Repaso sobre el taller de obra: del origen a la investigación
David Jolly
Arquitecto
Doctor Universidad Politécnica de Cataluña
Profesor e[ad] PUCV
se realiza un recorrido sobre los orígenes del taller de obra en la e[ad], sus proyecciones académicas, en investigación y la importancia de la obra en la formación de arquitectos. el taller de obra en esta escuela, tiene una serie de particularidades que invitan a detenerse y reflexionar sobre él.
Palabras clave: taller de obra, formación, investigación y Ciudad Abierta
Origen
El taller de obra se inicia con la fundación de la Ciudad Abierta. Esa fue la primera experiencia que tuvimos, época en que dedicábamos media jornada de trabajo en los talleres de la escuela y media jornada en Ciudad Abierta. Ahora evidentemente ha tenido muchas variaciones sobre la cantidad de alumnos que participaban, pero se ha mantenido hasta el día de hoy una realidad: el taller de obra es una opción; para los estudiantes no es parte del currículum obligatorio sino que, es una elección voluntaria. En general esto ha funcionado muy bien, porque el que quiere participar de una construcción de una obra 1:1, tiene que ser alguien que tenga ganas de hacerlo, pues requiere de un evidente ímpetu de parte de los participantes.

El taller de obra presenta un giro en la enseñanza que cambia radicalmente el régimen de un taller de arquitectura tradicional, qué quiere decir esto, los talleres de arquitectura están centrados en el estudiante y está todo hecho a la medida de él y su labor termina dentro del horario académico. Por el contrario, el taller de obra es una experiencia que parte al revés, porque la medida está en lo que la obra requiere, no en el estudiante. Esto funciona igual tanto para estudiantes como para profesores, por ejemplo tenemos que hormigonar y las clases duran hasta las 5 o 6 de la tarde, pero el hormigón tiene que terminarse, entonces estamos hasta las 9 de la noche. La medida es la obra y la lección es someterse a los requerimientos de la obra.
En el taller de obra se constatan varios fenómenos. Actualmente, tiene una jornada de 4 días a la semana, que no superan el tiempo que permite el curriculum o el creditaje, pero se trata de jornadas intensas y presenciales. No resulta que un estudiante participe la mitad, aquí si alguien no asiste al 80% simplemente no puede participar, porque no adquiere el ritmo de la obra.
Junto con eso, lo que hemos logrado con la obra es que se adquiere algo de la dimensión de la vida. Nuestros estudiantes almuerzan en Ciudad Abierta y se genera un espacio de convivencia real, con belleza, se encarga por turnos quién cocina, qué se almuerza, es grato, esto ocurre en la Sala de Música y el ambiente de trabajo también es muy agradable, porque erigir una obra tiene un aire de prosperidad enorme, entonces se participa en conjunto de eso.
Taller de obra y la investigación en arquitectura
Los primeros talleres de obra nacían de los requerimientos de la Ciudad Abierta y lo que hemos experimentado en estos últimos 2 años, es que el taller de obra se ha hecho en el marco de una investigación Fondecyt Nº 11140640 “Forma arquitectónica en hormigón armado realizado con moldajes flexibles”. Ha sido una concurrencia de una obra en la Ciudad Abierta que se requiere, el Pórtico de lo Huéspedes, y junto con eso hemos hecho coincidir aquello que la investigación quiere lograr: una estructura constituida por hormigón armado con moldajes flexibles, o sea hemos hecho calzar la obra que se quiere construir con una materia de investigación.
Evidentemente una obra de estas características, no es posible que se construya en todas partes, porque es difícil encontrar una obra que nosotros hemos llamado de término abierto, es decir, una obra que parte pero no se sabe de antemano su término; una obra que es concertada de antemano no se puede detener ni desviar, en este caso sí, es un cierto privilegio que tenemos en Ciudad Abierta, que nos da la posibilidad de investigar en verdadera magnitud y con una obra que se va a habitar, no se trata de un ensayo que se va a destruir, porque en muchas partes se investiga y los ensayos que se hacen a escala natural después se tienen que destruir. En este caso la investigación se va a habitar.
Respecto al Fondecyt, la mayoría de sus avances con los moldajes flexibles en hormigón hasta el momento, se han llevado a cabo en el ámbito de un laboratorio o en la industria del prefabricado, pero no a partir de una obra que se realiza en un lugar determinado y en condiciones normales de construcción. La investigación que dirijo tiene ese punto muy importante porque quiero probar con el uso de los moldajes flexibles, que se pueden utilizar en una obra corriente, porque los otros dos ámbitos son especiales, no corresponden régimen común y nuestra propuesta es que esta tecnología esté unida a un propósito arquitectónico que se puede realizar a cualquier parte y se podría construir en cualquier obra. Esa realidad la podemos experimentar, hasta el momento, en la Ciudad Abierta y probablemente en ningún otro lugar. Es tan así, que nuestros amigos Suizos vienen una vez al año a participar en el taller de obra con nosotros porque en Suiza pueden hacer obras 1:1, pero una vez terminada la tienen que desarmar porque no pueden permanecer como obras habitadas, una investigación a escala natural es casi inexistente.


Taller de obra y la experimentación
Nuestra realidad, si uno la piensa desde el punto de vista creativo se da desde una cierta disputa, porque la realidad creativa se da disputando con otros; con la aparición del mundo virtual, que trajo consigo la computación, perdió prestigio el mundo de las tres dimensiones y de la experimentación, por ponerle un nombre contemporáneo, “análogo”. Si bien la computación es una herramienta poderosísima, evidentemente no lo es todo, porque habitamos en un mundo edificado que está construido en escala 1:1. La herramienta computacional con todo su poder tiene una cierta exactitud, puede transmitir una cantidad de datos enorme, pero también tiene una debilidad enorme en el paso a las 3 dimensiones, tanto en la formación de los arquitectos como en la realidad que concibe. Lo que cuesta mucho en un estudiante, es hacerlo crecer de manera que vaya entendiendo que todo lo que representa, sea un dibujo, croquis, plano, etc. no es el fin en sí mismo, sino que es el edificio y esta es la mayor dificultad en la formación de un arquitecto.
Gracias a la computación hay una facilidad para hacer aparecer figuras, pero el problema es que esta capacidad es exponencialmente mayor a la posibilidad de construirlas. El paso que suple el taller de obra es su experimentación con matrices. En el caso de los moldajes flexibles ocurre un hecho curioso porque hasta ahora no se ha podido inventar un altogaritmo computacional que prediga la conducta de la tela con la argamasa y más aún existe un problema básico con la fabricación, que aunque se predijera la conducta de la argamasa con la tela, ocurre con algunos programas computacionales, en relación a la forma, logran obtener una forma “óptima”, pero no se sabe cómo se podría construir.
Si bien existen programas para obtener la forma óptima, no se sabe necesariamente cómo construirlas, en ese sentido, la experimentación en un taller de obra trae la obtención de nuevas formas posibles y al mismo se sabe cómo obtenerlas. Además, lo que otorga esta experimentación es conocer lo que no se puede obtener, principalmente por el trabajo realizado con los modelos, pues lo que no se obtiene con el modelo no se va a obtener en 3 dimensiones, entonces no se invierte el tiempo, trabajo y materiales en algo que no se va a lograr.
La existencia de un taller de obra hace que en la formación de un estudiante de arquitectura tenga los dos pies: la computación y la medida de lo posible en la realidad material. Eso es muy importante porque después es imposible proyectar algo que no se podrá construir, en ese sentido en términos de la formación es potente y es lo que valoran los estudiantes que participan en nuestra escuela y desde el extranjero.


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