A partir de marzo se integra como profesor asociado al equipo de la carrera de arquitectura de la e[ad] Igor Fracalossi arquitecto y urbanista brasilero. 

Ha dedicado gran parte de su carrera a escribir sobre arquitectura moderna, principalmente brasilera, en plataformas como Archdaily y Docomomo Brasil. En 2010 se radicó en nuestro país para realizar sus estudios de posgrado en la Pontificia Universidad Católica de Chile. En ese tiempo conoce al arquitecto Germán del Sol quien lo acerca a la literatura, poesía chilena y a nuestra escuela. Le habla acerca de la visión de Alberto y Godo, despertando en Igor  un gran interés por esta forma nueva, absolutamente moderna y poética de abordar la disciplina.

Desde tu experiencia como estudiante, ¿Qué te llevó a trabajar en la investigación y creación artística en arquitectura?
Tuve la gran suerte de estudiar una obra de Germán del Sol cuando llegué a Chile. Ahí pude conocerlo personalmente. Lo estimo mucho ya que él fue quien cambió mi manera de ver y pensar la arquitectura. Me enseñó a ver con sus obras. A observar las cosas que podía antes pasar por encima como banales. A ver cómo y qué hacen las personas, y a cómo trasladarlo a la arquitectura. Me enseñó sobre el arte y la poesía. Gracias a Germán también, me introduje en la literatura y poesía chilena con autores que me parecen geniales como Vicente Huidobro, José Donoso y Jorge Tellier. 

¿Qué relación tenía Germán con nuestra escuela y cómo eso abrió tu interés por estudiar las obras fundacionales?
Fue él quien me habló por primera vez de Alberto Cruz, Godofredo Iommi y quien me presentó la Escuela de Arquitectura y Diseño de la PUCV. Germán fue socio de José Cruz, así conoció a Alberto, Godo y la Casa en Jean Mermoz. Estuvo en varios almuerzos con ellos, en donde Germán no entendía lo que decían y Godo siempre debía traducirle (risas). Fue por ello que luego de dos años me propuse estudiar en primera instancia las obras de Ciudad Abierta, y finalmente escogí la obra de Fabio Cruz.

El edificio no importa

Para tu tesis de magíster propusiste una construcción literaria del hotel Larache ¿En qué consiste este proceso para una obra arquitectónica?
Tiene que ver con la paradoja de la palabra. Cuando uno dice algo se despega del hecho, entonces cuando uno escribe, en sentido estricto está creando. Lo que está escrito no es lo mismo que lo que está hecho. Busqué ser radical en ese sentido, ya que propuse mantenerme en la palabra. Si bien estaba escribiendo acerca de una obra, no era la obra. Y lo escrito, era antes mío que de otra persona. Es por ello que se trata de una construcción literaria y no una interpretación, investigación o una descripción.

 

La titulaste “El edificio no importa” ¿Cuál es el significado de esta afirmación?
Es una especie de elogio a Magritte, que es sólo afirmar de otra manera. No es una negación a la importancia del edificio, que para mi es el hecho mayor de la arquitectura, (que no es lo mismo edificio ni que obra). Para mi el edificio es una especie de momento o un producto de la arquitectura. Cuando digo que el edificio no importa es afirmar su importancia, pero de manera diferente. Es afirmar la importancia de la obra sobre el edificio y, asimismo, lo escrito se podría poner en paralelo como una obra del edificio y que eso también importa. 

¿Cuál crees que es el mayor aporte de una construcción literaria de una obra de arquitectura?
Creo que inevitablemente ves otras cosas, comprendes mejor y aclaras las ideas en el momento que te pones a escribir o a dibujar. Creo que aquello es inherente a todos los medios de creación. En el sentido de las palabras, es curioso y paradójico que cuando escribes buscas cierta coherencia. Sin embargo, la creación difícilmente es coherente. Quieres que te entiendan, yo no soy poeta, por tanto buscas cierta consistencia aun cuando los temas son frutos de la creación artística. No obstante, me interesa describir rigurosamente, en ese sentido tengo como gran referente las descripciones que se vuelven surrealistas de Julio Cortázar o de Perec. Cuando tratas de escribir algo con mucho rigor, te das cuenta de que no hay palabras para lo que quieres describir, en ese momento estás creando.

