Unidades Mínimas de Educación Preescolar

Extensión del aula de la primera infancia hacia un espacio público de estimulación temprana

Rodrigo Saavedra

Arquitecto
Doctor Universidad Politécnica de Cataluña
Profesor e[ad] PUCV

Filippa Massa

Arquitecta
Profesora ayudante e[ad] PUCV

El propósito de este escrito es presentar un proyecto arquitectónico de unidad mínima preescolar, explorando el vínculo entre interior y exterior existente entre un Centro Educativo Cultural de Infancia con un espacio público de estimulación temprana. Se estudia la continuidad y extensión del interior en el exterior.
Los Centros Educativos Culturales de Infancia (CECI), son unidades educativas preescolares administradas por JUNJI, con el objetivo de apoyar a la formación y cuidado de niño/as de la primera infancia en sectores vulnerables. Los espacios públicos de estimulación temprana son gestionados por MIDESO y administrados por los municipios, ambos espacios están destinados al estímulo de la primera infancia; el proyecto que se presenta construye una relación entre ambos espacios explorando la extensión del aula hacia el espacio público.

Palabras clave: aula, espacio lúdico, JUNJI y espacio de aprendizaje.

Javiera Castro, “Aula contemplación distintiva”.

Observar, nombrar, abstraer y expresar, los cuatro elementos que guiaron el transcurso del taller del acto y el vacío, tamaño arquitectónico del interior, en la búsqueda del entendimiento y desarrollo de la Unidad mínima de educación preescolar.

El proyecto se origina en un estudio a través de la observación, de un espacio lúdico de estimulación temprana ubicado en el cerro Placeres en Valparaíso, en la plaza La Conquista, un caso de estudio en el contexto de un FONDART1 sobre espacios lúdicos infantiles realizado durante el año 2018.

Este proyecto permitió acceso a una de las obras referenciales para insertarse y comenzar a aprender en la habilitación del espacio público para la educación, el juego y la salud, dando un primer paso a la comprensión del tamaño arquitectónico pensado para un habitante objetivo y con necesidades muy específicas.

Las primeras jornadas de observación derivaron al estudio de la luz y su incidencia en el espacio, donde su uso o cualidades permiten la exposición máxima del vacío construido. A través de lo observado, los alumnos proponen y nombran la sombra lúdica, una primera intervención para el vacío lúdico de La Conquista. La complejidad de este trabajo es la abstracción, es decir, crear un vacío que tuviera una luz interior acorde a lo observado y nombrado, como a la vez, hacer aparecer una sombra proyectada en el vacío en el cual se posa el proyecto.

Tras la entrega de la sombra lúdica, se da paso a un trabajo grupal, el diseño y construcción de las ventanas del color. Estos módulos son diseñados y construidos por los mismos alumnos del taller con el fin de crear un cielo colorido, el cual protege al infante que juega dentro del vacío lúdico. Esta serie de trabajos luminosos, construyen y estimulan el área cognitiva y del lenguaje, a través del movimiento y diferenciación de los colores (amarillo, azul, rojo y verde) por parte de los niños y niñas.

Paula Castro, “Aula dualidad en el ritmo del andar”.
Intervención ventanas del color Plaza La Conquista.
Ivanna Badilla , “Aula exploración mediante familiarización”.

Una vez comprendida la importancia de la luz del espacio, se comienza a profundizar en aquellas dimensiones que acercará y preparará al alumno a proyectar un espacio apto para el infante. Para comprender la importancia de la propuesta de una envolvente, se dio inicio a la elaboración del vacío del aprendizaje, este espacio, apto para el adulto pero en función al niño, debía, a través de su forma y color, generar una instancia de aprendizaje a través de la guía del adulto, siempre a través del juego. Este espacio, además debía estar vinculado al espacio público, abriendo el desafío de reunir su teoría arquitectónica con la realidad del espacio escogido y el contexto cultural.

Catalina Álvarez, “Aula exploración
en traspaso lumínico contenido.
Catalina Vega, “Aula contemplar pleno”.

“Unidades mínimas de educación preescolar: extensión del aula de la primera infancia hacia un espacio público de estimulación temprana”,

es un proyecto con el propósito de crear el vacío del aula de un Centro Educativo Cultural de Infancia (CECI) y en continuidad a este vacío proyectar un espacio público infantil en su entorno inmediato.

