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Cuando cerrábamos el año académico 2019, al inicio del 2020, sabíamos por las circunstancias vividas en el país que su continuidad sería difícil. Lo decíamos por lo que estaba ocurriendo en nuestros propios límites políticos.

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A lo lejos, casi imperceptible, una nube negra avanzaba.

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Antes de despedirnos con gran entusiasmo, planteamos proyectos, rellenamos formularios, redactamos nuestros objetivos, en búsqueda de financiamientos para cumplir lo dicho: Unos meses más estaríamos celebrando nuestros primeros 50 años de la carrera de Diseño de Nuestra Facultad.

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Una de las alternativas que barajábamos era convocarnos en la Ciudad Abierta, profesores, estudiantes, egresados y amigos, dar cuenta de nuestro origen, de sus fundadores y fundamentos de nuestra historia señalada por hitos, de nuestro transcurso y presente.
Otra, un diálogo con nuestros pares, colegas y amigos generado en el tránsito de esta vecindad Americana. En las Universidades de Córdoba o Río de Janeiro. Visualizamos como factible, y sigue estando ante nuestra mirada, una Travesía conjunta de todos los que conformamos este cuerpo presente del Diseño.

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La nube se hizo presente, llegó, no solo se posó sobre nosotros sino que entró a nuestras casas y nos encerró de un portazo. Se abrieron las pantallas y reaparecimos en pequeños formatos como mural de condenados.
Hemos permanecido así por meses ¡y seguiremos otros más!

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Nuestro entusiasmo es mayor a las circunstancias, ¿Cómo renunciar, cuyo nombre del taller es: Diseño de Celebración?
Algo ganamos, [tiempo extra]
Al iniciar el taller, invitamos a otros a dialogar para confrontar nuestros quehaceres. Pioneros que han abierto camino en otro continente, nombrando de manera distinta lo que nosotros hacemos en Ronda, entre pares, en nuestros talleres, con la palabra poética, bordeando el camino del oficio y de este continente americano. Ellos, diseñadores que por los años 90 nombraron Food Design, abriendo nuevos campos de estudios. Un aparecer que incorpora diferentes ópticas, armando equipos multidisciplinarios.
Significativo destacar la conciencia alimenticia, cuerpo, medio ambiente, tecnología, investigación científica e innovación, producción, diseño de relaciones cognitivas y emocionales con los alimentos. Comunicación, arquitectura, diseño de herramientas (relación con sus usos), técnicas y artes gastronómicas y el insospechado conocimiento culinario.

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En nosotros, por años una actitud de persistencia en la observación sobre los actos humanos, pues -la peripecia se madura a sí misma y madura a la obra recogiendo las determinantes de ésta-, así un acto trivial (comer), se transforma en una lección que concibe y a la vez admira lo concebido.
Este permanente preguntarse y observar -que tiene como protagonista la presencia de la gestualidad humana, sus actos en vínculo con los objetos, el espacio y otras personas – permite diseñar las condiciones para que el acto celebrativo abra la posibilidad de otorgar diseño a “espacios” en lo que normalmente no está presente el oficio.

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En esta prolongada permanencia en casa iniciamos desde el día a día, con el alimento que se prepara y consume, infaliblemente tres veces al día (los más afortunados)
El plato que ubico ante mi para sentarme a la mesa, debe volver a ser mirado y comprender que posar los alimentos es una voluntad construible llena de sentidos
Hubo que escudriñar en los recursos básicos existentes. Incitar a las manos para unir, pensar y hacer. Lo que no sale en palabras es visualizado en forma.
Un formato papel carta fue nuestro soporte y medida fecunda de comunicación
Podemos visualizar, aproximarnos a una propuesta “proyectar”, la podemos medir, pero indudablemente, hay algo que se nos fuga, esto requiere mayor esfuerzo. Está el pálpito pero no el palpar.

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Abandonar el plato y los utensilios no es un capricho, es la ausencia de la mesa, es permanecer ante otros reunidos y acontecidos.
Llegar a un objeto contenedor de materialidad consumible, degustable, proponer un tiempo, un escueto tránsito por las emociones.
Arrancar ese suave murmullo complaciente: Hmmm…
Proponerlo, matriciarlo (garantía de muchos) , elaborarlo, exponerlo en un nuevo campo espacial y sostenerlo allí ante otros.
Ésto fue nuestro primer módulo.

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Si exponerlo fue fijar en un campo o soporte; éste no tenía piel. Esta superficie es intervenida desde la propuesta gráfica del logo de los 50 años que formula Manuel Sanfuentes y que Herbert Spencer interviene digitalmente -50 voces polifónicas- toman color y dan forma y posición a nuestras propuestas.
Ya no objeto plato.
Bocado es la palabra, esa porción pequeña para llevarse a la boca de una vez, dos o tres por complacencia, de ese ojo curioso e insatisfecho.
Diseñar en la posibilidad de cientos o miles, formular cantidad y distingos, proponiendo secuencias, diversos, pero no únicos.

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Serán esparcidos, fundidos y confundidos en la trama gráfica que los sostiene y expone. Esquivando o abrazando textos, dibujos, fotografías. Un soporte a desvelarse sin tener claridad ante qué o quiénes.
Beber y comer es sinónimo de celebrar. Éste primero, el que debe incluirse como posibilidad más ante este pequeño objeto / bocado, o bien distinguirlo para indicar el ritmo o secuencia del brindis celebrativo.
En bosquejos, en pliegues y repliegues de papel indican lo insaboreable; solo es la garantía de palabras adecuadas, en una mezcla y orden que nos pueden salivar la certeza de ellos.
Ésta es la segunda aproximación que debate la anhelada invitación hecha a fines de Enero.


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Sin trasgredir decretos de ley o reglamentos que el país impone, nos proponemos garantizar una propuesta. No en el momento actual sino ante un temor que demorará mucho tiempo en disiparse.
En el resguardo del otro, es la primera hospitalidad del diseño.
La propuesta inicial persiste en aunar acto celebrativo / exposición como una sola realidad.
Es ahora el intento desde un cierre u ocultamiento en columnas o prismas resguardando el brindis inaugural. Bocado con tramas y tramas con texto, e imágenes.
Leamos desde lejos, comamos y bebamos protegidos y a distancia.

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Tal vez es muy temprano para liberarnos de las imágenes sanitizadas con que la pandemia nos cubre y viste.
Nuestros rostros desaparecieron, se hace necesaria una construcción renovada – poética. Nuevas máscaras a la manera del teatro griego, sobreponerlas para dar seguridad, cuidado del otro y de nosotros mismos, que permitan atrapar los afectos y alegrías para traer de vuelta la fiesta. Tan esquiva en estos momentos.

Abrazos a todos.

Profesores:
Ricardo Lang
Eloísa Pizzagalli

Estudiantes: 
María Josefa Alcántara
Florencia Cusicanqui
Sofía Díaz
Luna Fuenzalida
Camila González
Javiera Prado
Gonzalo Rojas
Catalina Torres