
  • 2008 Frank Gehry
  • 2009 Kazuyo Sejima & Ryue Nishizawa del estudio SANAA
  • 2010 Jean Nouvel
  • 2011 Peter Zumthor METALOCUS
  • 2012 Herzog & de Meuron & Ai Weiwei
  • 2013 Sou Fujimoto
  • 2014 Smilan Radic
  • 2015 Selgascano
  • 2016 Bjarke Ingels Group
  • 2017 Francis Kéré
Esquemas de corte. Los módulos van alternados en la cara exterior.
Esquema de corte transversal. Francis Kéré arquitecto. Pabellón Serpentine 2017.

Al acceder al pabellón recientemente inaugurado –proyecto del arquitecto Francis Kéré, (1965, Gando, Burkina Faso, África Central)– que parece posado sobre el césped de un jardín de la casa de exposición permanente (casa del té),  lo primero que uno aprecia es la construcción de elementos sueltos, y no la presencia de un cuerpo monolítico. Aquí, los visitantes son invitados a detenerse bajo una sombra, mejor dicho, bajo una umbra, que lejos de impedir ver el cielo acompaña a la pupila para apreciarlo, con todos los tonos y matices de ese cielo tan presente, potente y cambiante de Londres. Junto con guardarse de los vientos, no por muros sólidos sino por un muro-biombo, con transparencia y al par luminoso, levemente posado en el suelo, alcanzando una altura de un 1,80 m –a escala humana– para dejar libre la vista, que se eleva y así aprecia el cielo construido; un elemento achurado con listones de pino insigne, en un orden que sigue la directriz del radio que intenta llegar a cubrir el perímetro.

Entre ambos, el perfil del muro-biombo y perímetro del cielo-techo, se configura la ventana al cielo de la ciudad. De esta forma pasa el aire exterior por el interior conformando un clima templado que los visitantes aprecian, y en esa atmósfera deambulan, conversan, se sonríen y permanecen. Está presente la “alegría de vivir”.

En este detenerse uno repara en el orden constructivo. Así, el círculo y el triángulo son el lenguaje geométrico o el sustrato desde el que ha emergido todo este pensar-construir que valora lo elemental, como es el módulo, como también la luz/iluminación; realidades espaciales que se aprecian al dibujar la obra. Tanto los muros como el cielo tienen espesor espacial, “modenatura”, diría Le Corbusier. Es una obra dibujada y dibujable.

Por fuera del recinto: exterior-exterior. Un muro recto , que con un leve giro, lo estructura y al par arma el espacio templado al exterior-exterior, complementando el ruedo sombreado, con el par de árboles que generan la sombra natural. Así, aquí reúne sombra (natural) con umbra (artificial).
Espacio aireado, luminoso. Construcción leve, no monolítico: elementos vinculados: trozos de pino insigne 2” pintados de azul ultramar. Cielo: tamiz pino insigne 1×2” cepillado, bajo placas de policarbonato. Estructura metálica de fierro. Cuadrado, pintado color aluminio. Suelo círculo de radier afinado. El centro desplazado, de cielo abierto, suelo de gravilla.o el ruedo sombreado, con el par de árboles que generan la sombra natural. Así, aquí reúne sombra (natural) con umbra (artificial).
Un muro-zócalo, serpentea y arma, articula
con curvas recintos distintos bajo el mismo
cielo, dando forma a aberturas que son
entradas y/o salidas.
Este muro-tabique complementa al jardín y, al
par, es respaldo del interior. Así, lo leve es con doble
valor en lo elemental.
Al centro una abertura, levemente descentrada.
Impluvium. Este otorga las distancias de
aproximación, que permiten el saludo, en este
interior al aire libre.
El lugar es un remanso, quietud. Una sombra que ampara y da lugar a la reunión de varias personas en diversos grupos, todos inmersos en un aire festivo, al modo del estar en las arenas de la playa. Interior y exterior, todo con la riqueza del estar holgado al aire libre, lo que se ve en las variadas posturas, sin perder decoro.

El suelo, un círculo (12 m aprox. de diámetro) conformado por un radier afinado color cemento, que se interrumpe para dejar espacio a unas zanjas cubiertas con gravilla sobre las que se posan los muros-biombo, siguiendo curvas, que junto con estructurarlos y darles estabilidad, arman los recorridos. Dejando al centro, desplazado, un círculo poligonal que es el impluvium, ventana al cielo que permite ver su color azul y el blanco de las nubes que viajan a merced de los vientos.

Recapitulando, podemos decir que esta edificación abierta está conformada por tres elementos independientes: 1. techo-cielo, 2. muros-biombo y 3. suelo.

Tanto las plantas de techo-cielo y la de suelo son circulares y no coinciden. Al centro, desplazado, se dejó un círculo menor a cielo abierto y en el suelo se interrumpe el radier para llenarlo con gravilla (drenaje). El techo es sostenido mediante pilares de estructura metálica, ensamblados con vigas metálicas, dispuestos radialmente. Cubierta de policarbonato alveolar. Y, bajo esta, un cielo de círculos concéntricos construidos con listones de pino insigne de 1”x 2”. Sobre el suelo, tres muros-biombo (1.80 m de h) dispuestos siguiendo un trazado sinuoso. Conformados con triángulos equiláteros alternados, construidos con piezas hechas con trozos de pino insigne de 10 x 10 x 15 cm al modo de ladrillos, pintados de azul (azul de Prusia). Estas piezas ensambladas armando triángulos equiláteros que en hileras se van invirtiendo. Así, conforman el muro-biombo que construye el espacio interior y al par el exterior. Es de notar el cuidado que el trazado de uno de estos muros hizo para realzar la presencia de un árbol (paulonia) existente, y en conjunto recibir la sombra y contemplar el jardín y más allá el parque.

En el interior, junto a uno de los accesos, acoge a un pequeño stand de bebidas, café y galletas. En el muro-biombo, opuesto al del recinto del árbol, ubicó un refalín al modo de un parapeto.

Todo concebido y construido en coherencia con lo que define el arquitecto Francis Kéré, como “radically simple”.

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Boris Ivelic