Formalidad e informalidad en Valparaíso y Río de Janeiro
Fernando Espósito
Arquitecto
Doctor Universidad Politécnica de Cataluña
Profesor Departamento de Arquitectura y Urbanismo DAU PUC-Rio
este texto es una reflexión que vincula dos ciudades latinoamericanas desde la relación entre la formalidad y la informalidad urbana. el objetivo es observar brevemente las particularidades históricas de su evolución como ciudades, y de cómo en esa trayectoria, la relación que se ha tenido con lo informal ha sido determinante en la forma de asumir su condición de ciudad contemporánea. en valparaíso, la informalidad ha sido parte constitutiva de su imagen urbana y de su identidad porteña. por su parte, río de janeiro aparentemente demostró una constante negativa al encarar las favelas como un elemento característico de su conformación urbana actual. es esa manera negativa y prejuiciosa de asumir la relación con lo informal lo que ha sumido a la ciudad en esa aguda y crítica separación entre el río de janeiro de los “cariocas” y el río de janeiro de los “favelados”.
Palabras clave: Valparaíso, Río de Janeiro e informalidad
Nuestras ciudades se enfrentan hoy a un gran desafío global, como es el de las migraciones en gran escala. Esto no sería un problema si las ciudades tuvieran la capacidad de responder a esa demanda con los recursos, servicios, oportunidades y ambientes propicios para ello, y principalmente, espacio para vivir con dignidad y calidad.
En ese contexto, la ciudad que llamamos informal, surge como consecuencia de la falta de oportunidades y de la exclusión de los pobres, lo que a su vez deriva en asentamientos ilegales, sin planificación urbana, en áreas de riesgo y vulnerabilidad social, ambiental y de seguridad (Coutinho, 2012).

Principalmente en Latinoamérica, esta realidad, por décadas, ha determinado la relación entre las áreas formales y las zonas informales de la ciudad, y consecuentemente, una buena parte de las intervenciones de carácter urbano, concebidas para enfrentar los desafíos de movilidad, integración y habitación, sobre todo hoy en un escenario en que la escala del problema es gigantesca.
Estos desafíos no pueden ser entendidos solamente como aspectos técnicos que deben ser resueltos en base a estadísticas, pues, de una u otra forma, se trata de dimensiones urbanas y arquitectónicas que inciden fuertemente en la percepción que el ciudadano tiene de su entorno, de su ciudad, y como consecuencia de ello, en su calidad de vida.
Esta relación entre lo formal y lo informal muchas veces es lo que le otorga identidad a la ciudad, a partir de las características positivas que ésta cobra en términos sociales, físicos e históricos. Y por otro lado, son esas áreas de crecimiento informal las que posiblemente se presenten como una oportunidad de solución al problema de la migración a gran escala hacia las ciudades, pues son ellas las que responden a la demanda por habitación.
Esa división, ya recurrente entre ciudad informal y ciudad formal, posiblemente es uno de los problemas principales, pues nos hace asumir la ciudad desde dos puntos de vista aparentemente contrapuestos. Dicho de una forma simple, la ciudad formal es la correcta y la ciudad informal debe ser “corregida”. En varios sentidos esto puede ser así, pero es importante no desconsiderar las dimensiones que definen fuertemente la identidad de esas áreas de la ciudad informal, pues en ellas puede encontrarse el origen y sentido de la ciudad que habitamos hoy. La ciudad que consideramos informal tal vez tenga más puntos de compatibilidad que de desencuentro con lo que consideramos formal, y que nos define en nuestra condición de ciudadanos.
El concepto de ciudadano designa una diversidad de situaciones. No se trata simplemente de vivir o no en la ciudad, sino de percatarnos en cuál ciudad vivimos, cómo la asumimos e interpretamos. El diccionario de la Lengua Española recoge cinco conceptos de ciudadano, entre los cuales el segundo es “perteneciente a la ciudad o a los ciudadanos”, y el primero es “natural o vecino de una ciudad”. Para Durán (1998), “pertenecer” a la ciudad no es más que una simple relación gramatical, que se extiende a cualquier objeto, acontecimiento o idea de conexión con la ciudad. En cambio, la de “natural” o “vecino”, es una condición del ciudadano, colocando el énfasis en el origen y en la residencia.
