Guillermo Olivares egresó de arquitectura de la e[ad] en 2002. Cuenta con 17 años de experiencia internacional en el desarrollo de proyectos de arquitectura e ingeniería estructural, obra nueva y rehabilitación patrimonial.

Lo que más destaca de su paso por la e[ad] fue  entender la observación como instrumento de incertidumbre y desapego formal. Participó de las travesías de Asunción (1996), Colchane (1997), Hda. Coihue (1998), Ciudad Abierta (1999) y Andacollo (2000).

Ha participado en proyectos como “PIKSEL 11 Noruega” y obtuvo el primer lugar  en el concurso de Innovación Tecnológica Semana de la Madera 2017.

 

De acuerdo a lo personal y laboral, ¿En qué te encuentras actualmente? 

Con una buena alegría. Conformando CITIC, donde nos abocamos a la regeneración de espacios relacionales desde la comprensión de la biología cultural y la observación. 

A la vez, sostengo mi oficio estructurando arquitectura en TAETT, como docente de la Escuela. En lo personal, llevo la buena alegría de construir nuestra familia con Andrea, también Diseñadora de la Escuela.

Estabilización estructural Club Deportivo Social Putaendo, Fondo de intervención Patrimonial.

¿Cómo describirías tu experiencia como estudiante de la e[ad]? 

Tal vez como un viaje recursivo, un lugar donde cada tanto puedo volver y encontrarme con el vértigo de estar arrojado al mundo.

Los arquitectos que fueron mis maestros, los compañeros de farándula, la incertidumbre del porvenir, son espacios a los que intento honrar en mi quehacer diario; ya sea estructurando una obra, en mis clases, o descubriendo modos de hacer, “el camino no es el camino”, una y otra vez.

¿Qué destacas de la escuela? 

Entendiéndolo como una herencia que permanece candorosa y latente, podría intentar explicarlo desde una triangulación que sitúa a la observación como experiencia de incertidumbre y desapego formal, frente a dos vértices de la condición humana. 

Por un lado; desde el pensamiento de el «estar-siendo» de Rodolfo Kusch como acontecimiento originario y americano, y por otro, del habitar poético del hombre de Hölderlin, como un «estar» construido desde el asombro de los oficios.

Es en esa articulación de observar-estar-siendo, que como arquitecto de la Escuela me siento próximo y abrazado por esa generosa posibilidad, la de simplemente observar el estar siendo en el mundo.

¿De qué manera el paso por la e[ad] marcó tu desarrollo profesional?

Una singularidad. Hacer mi título en Taller de Obras en Ciudad Abierta, abrió mi comprensión y amor por las estructuras; llegar al cálculo estructural por la deriva de Godofredo Iommi al hablar de las dunas, o por el trabajo de Miguel Eyquem en las Torres de Agua, fue muy generoso para mi oficio. Como docente de estructuras, como especialista; siempre es igual, un hermoso desafío para diseñar inercia y acariciar la gravedad.

Escenario al aire libre Putaendo.

¿Cómo visualizas el despliegue del oficio en el que te desarrollas en 10 años más?

Hoy por hoy me resulta muy atractivo el aprendizaje automatizado y la optimización de estructuras por medios no digitales sino empíricos. Suena contradictorio, pero creo que muy pronto entenderemos otras conversaciones entre Gaudí y Eladio Dieste y, para hacerlo, nos será de utilidad el machine learning y otras máquinas predictivas. En eso creo que seguiré estando en unos años.

¿Hay algún concurso en el que hayas participado, algún premio que hayas ganado últimamente o algún proyecto que quisieras destacar?

Junto al doctor en patrimonio Salim Rabi y el arquitecto Francisco González nos adjudicamos un Fondart para el proyecto de estabilización estructural de un edificio de valor patrimonial en Putaendo. 

Es un desarrollo interesante pues la propuesta estabiliza dos modos de oscilación específicos del edificio, que mayor daño provocan sin apuntalar los muros. Estos, tienen murales que es necesario restaurar en una siguiente etapa, por lo que debían mantenerse libres.

Reconocer y utilizar la propia nobleza estructural del edificio, en una fase preambular como lo es la estabilización, es un campo aún no explorado en las intervenciones patrimoniales. A veces un apuntalamiento puede ser en sí mismo una propuesta formal reflexiva y coherente con la identidad de un cuerpo material y su comunidad, y creo que este proyecto abre un camino en ese sentido.

Es esta exploración de lo apuntalado que también aparece en otro proyecto, como el Escenario al aire libre de Putaendo, Una forma acústica de madera laminada y adobe en quincha.

Les invitamos a conocer más sobre el trabajo de Guillermo Olivares en www.citic.cl y www.taett.cl y en el instagram @taett_chile

Si eres alumni e[ad] te invitamos a compartir tus proyectos destacados contactandonos al correo rrss@ead.cl