Memoria: Nota para Godofredo Iommi
Alberto Cruz
Arquitecto
Nota leída para el funeral de Godofredo Iommi M. en el acto de homenaje de la Escuela de Arquitectura y Diseño PUCV y la Ciudad Abierta de Amereida; enero 2001.

Repito ahora lo que tan a menudo le repetía durante medio siglo: que él en su quehacer de poemas, de lecturas, de actos, de Phalènes, de Travesías, de clases, de videos, de artículos para revistas: que en su casa primera en Santiago, en Viña del Mar, en la Ciudad Abierta, largamente en Paris, en Río Janeiro; que en nuestras conversaciones, resoluciones, proyectos, ejecuciones: iba en la lengua y nosotros –yo mismo– en los lenguajes, de suerte que cuando su voz se había ido, nosotros los arquitectos comenzábamos a colocar la primera piedra y ello cual un inapelable tiempo de destiempo; el cual a la larga vino a hacemos caer en la cuenta que el lanzarse a la zozobra le pertenecía a él, caída en cuenta que nos ha venido a llenar de algo, que para nosotros, hemos llamado la melancolía y que por cierto no es nostalgia alguna sino que un pulso creativo arquitectónico: que oyendo a Amereida y su saludo a lo vasto nos tengamos por estar yendo en el saludo, al cual le es otorgado el atribuir. El saludante atribuye algo al saludado. Así le atribuimos a su quehacer de la voz poética un sentido de contemporaneidad. Bien parece que él iba desatando tal sentido, tales suertes de melancolía en los que van con los lenguajes –me repito a hora a mí mismo– mientras coloco primeras piedras de obras que en arquitectura repiten puertas, ventanas.