Como afirma Durán, la ciudad recoge y hace suyos social y políticamente a los que en ella nacen y a los que la eligen para vivir: no sólo el azar, sino la voluntad del propio sujeto determina esa condición de vecino y ciudadano a la vez.
¿Pero qué ocurre en aquellos casos en los que la ciudad es difusa, aquella en la que se discriminan ciertas áreas como formales o informales, como si unas fueran ciudad y otras no, o peor aún, en la que se discriminan y marginalizan ciertos grupos de personas?

El caso de Valparaíso es interesante en este sentido, pues la condición de ciudad de este puerto se adquirió casi casualmente (Puentes, 2013). La ciudad fue creciendo poco a poco desde la zona portuaria hacia los cerros en los que la población fue estableciéndose, ocupando primero el plan y zonas más planas, cercanas a las actividades portuarias, para luego, ante la escasez de terrenos disponibles, remontar las laderas. De esta forma, quien llegaba a Valparaíso se instalaba donde encontraba un terreno disponible, siguiendo primero los senderos y huellas dejadas por otros. Aun hoy es posible distinguir ese proceso de crecimiento informal, pero mucho más arriba, cercano a las cimas y dentro de las quebradas, donde aún existen suelos “disponibles” que van siendo ocupados por nuevas casas autoconstruidas, al margen de toda norma y reglamento. Otro momento que marca con nuevas características esa evolución entre lo formal y lo informal, es la llegada de los ascensores o funiculares a la ciudad. Fueron alrededor de 30 ascensores, repartidos por toda la ciudad, los que permitieron “acercar” los primeros barrios de los cerros al plan. Este sistema de transporte no sólo fue un facilitador de la accesibilidad a los cerros, sino que rápidamente se transformó en un punto de contacto entre lo alto y lo bajo. De alguna forma, una frontera vivida entre la formalidad que iba conquistando lo que ya había sido regularizado y lo informal, que continuaba creciendo más arriba. Así, Valparaíso siempre convivió con esa relación evolutiva entre formalidad e informalidad, de lo autoconstruido a lo regularizado, lo que hoy le otorga una condición de ciudad bastante particular, que en parte la llevó a ser nombrada Patrimonio de la Humanidad. Por otro lado, esa misma característica la ha llevado a sufrir episodios catastróficos, como los incendios de los últimos años derivados de la falta de planificación.
Otro caso es el de Río de Janeiro. En el momento en que nacían los funiculares para integrar la ciudad de Valparaíso a finales del siglo XIX, Río de Janeiro ya era una ciudad con cerca de un millón de habitantes (Valparaíso contaba con cerca de 160.000 habitantes) y con una serie de asentamientos fuera de toda regulación, con problemas sanitarios, de servicios, vivienda y falta de empleo.
Las primeras casas humildes ubicadas en los cerros de la ciudad datan de 1865 aproximadamente, y las primeras favelas aparecieron en Río de Janeiro después de un hecho importante: la Guerra de Canudos (1893-1897). Los soldados enviados por el gobierno, una vez terminado el conflicto, retornaron en gran cantidad y se emplazaron en los cerros de Río de Janeiro, específicamente en el Morro de la Providencia, localizado en el área central, cercano al Ministerio de Guerra. Esta ocupación comienza como una protesta por el no cumplimiento de lo prometido en recompensa por su participación en el conflicto armado, que más que un enfrentamiento, fue una masacre1.
A partir de 1903 se dio inicio a una serie de planes de recuperación sanitaria y urbana de la ciudad, para así proyectar una imagen positiva frente al atraso que vivía. Estas medidas en realidad fueron acciones higienistas, cuyo propósito no declarado fue erradicar a los pobres del centro de la ciudad. La creación de avenidas, parques, un nuevo puerto y la demolición de viviendas precarias, desplazaron a los pobres a los suburbios, incrementando el crecimiento de las favelas, esta vez en las periferias.
Durante la primera mitad de siglo XX la ciudad se expandió y las favelas se desarrollaron aún más en su interior.