¿Qué lograste mirar y comprender de nuevo con la arquitectura de Germán?
El día que entregué una copia de mi tesis a Germán, me llamó enfurecido, diciendo que todo lo que yo había escrito no era verdad (risas) y discutimos dos horas sobre ello. Habiendo estado y redibujado mucho sus planos, me di cuenta y pude describir de cierta manera algunos momentos, eventos que ocurren en el hotel y suelen pasar desapercibidos. Sutilezas que no son conscientes, pero sí se experimentan.

La casa en Jean Mermoz y los fundamentos de la escuela

¿De qué manera te adentras en una obra demolida para tu tesis doctoral?
Mi intención inicial era estudiar las obras de Ciudad Abierta, y busqué publicaciones que hablaran del tema. Los tres libros que encontré de distintos autores y nacionalidades, en la portada tenían la Casa de los Nombres. No pude conocerla personalmente, pero seguramente ha de haber sido una obra impactante en las dunas… una imagen y efecto muy grande.

No era casualidad el que todos hayan elegido la misma obra. En todas esas publicaciones aparecía también la Casa en Jean Mermoz, una casa particular que no tenía nada que ver con todas las obras y edificios. En ambas obras coincidía la figura de Fabio Cruz como participante, e investigando un poco más, vi que la Casa en Jean Mermoz fue la primera obra que se logró construir por el Instituto de Arquitectura PUCV, por tanto de esa obra partían muchos elementos que se proyectan hasta hoy.

¿Cuáles son esos elementos fundacionales característicos que encontraste?
La principal que se mantiene hasta hoy como fundamento es la ronda. Desde mi perspectiva, se dio sin querer, un ritmo particular como lo describió Fabio, y surge en ese proceso extendido de diseño y construcción. Aun así, para mi lo más importante es que cada etapa de la casa se proyectó y construyó como una obra en sí misma. La sola excavación es una obra independiente. Eso dio pie a que se proyectara todo lo que vino después, como lo fue la estructura de hormigón armado, vigas, losas y techos de madera. Esas son las  definiciones conceptuales y constructivas descritas por Fabio, Alberto y Miguel, quien por cierto, sacó todas las fotos aéreas del terreno.

¿Y en términos formales?
Algo que es evidente, pero de lo que no se habla mucho, es la noción del plano oblicuo en los techos. Así como el uso de las lucarnas por todas partes: internas, externas, arriba, en muros (de madera, de hormigón). Fue una casa muy densa en temas de arquitectura… ¡Podría estar hablando una semana de ella la verdad!

 

Escritura y arquitectura 

Cuéntame de la participación en Archdaily ¿Cómo era tu línea editorial ahí?
Fue fundamental definir una manera de escribir. En 2012 fue cuando empecé el doctorado y en paralelo comenzó el trabajo con Archdaily con la sección de clásicos de arquitectura y la de artículos. Ahí estaba centrado en arquitectura brasilera, curatoría y traer a presencia obras y arquitectos. Mi objetivo fue aportar con una descripción rigurosa desde la observación. Evitaba la interpretación. Lo que buscaba era ser muy preciso, sobre todo con las medidas.

¿Cómo era tu metodología de trabajo?
Quería lograr una descripción del proceso de proyecto o de la construcción y no centrarme en un elemento o una forma, sino una manera de proyectar, un modo de construir. Evitaba entonces recurrir a la voz del autor, ya que de esa manera era más objetivo. Buscaba documentación original respecto de la obra, sobre ella la redibujaba y sobre esos dibujos como insight construía una descripción. 

