Tras el estreno, Xhinno Leiva, documentalista de «En el amable azul», invita a construir un prólogo para Miguel Eyquem.
El sábado 22 de agosto a las 15:30 horas, estrenamos el documental del arquitecto y ex alumno de la escuela, Claudio Xhinno Leiva «IN LIEBLICHER BLÄUE / EN EL AMABLE AZUL: conversaciones con Miguel Eyquem». La presentación fue transmitida vía streaming por guiada por Jorge Ferrada y contará con la participación del Claudio Xhinno Leiva y Miguel Eyquem, para luego dar paso a la proyección de la pieza cinematográfica.
Luego de visualizar la obra, los invitamos a un acto colectivo, que concluirá el domingo 30 de agosto de 2020. Habitualmente al final de una Obra, sea esta literaria o cinematográfica, aparece el epílogo que viene a relatar los puntos culminantes de la Obra, ofreciendo un resumen general de los contenidos. Esta vez se trata de sostener un nuevo comienzo, convertido en presente o regalo a Miguel. Se trata de un testimonio que cada uno de nosotros está invitado a realizar a través de esta plataforma*, cuya única exigencia está en ser un texto de no más de una carilla, que permita de modo común construir un prólogo a la nueva Obra de Miguel, un libro que trata sobre sus pensamientos y su Obrar. Pensar es una operación de la Mano. Manos a la Obra. Sean bienvenidos.
*bajo esta noticia hemos habilitado una sección de comentarios donde podrán dejar sus textos.
VERSIÓN EN ESPAÑOL
IN LIEBLICHER BLÄUE / EN EL AMABLE AZUL
VERSION EN FRANCÉS
IN LIEBLICHER BLÄUE / EN BLEUITÉ ADORABLE
https://vimeo.com/447641635
Teaser
Presentación / Xhinno Leiva
Escuché alguna vez a Alberto Cruz decir «que lo hermoso de las Obras, es que ofrecen una simultaneidad de puntos de vista y podemos acceder a través de ellos, a esa condición humana del hombre de pensarse a sí mismo». Creo que esa condición specular de pensarse a sí mismo, deviene de la naturaleza dialógica del logos ( λóγος ), que separa, escoge y reúne lo que se copertenece. Tal función del logos, que determina y delimita los fenómenos y los somete a una unidad en la lengua, es el «recuerdo».
La palabra recordar viene de la raíz latina cordis (corazón). Pero en latín cor, cordis no era la sede de los sentimientos, sino el asentamiento físico de la mente. Es interesante notar la relación de recordar (con el cor, cordis latino) con el par cœur (de memoria) del francés o con el inglés learn by hart (aprender de memoria). De ahí que recordar significa etimológicamente “volver a pasar por el corazón”, es decir, por la mente.
Esto es lo que yo llamaría ponerse en acto de reflexión frente a una Obra, en la libertad de pura presencia de espíritu. Lo que en las doctrinas filosóficas orientales llaman alcanzar el Satori (iluminación) a través del Mu (sin, vacío).
Se modela la arcilla
para hacer la vasija
pero de su vacío
depende el uso de ella
en el Ser centramos nuestro interés
pero en el No-Ser existe su función
(Dào Dé Jing)
La esencia es la función de la apariencia, nos enuncia el Tao. «Lo esencial es invisible a los ojos» nos decía Antoine de Saint-Exupéry, un conocedor del aire, un explorador, como Miguel Eyquem.

Varios años atrás en 1978, otro explorador, el entomólogo Luis Peña Guzmán, le encarga a Miguel, su entrañable amigo, el diseño y construcción de su casa en Colina. Un proyecto difícil de encarar por la voluntad de «Lucho» Peña de dar existencia al Instituto Juan Ignacio Molina.
Este documental no pretende ser una fotografía de la obra, sino el camino (道 dào) que conlleva una reflexión que revela su origen a través de múltiples destellos. Ensamblados. Al mismo tiempo. Todo junto. Pero donde «jamais le tout ne puisse apparaître entièrement à découvert»* como formula François Fédier, es decir, el todo es la simultaneidad de aquello que vemos y lo que no vemos, con sus secretos. Mas en la Obra de Colina, el “todo junto”, ensamblado, no es el Total, pues en ella su carácter fragmentario es el que revela, y en su revelar pone de manifiesto la epifanía del Universo y del pensar.
Pensar, es un oficio de la mano(s). Pensar es un «hand-werk» decía Heidegger. Es claro que cuando caracteriza el pensamiento, por tanto, el habla, como un Handwerk, Heidegger interpreta a aquella mano que produce obras. Este documental expone un modo de pensar, y cómo ese modo de pensar (con las manos), proyecta la construcción de una Obra, a la luz de un poema de Hölderlin (In lieblicher bläue). Mi deseo es que, a partir de este trabajo, se fecunden nuevos puntos de vista a pensar, a partir del intento de develar algunos secretos sobre el origen de ella. Pero la película, como toda obra, guarda otros.
(*) “jamás el todo puede aparecer enteramente al descubierto”

