Raúl Besoain egresó hace 25 años de Arquitectura en la PUCV y desde entonces su quehacer transita entre la pintura y el desarrollo de proyectos inspirados en “el paisaje de la ciudad antigua y el paisaje colorido de la ruralidad”, entre los que destaca las intervenciones para el mejoramiento del espacio público que llevó a cabo en el pintoresco poblado de Santa María en la Quinta Región, en 1996, experiencia que recuerda con enorme satisfacción.

Mezclando vida de campo y de ciudad, junto a la arquitecta Gisselle Zernott Ainzua, llevan el estudio consultor de arquitectura independiente Bahiapatrimonial Arquitectura , con el propósito de levantar obras en el ámbito de la vivienda y edificios de pequeña escala. Desde allí consiguen financiamiento, diseñan y escanean la historia y el estado de conservación de edificios antiguos, para después proponer e intervenir, “construir adaptando los espacios a los nuevos usos, cuidando de mantener aquello esencial de cada edificio”.

Como estudiante de nuestra Escuela, participó de las travesías de Caleta Llico (Chile, 1989), Cochicó (Argentina, 1990), Juan Fernández (Chile, 1991), Lo Valdés (Chile, 1994 como invitado), Formoso de Araguaia (Brasil, 1995) y la celebración de los 40 años en Ritoque.

De acuerdo a lo personal y laboral, ¿En qué te encuentras actualmente?

Por la pandemia y las circunstancias de nuestro país, junto con adaptarnos a las nuevas dinámicas, también cuidando de mantener el quehacer en paralelo de la arquitectura con la pintura.

Desde 2018 he sido consultor BID (Banco de Desarrollo Iberoamericano) lo que nos permitió ampliar la red de arquitectura y hoy trabajamos en una nueva propuesta de taller en B3 Arquitectes que tiene que ver con “la habitabilidad de espacios hospitalarios bioclimáticos”. Este taller lo llevo en conjunto con la arquitecta Maite Bravo (doctora en energías bioclimática de la Universidad Politécnica de Cataluña) y al arquitecto y exalumno e[ad], Erich Birchmeier (Maestría en Diseño de Hospitales de la Universidad de Viena).

Con Bahiapatrimonial Arquitectura seguimos diseñando obras en la zona.

Y por último desde el lápiz, la tinta y los óleos, llevo siete años trabajando en conjunto al colectivo de grabadores Casa Plan y acabo de terminar una exposición abierta al espacio público llamada “Paisajes Pandémicos”.

¿Cómo describirías tu experiencia como estudiante de la e[ad]?

Como estudiante, recuerdo que los talleres fluyeron muy bien. Extracurricularmente pude desarrollar un registro fotográfico de cultura del cuerpo, por encargo de Manuel Casanueva, una planimetría del aula viga exglobo, por encargo de Fabio Cruz, y la creación del juego del tricono, junto a Andrés Garcés.

¿Qué destacas de la escuela?

La relación de la palabra con la obra, pero sobre todo quisiera destacar el proceso actual que tiene la escuela, en esta apertura e interés hacia los exalumnos. Como decía Alberto Cruz, “el pueblo de palomas”; talentos propios que se han esparcido por todo el mundo. Imposible de olvidar que finalmente todos somos el mismo cuerpo.

¿De qué manera el paso por la e[ad] marcó tu desarrollo profesional?

Me enseñó a establecer todo, mi base teórica, principalmente mediante la música de las matemáticas, con ella aprendí a construir teoría a través de axiomas y supuestos. Con Manuel Casanueva aprendí lo cúbico y su lenguaje; con Bruno Barla, habitar la pendiente; con Favio Cruz, la santidad de la obra; y con Patricio Cáraves, la constancia y el detalle de cada una de ellas. Sin olvidar a Godo y Alberto, que eran energía, dibujo, espíritu y la palabra.

¿Cómo visualizas el despliegue del oficio en el que te desarrollas en 10 años más?

Con todos los avances digitales, veo un quehacer fluido de la arquitectura, todo muy horizontal, en donde se juntarán saberes y equipos por proyecto, más que estudios y oficinas rígidas. Imagino el habitar desde lo esencial y dinámico, abarcando la migración como un fenómeno mundial y propuestas hacía el cuidado del planeta.

¿Hay algún concurso en el que hayas participado, algún premio que hayas ganado últimamente o algún proyecto que quisieras destacar?

En cuanto a obras a destacar, me gustaría mencionar tres. Por un lado está “Puerto Claro”, la restauración e intervención en una ruinosa casona en la esquina de calle Papudo con Subida Concepción, en Valparaíso. De este proyecto destaco la relación que construimos entre lo contemporáneo y lo patrimonial. Y por otro lado dos edificios habitacionales: primero Ferrari, que con sólo diez departamentos, todos distintos, en un terreno 350 mts2 y en una pendiente aguda, nos llevó a realizar complejas obras de construcción; segundo el edificio Ramos de vivienda a escala “casona antigua”, con sólo siete departamentos en Calle Bernardo Ramos cerro Bellavista, todos diferentes unos de otros, que regala un distingo a la cuadra. Lo que más destaco de estos dos edificios, es que se construyeron sobre sitios eriazos de la misma manzana, permitiendo así recomponer el grano barrial.