Pablo Cáceres egresó de Arquitectura en la PUCV en 2001. Se ha dedicado a estudiar y registrar la naturaleza, especialmente aves. Hoy en día se encuentra desarrollando proyectos habitacionales privados, además de colaborar con iniciativas ligadas a la conservación cultural y natural.

Participó de seis travesías, algunas de ellas en Formoso do Araguaia (Brasil, 1995), Ouro Preto (Brasil, 1996), Colchane (Chile, 1997), Coihue (Chile, 1998).

De acuerdo a lo personal y laboral, ¿En qué te encuentras actualmente?

Actualmente me encuentro desarrollando proyectos y obras desde mi oficina de arquitectura, después de haber trabajado quince años en sociedad en CYPARQ. Tengo varios proyectos interesantes, entre ellos algunos habitacionales, como casas en Viña del Mar y Concón, además de un condominio en Las Cruces, todos de ámbito privado. Además de un Centro Cultural en Antofagasta, entre otros.

También estoy colaborando con proyectos patrimoniales y culturales en el norte de Chile. Ahora, por ejemplo, estoy desarrollando un “Manual de Recuperación de Techumbres Tradicionales Aymara”, específicamente en la región de Parinacota.

De forma paralela, desde 1992 he estudiado y registrado la naturaleza, especialmente aves, lo que me ha llevado por todo Chile, Antártica, Sudamérica e islas oceánicas. Soy uno de los fundadores de la Red de Observadores de Vida Silvestre en Chile (ROC) y participé en la implementación de la plataforma eBird. Colaboro con el Centro de Estudios Territoriales Antis, a cargo de contenidos medioambientales y culturales. Actualmente estamos enfocados en el Parque Nacional La Campana.

Además estoy construyendo mi casa y dedicándome a la crianza de mis dos hijas. 

¿Cómo describirías tu experiencia como estudiante de la e[ad]?

La describiría como una experiencia muy hermosa. Tuve la suerte de ser alumno de varios de los fundadores de la escuela (Alberto Cruz, Godofredo Iommi, Fabio Cruz  y Miguel Eyquem, por nombrar algunos) y de coincidir con excelentes compañeros y amigos. Estudiar y formarse en la Escuela es un privilegio en todo sentido, desde  estudiar en ese ambiente, en el sector de Recreo, frente al mar, a participar de la  Ciudad Abierta y tener la experiencia de trabajar en obra ahí. Estoy muy agradecido del tiempo que pasé en la e[ad]. 

¿Qué destacas de la escuela?

Podría destacar muchas cosas; el método, el enfoque, el ámbito y el entorno en el que se da la formación. Puedo decir también que soy completamente hijo de la Escuela, no solamente en lo vinculado a la arquitectura y lo profesional, sino que en el fondo de mi manera pensar y de contemplar, de entender y de analizar la vida, todo  tiene un punto de vista que fue formado en la ahí. Es una escuela de pensamiento, no una escuela técnica.

 ¿De qué manera el paso por la e[ad] marcó tu desarrollo profesional?

Estudié y me formé en la escuela por lo que su marca en mí es muy profunda. La manera de pensar que aprendí en la e[ad] va mucho más allá que lo estrictamente profesional y es la forma que tengo de mirar el mundo y los quehaceres. La observación, la abstracción y los rasgos radicales de un planteamiento tienen una influencia muy fuerte en mí.

¿Cómo visualizas el despliegue del oficio en el que te desarrollas en 10 años más?

Estar abierto al cambio siempre trae nuevas posibilidades por lo que no me siento aferrado a nada. Sin embargo, el trabajo que desarrollo me resulta muy gratificante, por lo que me imagino que seguiré profundizando el oficio, la observación, la técnica, además de estar vinculado siempre a temas ambientalistas y culturales.

¿Hay algún concurso en el que hayas participado, algún premio que hayas ganado últimamente o algún proyecto que quisieras destacar?

Me gustan varios proyectos, porque son bastante diversos. En primer lugar destaco el del Centro Cultural Independencia, porque se desarrolla en un contexto patrimonial (dentro del ex Hospital San José, vecino al Cementerio General de Santiago). Es significativo también por ser un gran proyecto multidisciplinario; el edificio cuenta con oficinas, un teatro con escenotecnia de primer nivel, bibliotecas, salas de ensayo y más. Sumado a esto, el desarrollo del mismo tuvo complejidades técnicas ya que requirió la planificación de excavaciones. El equipo de trabajo fue amplio y el proceso muy interesante.

Por otro lado está el proyecto de recuperación de techumbres aymara, que es más sencillo en relación al anterior, opuesto en muchos sentidos, pero que tiene una raíz profunda en cuanto a la técnica y al conocimiento ancestral. En esas localidades las cubiertas de las casas de las comunidades, en la medida en que se han ido cayendo, han sido reemplazadas por planchas de zinc, entonces el manual pretende que estos vuelvan a ser de paja brava y madera, para así recuperar su condición histórica. Siento que esto tiene un alcance cultural muy importante. 

Les invitamos a conocer más sobre el trabajo de Pablo Cáceres, en su sitio web (aun en construcción) pablo-caceres.cl o contactándolo  directamente a contacto@pablo-caceres.cl; y para más sobre su faceta de observador de vida salvaje, visitando su Instagram @pablocaceresc