Para toda la comunidad universitaria esta pandemia causada por el COVID-19 ha provocado primero shock, desconcierto, incertidumbre y por supuesto, reflexiones que por una parte buscan respuestas y por otra, abren caminos.

Nuestros profesores han sostenido su labor docente, enfrentándose a las nuevas condiciones y exigencias online, que distan bastante de la tradición en nuestra escuela. La relación maestro-aprendiz en la práctica aparentemente se ve amenazada, y a su vez se abren nuevas formas de traernos a presencia.

Los cambios de paradigma implican dificultades, pérdidas y también aprendizajes. Invitamos a nuestra comunidad académica,  ex alumnos y estudiantes a compartirnos sus reflexiones y a participar activamente en el hacer universidad: en la peripecia del pensar.

Compartimos con ustedes reflexiones de Arturo Chicano, diseñador de objetos y docente e[ad], en torno a la pandemia, educación y los tiempos difíciles.

Reflexión en pandemia

El día de ayer, envié a los profesores de diseño una reflexión en torno a los acontecimientos presentes y puesto ello en vista a la celebración de los 50 años de la carrera de diseño. Me han pedido que les lea a todos a través de este medio y cumplo entonces con aquello.
Así dice el texto enviado por WhatsApp.

Queridos amigos:
Pensaba ayer que la Segunda Guerra Mundial demoró seis años. Durante ese tiempo las universidades europeas mantuvieron, o hicieron el intento, de sostener el estudio universitario. En ese entonces no existía el concepto online como hoy lo entendemos. Los profesores, con suerte, se reunían con sus alumnos en algún sótano para poder estudiar entre bombardeo y bombardeo.

También en los campos de concentración los judíos apresados trataban de mantenerse pensando. En esa época un grupo no menor de sabios de su tiempo murieron. Una generación completa de estudiantes universitarios murió en medio de las más feroces batallas acontecidas en la historia humana. Leí cuando era joven que en un campo de concentración llamado Treblinka, en algún lugar de Polonia, un grupo de profesores universitarios mantuvo un debate sobre el átomo y su energía: se enviaban sus cálculos escritos en trozos de papel con el permanente riesgo de ser descubiertos y morir. Lo que acontece finalmente.

Historias de la universidad sostenida en situaciones complejas existen por cientos. Me imagino que el estrés que una guerra provoca debe ser inigualable. Durante los últimos diez años, nuestros estudiantes universitarios han concebido su formación en falta. Algo de nuestro sistema está aparentemente o realmente en falta, o en deuda. Es probable que así sea en muchos aspectos ¿Acaso la vida misma siempre se manifieste falta de algo? Heidegger nos dice que somos “arrojados” al mundo, me parece desde esa perspectiva que claramente somos seres en falta, pendientes si se quiere, claramente iniciales, primarios.

Me imagino también que la observación es de ese mismo modo, se inicia faltante de todo, no hay nada que la oriente sino sólo la persistencia. El vacío de la primera clase, el desconcierto de no saber qué dibujar o que escribir. Es más, cada obra que realizamos es del mismo modo, puro intento. Aprendí en esta escuela y de mis maestros, que no existían condiciones favorables, nunca. Es más, el solo hecho de iniciar algo era una dificultad en sí. Al parecer, cualquier acción creativa se enfrentaba siempre con una dificultad .

Mucho de esa visión llevó a las travesías, mucho antes de que pudiésemos o debiésemos asegurar todo, se trataba primero de salir, con un cierto cálculo, claro está, pero un calculo para poder asumir un cierto desconocido. El diseño nacido en nuestra escuela en los años setenta pertenece también a esa dimensión discreta y estoica de un país sin industria (tal vez en esos años mucho más industrial que hoy).

Pero, una industria tan básica que era posible encontrar dentro de una enceradora un interruptor eléctrico de esos que usamos en nuestras habitaciones para apagar y prender la luz, ese mismo se usaba a modo de contactor eléctrico dentro del aparato. La palabra ingenio se yergue en los momentos difíciles, el ingenio no es solo fruto de la contemplación sino también fruto de la confrontación , de la urgencia que llama a la peripecia del pensar.

Pensaba también en que todas las generaciones viven su crisis. Pero para vivir la crisis, es necesario asumirla como tal, ponerla en frente, otro modo es la retirada, dejar que la crisis pase, esconderse en el sótano y esperar que la bomba no aterrice sobre mi techo. Hay muchos modos de llevar a cabo lo que entendemos como universidad, muchas maneras de concebirla, pero un solo modo de sostenerla , ello es haciendo aquello a lo que hemos sido llamados a hacer y esto es fundamentalmente formar.

Pensaba también en cuanto puede durar esta crisis, tal vez en el mejor de los escenarios hasta el mes de agosto, y quién sabe pues como hablamos de un virus del que aún conocemos muy poco, podríamos llegar hasta final de año. Lo cierto es que debemos esperar entonces hasta que la ciencia encuentre una vacuna , promedio para ello ?, un año y medio ; una cosa es crear la vacuna, otra probarla y otra producirla , tiempo y más tiempo.
La pregunta de nuevo es: cómo sostenemos lo que tenemos por tarea universitaria en un tiempo de esta naturaleza ?
El invento es ese, ¿tiene dificultades? Claro que las tiene, ¿qué emprender no tiene dificultades?

Creo que para quienes son profesores de esta escuela, tanto para los mayores como para los más jóvenes, debe permanecer en nosotros aquello que siempre ha sido parte de nuestro pensamiento como carrera, la temporada. El diseño es constructor de tempo, inventa , crea las condiciones de la temporada. Ese modo de pensar temporal es lo que llamamos acto, el acto es tiempo ,lo que no está se hace aparecer presente, lo que aún no es, logra ser.

Eso es lo que enseñamos en esencia y perder ese horizonte siempre es posible, perder es parte de lo faltante, parte de nuestro ser arrojado, nuestro ser que se queda desnudo. Sin embargo, el diseño viste, da forma, hábito para que la temporada exista.
La pregunta entonces es: ¿Cuál es esta temporada ? ¿Qué tiempo es el que se ha de construir?

No deja de ser interesante que el diseño en nuestra escuela cumpla cincuenta años en medio de este tiempo de pandemia y que aquello que motivó al “arrojo” de una generación de profesores a crear las carreras de diseño, pueda ser testimonio y estímulo para sostenerlo hoy en tiempos difíciles.

Un Abrazo a todos y que el destino despierte mansamente.