Con el objetivo de involucrar estudiantes y profesionales de la arquitectura en el conocimiento y uso de la madera, Woodarch lanzó la primera versión 2020/2021 del concurso de arquitectura Yakisugi. Este busca estudiar e investigar la arquitectura de espacios habitables reducidos e introspectivos, a través de un habitáculo para dos personas que permita dormir, bañarse, trabajar, cocinar y comer.

El jurado para esta instancia estuvo compuesto por Cristián Izquierdo, Yoshifumi Nakamura, Guillermo Acuña, Verónica Arcos, Alejandra Celedón, Gabriela García del Cortázar, Cecilia Puga y Cristián Undurraga.

Dos equipos de estudiantes de pregrado en la e[ad] guiados por el profesor y arquitecto Ignacio Favilla, participaron con sus propuestas del concurso inspirado en el arquitecto japonés Yoshifumi Nakamura quien ha dedicado cincuenta años a pensar y concebir espacios reducidos, los cuales buscan promover un estado de contemplación y la concepción de viviendas autónomas, con generación solar y recolección de aguas lluvias y grises.

El certamen proponía concebir un habitáculo mínimo, en la tradición de la cabaña primitiva y el ejemplo de Nakamura, que no excediera los 50m2, para construirse “off the grid” en algún paisaje chileno de libre elección.

La construcciones se diseñaron íntegramente en madera certificada, pino radiata, madera Yakisugi, o una combinación de ambos, tanto en interior como exterior, como estructura o cerramiento (o difuminando esta dicotomía), de un modo creativo y atingente.

“El encargo de este concurso advierte la oportunidad vinculante con el territorio y el medio ambiente para una autosuficiencia progresiva de la vida. Esta situación le propone a la comunidad y a los oficios, la importancia de la autosuficiencia alimentaria colectiva y tratamiento de desechos”, comenta el profesor Favilla quien está constantemente apoyando y animando a sus estudiantes a participar para poder enfrentarse a nuevos desafíos como ejercicio de diseño.

Unidad primigenia: Lewfü Ruca (o La casa del Río)

El primer equipo compuesto por Joaquín Fernández, Ignacio Urbina, Rodrigo Daine, Sebastián Espinoza situó su participación en Futaleufú, una comuna ubicada en plena zona cordillerana chilena en la región de Los Lagos. El río que lo atraviesa provee diversas ventajas como el abastecimiento hídrico y el desarrollo del turismo ecológico-deportivo.

“El punto radial del proyecto es articular el estilo de vida, la autosuficiencia y la sostenibilidad “Off the grid”, de modo que se genere una simbiosis de vida, trabajo y estudio, considerando a la contemplación como parte de habitar el lugar y hacer vida”, señala Joaquín.

“Creamos una arquitectura elemental, con forma de dos aguas, en semejanza al galpón de la zona y el fuego central de la vivienda mapuche; transmitiendo un ambiente típico y comunitario. Por otro lado, en su diseño, presenta al espacio intermedio, el alero como articulador, entre la integración del oficio con el medio natural y el sistema energético”.

La casa del río abre sus extremos longitudinales para dar paso a la luz y al paisaje de Futaleufú. Cada uno de los recintos; el estar, la cocina-comedor, la sala de estudio y el baño son permeables a este. Y el dormitorio en resguardo, se integra desde el altillo.

En la repetición de una cercha, la estructura de madera, está cubierta de planchas de Osb al interior, conformando líneas simples. En el exterior el uso de la madera Yakisugi, cobra protagonismo en la cubierta, con sus líneas diagonales que arriostran el proyecto.

Habitar en lo contemplativo: Casa Linterna

El segundo equipo que presentó una propuesta de habitáculo situada en la Playa Chica de la costa de Quintay, región de Valparaíso, está compuesto por Margarita Ramírez, Nicole Lopez, Nicolás Morales y Evelyn López.

Esta zona tiene una formación geográfica de roqueríos, valles y hondonadas, respondiendo su ocupación rural a una situación de viviendas aisladas, rodeadas de arboledas. Es en este planteamiento territorial la Casa Linterna propone un habitáculo contemplativo orientado al borde costero y potenciando la naturaleza como parte del habitar, en una estancia de transparencias, maximizando así su condición mínima.

Los estudiantes diseñaron un habitáculo mínimo de 3.3x 8.9mt. emplazado sobre pilares hormigonados, bordeado por una terraza de madera, cuya función de acceso y balcón proveen la diversificación del volumen sencillo.

El módulo posee una estructura de tabiquería de madera pino radiata, volumen que a su vez es revestido con madera Yakisugi en fachadas. En su perfil, dos aguas interceptadas por un lucernario-buhardilla que permite una mayor iluminación del altillo y dormitorio, dividiendo el estar de la cocina por medio del núcleo húmedo.

El proyecto propone diversas estrategias bioclimáticas contemplando su clima cálido-templado y proximidad costera. Entre ellas están el ahorro de agua mediante la recolección, extracción y el reciclado de aguas; la reducción del gasto energético con el uso de paneles solares en su cubierta y la climatización a través de estrategias pasivas en su interior, tales como su orientación Norte para un mejor asoleamiento y la implementación de ventilación cruzada perimetral y efecto chimenea en la verticalidad.

Puedes revisar los proyectos de otros participantes y los ganadores del concurso en este sitio web.