Otro momento importante en el crecimiento de los barrios informales ocurre con el fin de la Segunda Guerra Mundial con el desarrollo de la actividad industrial, lo que generó una alta inmigración de obreros. Así surgieron nuevos barrios pobres en las laderas de las colinas y en los alrededores de la ciudad, siempre con deficientes condiciones sanitarias y de vivienda.
En las décadas de 1940-1950, período en que se inician las políticas públicas relacionadas a las favelas (Zaluar y Alvito, 2004), la ciudad siguió creciendo, lo que incrementó también la formación de periferias y la autoconstrucción. Esto se agudiza en las décadas de 1960 y 1970 con la creación de conjuntos habitacionales que significaron remover más favelas, aumentando el surgimiento de unas y el crecimiento de otras. Entre los antecedentes que se registran en algunos estudios (Zaluar y Alvito en el libro Um Século de Favela), y que explicarían el inicio de algunas de las políticas de integración de las ocupaciones informales, se encuentra el hecho de que algunos artistas, autoridades o ciudadanos influyentes de la sociedad carioca de la época, que participaban “discretamente” de encuentros y actividades con artistas de las favelas, habrían influido en esas decisiones.

El caso de Valparaíso y el de Río de Janeiro, a pesar de las grandes diferencias de escala, históricas y culturales, comparten una dimensión común, como es la de tener una importante relación entre la formalidad e informalidad, lo que ha influenciado fuertemente la evolución de la ciudad. Pero en esa relación, un aspecto que las diferencia en lo fundamental, es que la informalidad porteña es parte de su origen reconocido. Una ciudad no fundada, que se reconoce como tal. En Río de Janeiro, durante décadas y hasta hoy, y a pesar de ser parte de su historia, las favelas han sido siempre un territorio marginal. Una “no-ciudad” a la que nunca se le miró de frente con la voluntad de querer asumir el desafío –o para muchos de los representantes del poder público, asumir la vergüenza– de reconocer que las favelas son también ciudad y que pocas veces se les trató con la sinceridad, seriedad y voluntad política que se merecen.
Finalmente, se trata de reconocer que tal vez y a pesar de todas las dificultades, en Valparaíso los porteños se han ganado su condición de vecino y ciudadano, algo que en Río de Janeiro, aparentemente, está lejos de ocurrir, si se sigue fomentando la idea de que las favelas son la tierra del narcotráfico, la violencia y la inseguridad.
Notas
- La Guerra o Campaña de Canudos fue un enfrentamiento entre el ejército brasileño y un movimiento popular liderado por Antonio Conselheiro, que ocurrió en el estado de Bahía, nordeste de Brasil. El movimiento, que comienza como una reacción a las precarias condiciones de vida de la población, se transformó en una aparente amenaza para la, en esa época, joven República de Brasil. Aunque sin pruebas de aquello, el gobierno envió a sus tropas ante una aparente amenaza de la población que, supuestamente armada, avanzaría contra las ciudades cercanas y luego contra la capital. Estos hechos acabaron con el movimiento masacrado y la ciudad de Canudos totalmente destruida. A su regreso, la vergüenza ante lo ocurrido, hizo que las autoridades retrocedieran en las ofertas realizadas previamente a los combatientes que volvieron victoriosos, lo que motivó la ocupación del morro de la Providencia. Estos hechos son narrados detalladamente en el libro Os Sertões, de Euclides da Cunha, publicado la primera década de 1900.
Fuentes
- Alvito e Zaluar. (2006). Um século de favela. Río de Janeiro: Editora FGV.
- Coutinho M. da Silva, R. (2012). “Risco e Vulnerabilidade na Pacificação das Favelas Cariocas” IN Coutinho M. da Silva, R. Desafios Urbanos para a Sustentabilidade Ambiental nas Cidades Brasileiras. Río de Janeiro, PROURB/UFRJ, pp. 96-107.
- Durán, M. (1998). La ciudad compartida: Afecto, usos y costumbres. Madrid: Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos.
- Puentes, M. (2013). La observación arquitectónica: La periferia efímera de Valparaíso. Valparaíso: Ediciones Universitarias de Valparaíso.