Memoria: Arquitectura

Instituto de Arquitectura UCV

Dilemas (2), revista de ideas, año 1, enero 1967, p. 13.
Santiago de Chile.

Saludamos al arquitecto, pues hoy –contra toda opinión– urge la arquitectura.

Al arquitecto que por ciencia o poesía recibe el tiempo que ve un destino. Trabajar por el destino –ciudad, país– es su labor. Por esa luz el acto es más complejo que la función y solo de él surge la forma.

Saludamos al arquitecto que ve y ejecuta la forma. No las formas –bastardizaciones que mediante ajustes externos abandonan el vigor de la realidad. Bastardizadores que se autodefinen realistas y cambian el destino y su presente en “lo que va resultando”.

Saludamos al arquitecto de la forma que alberga el acto cotidiano. Forma donde el misterio de la materia –con que se construye una obra– se denuncia.

Al arquitecto que encarna, en los casos, un destino, pues ve la escala donde comparece –múltiple– el presente y los casos se articulan.

Ver es un don y obrar su cálculo para que esa realidad se manifieste como forma.

Saludamos al arquitecto que mantiene ese principio. Principio que elabora el proyecto, que es abertura y sentido y, por tanto, poder para reunir y orientar en cada caso concreto los aportes de otras disciplinas y requerimientos de su medio y su tiempo.

Al arquitecto que de esta manera confiere a sus obras la real identificación. Arquitecto pues, y no servidor, de la homogeneidad y cantidad –las circunstancias de hoy.

Saludamos al arquitecto cuyo propio obrar se conforma en virtud de tales designios. Designios que traen consigo una firma retórica cuyo secreto es el siguiente: la traición a la forma viene de dentro y no de fuera.

Saludamos a los arquitectos que en las mesas redondas de las planificaciones no se resignan a situaciones intermedias, pues asentados en el designio pueden realmente dar cabida y fecundar las otras disciplinas que de suyo no alcanzarían el misterio de la materia, la real escala y la forma.

Saludamos a tales arquitectos que no se resignan. Sin ellos el presente, sin forma, se debilita a pesar de las mejores intenciones y técnicas. Y el futuro en vez de ser justo riesgo, se convierte en oscura amenaza que debe conjurarse.

Saludamos al arquitecto que así se levanta a lugar los parajes rurales o urbanos.

Ver un destino significa, también, limitar. De suerte que la totalidad no es ya la suma de los bienes posibles. Tales renuncias constituyen la herencia y sabiduría de pueblos y ciudades.

Saludamos al arquitecto de esas renuncias que dan forma a la forma .

Es el canto el pudor.

El pudor con que el hombre ocupa y habita la tierra.

* Selección fotográfica de la vida en el Instituto de Arquitectura. © Archivo Histórico José Vial Armstrong.