Con respecto a tu experiencia en Docomomo ¿De qué manera valoras la arquitectura moderna desde la docencia?
Colaborar ahí es poner a la arquitectura moderna como un patrimonio que hay que proteger, mantener, rescatar, dar a entender y a ver. En la época de la demolición de la Casa en Jean Mermoz Docomomo ya existía, pero no pudo influir en evitar su demolición… Sin embargo, hay algo muy bonito que dice Borges: «Los únicos paraísos son los paraísos perdidos».

¿Qué crees fundamental que una alumna o alumno de arquitectura de primer año deba incorporar?
Salvo rarísimas excepciones, la arquitectura es un oficio paradójico: lo que hacemos no es lo que va a quedar finalmente como obra. Siempre proyectamos algo que después se va a convertir en otra cosa sobre la cual no trabajamos directamente, y en esa dualidad está la grandeza de la arquitectura. Por tanto me parece fundamental no perder ese hilo y no entenderlo como algo menor o negativo, en el sentido de los cambios que eso genera en la construcción. Creo se debe comprender que en ese camino del proyecto al edificio, hay un campo de experimentación y creación.

Lo que hacemos como arquitectas y arquitectos, en sentido estricto, es dibujar. Este es el centro de nuestro oficio y disciplina. Aun así, aunque el dibujo pueda tener validez por sí mismo, es más bien un mapa hacia una obra que debe ser construida por otros colectivamente. Eso es fundamental para no perdernos y no dejarnos atrapar por el proyecto. Comprender que la arquitectura es un arte que se construye con las manos es fundamental.

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Igor Fracalossi es Arquitecto y Urbanista por la Universidade Federal do Ceará con pasantía en la Universidade Federal de Minas Gerais, Magíster en Teoría y Crítica por la Pontificia Universidad Católica de Chile y Doctor en Arquitectura y Estudios Urbanos también por la PUC Chile. 

Como estudiante en Brasil, fue Director de Asuntos Estudiantiles del Centro de Estudiantes y fue premiado en concursos nacionales y regionales de arquitectura. Fue editor de Clásicos de Arquitectura y Artículos en ArchDaily, escribiendo ensayos cortos, traduciendo textos inéditos al portugués y publicando escritos de autores actuales. 

En los últimos años coordinó la línea de Investigación y Teoría de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Finis Terrae. Igor ejerce la docencia universitaria desde el año 2012, habiendo trabajado en la PUC Chile y la Universidad Finis Terrae, pero también como invitado a cursos cortos en universidades brasileras como la Universidade Federal do Rio Grande do Sul, Universidade Presbiteriana Mackenzie y la Universidade Federal do Ceará. 

Como investigador, ha trabajado sobre obras contemporáneas, modernas y antiguas. Su tesis de magíster abordó a través exclusivamente de la palabra el Hotel de Larache de Germán del Sol. Su tesis de doctorado, a su vez, planteó un giro radical en la forma de abordaje, sosteniendo una investigación mediante maquetas físicas sobre la Casa en Jean Mermoz de Fabio Cruz Prieto. 

Igor ha participado de encuentros académicos y publicado artículos en Inglaterra, Turquía, España, Brasil, Argentina y Chile. Recibió el Primer Premio del Jurado en la Bienal Internacional de Argentina en 2014 por un ensayo corto sobre la Casa no Butantã de Paulo Mendes da Rocha y el Premio DIRIP 2018 de publicaciones de alto impacto por un artículo sobre las tres Embajadas de Francia diseñadas por Guillermo Jullian de la Fuente publicado en la revista inglesa Architectural Research Quarterly. Fue premiado también con un MIT-Chile Graduate Student Seed Fund en 2017 por una investigación colaborativa sobre la Ficción y el Storytelling en arquitectura. En 2019, fue seleccionado en el Concurso Anual de Investigación de la Universidad Finis Terrae con el proyecto «Fenomenología de la maqueta de arquitectura». 

Además, durante 2020, desarrolló una investigación proyectual con fines constructivos reales sobre el sistema de moldajes de madera para la estructura de hormigón armado de la Casa en Jean Mermoz.