Una reflexión sobre este documental / Isabel Margarita Reyes
Lo primero que nos detiene es la palabra «reflexión»: una imagen en un espejo, un eco, una resonancia,… Pues la historia que se relata se da, hoy, en la conjunción de 3 obras: la del entomólogo, la del arquitecto y esta película. Al centro, Miguel Eyquem, el arquitecto que realiza la casa en Colina donde refleja la extensión en levedad de la mariposa del entomólogo y, al otro extremo, Claudio Leiva, que recoge en imágenes y sonido esa relación espejada. Una obra acoge a la otra, en ese pensar en multiplicidades de Miguel, donde ellas consuenan en la libertad que, saltándose los códigos, va en búsqueda de la perfección. Pues, «…un espíritu grave surge al interior de lo diverso…», grave de gravedad. Colocarse en un límite, un equilibrio económico perfecto, desde la observación de la naturaleza. Así, las obras, aquí, se funden en ese azul de la lejanía, allá, cual un ojo que se sale de su órbita para elevarse: el ojo de Miguel. Tal vez, por ello, el film muestra su rostro a contraluz partido por una rasante que deja una mitad en sombra y la otra iluminada.

En el amable azul / Friedrich Hölderlin
En el amable azul florece con el metálico techo el campanil. Lo circundan los chillidos de golondrinas en vuelo, lo envuelve el más conmovedor azul. El sol lo domina e ilumina las láminas, pero en lo alto la bandera quieta canta en el viento. Y si alguno desciende esas escalinatas bajo la campana, hay una vida en la quietud, pues cuando la figura está tan aislada, entonces la ductilidad del hombre emerge. Las ventanas desde donde resuenan las campanas son como puertas ante el umbral de la belleza. Es decir, puesto que las puertas son ahora como la naturaleza, semejan los árboles del bosque. Pero pureza es también belleza. Un grave espíritu surge al interior de lo diverso. Y tan simple sean las imágenes, sagradas son también, que uno teme describirlas. Los Celestes, empero, siempre benignos, tienen todo a la vez como quien es rico, virtud y felicidad. Es válido que el hombre los imite. ¿Es lícito, si la vida es puro cansancio, que un hombre se asome a mirar y diga: así quiero ser también? Sí. Hasta que la gentileza, pura, se conserve en su corazón, el hombre no se mide infelizmente con la divinidad. ¿Es desconocido Dios? ¿Es manifiesto como el cielo? Esto creo, más bien. Del hombre es la medida. Colmado de méritos, pero poéticamente, reside el hombre sobre esta tierra. Pero la sombra de la noche con las estrellas no es más pura, si me es dado decirlo, que el hombre, que imagen de la divinidad es llamado.
¿Hay sobre la tierra una medida? Ninguna hay. Pero de hecho los mundos del creador detienen la marcha del tono. También una flor es bella, pues florece bajo el sol. A menudo el ojo en la vida criaturas halla que necesitaría llamar de forma más bella que a las flores. ¡Oh, lo sé muy bien! ¿Entonces sangrar en la persona y en el corazón, y no ser más, gusta a Dios? Pero el alma, como creo, debe permanecer pura, de otro modo alcanza al Potente liberándose en las alas del águila con cantos de alabanza y con la voz de muchas aves. Es la esencia, la forma. Oh, bello arroyo, pareces conmovedor, mientras fluyes claro, como el ojo de la divinidad a través de la Vía Láctea. Yo te conozco, pero de mis ojos surgen lágrimas. Una vida serena veo florecer en las figuras de la creación que me circundan, y no es error que las compare con las solitarias palomas en el cementerio. Pero la risa de los hombres parece afligirme, lo que indica que tengo corazón. ¿Quisiera un cometa ser? Así lo creo. Pues tienen la rapidez de las aves; florecen al fuego y son como niños en la pureza. Desear algo más grande la naturaleza humana no puede arrogarse. La serenidad de la virtud merece también ser alabada por el grave espíritu que aletea entre las columnas del jardín. Una hermosa virgen debe ceñirse la cabeza con flores de mirto, porque su naturaleza es simple, y simple en el sentimiento. Pero sólo en Grecia hay mirtos.
Si uno mira en el espejo, un hombre, y ve su imagen, como pintada; es como el hombre. Ojos tiene la imagen del hombre, mientras tiene luz la luna. El rey Edipo tiene tal vez un ojo de más. Los dolores de este hombre indescriptibles, inexpresables, inefables parecen. Es por esto que el drama lo representa. ¿Pero por qué es que yo te pienso ahora? Como arroyos me lleva el fin de algo que se extiende como Asia. Este dolor, naturalmente, lo prueba Edipo. Es por esto, naturalmente. ¿También Hércules sufrió? Ciertamente. ¿Y en su amistad los Dióscuros no han sufrido el dolor? Luchar como Hércules con Dios, esto es dolor. Y la inmortalidad en la envidia de esta vida, deberla vivir, es dolor también. ¡Pero también esto es dolor, cuando el hombre se halla cubierto de manchas de sol, enteramente recubierto estar! Esto hace el bello sol: de hecho, todo esto educa. Con la seducción de sus rayos, como con rosas, la órbita atrae a los jóvenes. Los dolores padecidos por Edipo parecen los de un pobre hombre que se lamenta de lo que le falta. ¡Oh, hijo de Layo, pobre extranjero en Grecia! La vida es muerte, y también la muerte es una vida.
