Memoria: Texto para una exposición
Godofredo Iommi
Texto tomado del catálogo para la exposición de Caudio Girola en Buenos Aires, 1970.
La “destrucción” del arte es ajena al arte (poiesis) como destrucción. Aquí, “destruir” es dar lugar –genuinamente piedad o incesante sístole–diástole del riesgo. La “destrucción del arte” es una receta semejante a las del arte romántico, barroco, cristiano, etc., etc. No implica un ethos –como pretende– es una etiquetería para el consumo comercial, profesoril o pan para críticos profesionales o consumo dicho ideológico. No hay caos y cosmos. El caos es cosmos o no hay cosmos, sencillamente. Pero este, sencillamente es abismante. Pensar a base de pares contradictorios fue fecundo. La poiesis desde hace ya casi un siglo no puede “ver” más con esos ojos (uno negro y otro blanco para una vista gris sintética).

Por eso ha vuelto confín su materia. El vaivén de las olas en las arenas no se da como avance o retroceso, sino como límite incesante, casi disponibilidad misma, infinitamente irrepetible, donante sin tregua, “insignificante”, como señala Deguy. Desde semejante interioridad sin fondo, Girola fue llevado por la escultura de masa (cuerpo, lleno-vacío, hueco ceñido, “espacios” virtuales, etc.) a la dirección sola, casi indeleble. Himno a la libertad sin opción, ritmo mismo de cualesquiera mundos.
Y de allí el salto. Al hallazgo –siempre fortuito– de un país (¿pueblo?). ¿Un país aún existente o por venir o ya adveniente “comme un peuple de colombes”? Pues, únicamente lo fundado en la libertad (la sin fondo) se muestra país o pueblo que emerge en “arjé” o arquitectura con que ha-lugar el arte –poiesis– sin dicotomías.
Así a Girola, desde hace más de diez años ya en Francia, Inglaterra, Alemania, Italia, Argentina en lo que va del estrecho magallánico a Yacuiba, en Chile desde Cerro Sombrero al norte y de los Andes al mar y sin estridencia posible, en Phalène o Acto Poético coral, dio lugar, como obras, a esta nueva proximidad o realidad (¿nueva? solo si por nueva se acepta cada alba). En cuanto al canto mismo del quehacer en esta obra que juega hoy, se deshace aquí otro par de contrarios: totalidad y unidad. Es esta obra Una que se indica Total y se entrega restándose o dividiéndose en multiplicidad, tal que cada “fragmento” (¿verso?) es a su vez uno-todo.

Obra, entonces, que apuesta el nexo, el modo (tropo), la unión o reunión de lo que se ve separado. O sea, el límite o conjunción, incesante e irrepetible, como el vaivén de la ola en las arenas. Otra pura dirección sola. La luz que le ha sido confiada a Girola en la escultura de hoy.
Como a ti, Tronquoy, te fue confiada la luz de la base, es decir, del modo de asentarse la escultura en su sin fondo. Que, a tu través, se nos mostró la base como aquello que en la escultura para erigirse de sí misma se despoja.
Viña del Mar, 1970.