Los Centros Educativos Culturales de Infancia, son unidades educativas mínimas dedicadas a la etapa preescolar y son administrados por JUNJI, su objetivo es apoyar a la formación y cuidado de niños y niñas de la primera infancia en sectores vulnerables, principalmente de familias ingresadas al Sistema Intersectorial de Protección Social (Ley 20.379).

Son espacios de aprendizaje alternativos a un jardín infantil formal, asisten niños y niñas de 2 a 5 años y desarrollan actividades de aprendizaje enfocadas desde lo cultural y funcionan principalmente en una sala, que por lo general es prestada por alguna Junta vecinal o club deportivo.

Los Centros Educativos Culturales de Infancia escogidos para el estudio son tres: “Bajitos de San Alfonso” en Limache, donde asisten 18 niños; “Pequeños Molinos” en Villa Alemana, donde asisten 20 niños, y “Manitos a la Obra” en Viña del Mar, con asistencia de 20 niños también.

La unidad mínima preescolar programáticamente contiene todas las áreas de un espacio educativo, es decir, área de docencia, área de servicios y área administrativa, en nuestro caso nos enfocamos en el área docente, en el vacío del aula, y en continuidad y extensión del aula proyectar un espacio lúdico que sea público, un aula al aire libre que complemente el aula en su exterior, construyendo la extensión del Centro hacia el espacio público, para que el aprendizaje que se da en el interior del aula tenga la posibilidad de continuar en el exterior, con un fuerte enfoque en actividades dedicadas a la estimulación temprana de niños y niñas con rezago en algún área de su desarrollo; física (habilidades motoras), cognoscitivas, de lenguaje y socioemocional.

Marcos Leal, “Aula zócalo lúdico”.
Esteban Aguilera, “Jardín de cielo variado vinculante”.
José Mercado, “Jardín envolvente rítmica”.

La estimulación temprana de dichas áreas contribuye al desarrollo y formación de niños y niñas entre 0 y 4 años de edad. Una estimulación oportuna contribuye a una apropiada sociabilidad en niños mayores y adolescentes, por lo cual este proyecto, al ubicarse en un sector vulnerable en términos globales, contribuye a la superación de la pobreza.

Que la arquitectura sea un medio didáctico es una necesidad en contextos socialmente vulnerables donde lo comunitario debiera cobrar una mayor significación, pues es en esos espacios donde se pueden superar inequidades.

La referencia del proyecto FONDART antes citado construyó un vacío lúdico que arrojó cuatro cualidades:

  1. Dar cabida a la sociabilidad entre niños y quienes los acompañan.
  2. La forma como mímesis espacial, es decir algo que se parece a otra cosa, la nominación particular en cada caso.
  3. La flexibilidad y adaptabilidad del vacío.
  4. El color como signo de estimulación. El color juega un rol importante a la hora de dar significado (símbolo) al juego, permitiendo que se reconozca la obra como vacío lúdico para niños, siendo éstos los que lo nombran y se sienten atraídos por él.

Esas cuatro cualidades se vuelven condiciones para los espacios exteriores propuestos por los estudiantes.

Catalina Aninat, “Jardín ronda educativa”.
Horacio Ritter, “Jardín bosque circundante”.
Marco García, “Jardín medialuna resguardante”.
Margarita Ramírez, “Jardín feria fragmentada”.

Otro aspecto relevante del caso es el vínculo entre los proyectos de Habilitación de Espacios Públicos Infantiles de estimulación temprana MIDESO y los proyectos de Jardines Infantiles de JUNJI. La idea es que se conozcan los espacios de estimulación temprana por parte de JUNJI para que los incorporen en sus diseños de Jardines Infantiles. El diálogo entre las instituciones se puede promover desde la Universidad.

El logro formativo de este taller es la creación de un vacío arquitectónico comprendiendo que el tamaño de un interior responde a un acto arquitectónico concreto, observable, e imaginable. Originando la relación vacío-límites en un campo espacial, comprender que el lugar es un campo espacial, tal como lo es cubo.

Llegar al proyecto desde el campo espacial arrojará siempre un nuevo vacío. La forma nueva inagotable, ocasión de un “incesante volver a no saber”.

Imágenes

Taller del acto y el vacío: tamaño arquitectónico del interior, 1° Semestre 2019.

Nota

  1. Refiguración de un vacío lúdico: Observar y transformar la habitabilidad de un espacio público de estimulación para la primera infancia.

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