La Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM) y la Universidad de Santiago de Chile (USACH), organizaron un ciclo de “Coloquios en Crisis” para abordar desde distintas temáticas las demandas sociales. Estas instancias buscan reflexionar en torno al ejercicio de las profesiones a partir del estallido social y el nuevo Chile.

El jueves 9 de enero se llevó a cabo el cuarto coloquio “Espacios Educativos” que se abordó desde la arquitectura, en donde participó Úrsula Exss, arquitecta y docente de pregrado y magister e[ad]. Participaron también Claudia Torres, arquitecta de la Universidad de Chile; Colectivo Anomalía, estudiantes de la UTEM que realizan talleres lúdicos de arquitectura con escolares; y Fundación Patio Vivo que plantea metodologías participativas interdisciplinarias aplicadas al diseño de patios escolares.

Úrsula presentó un aspecto de su línea de investigación asociada a su tesis doctoral, la cual se centra en estudiar  los espacios educativos con perspectiva histórica y teórica. Planteó la importancia de abordar el estudio de problemáticas transversales al diseño de escuelas en un marco temporal amplio, dentro del cual se puedan identificar características (formales, funcionales o estética) del espacio escolar. Ello porque los espacios resisten en el tiempo, dado que están arraigados a una cultura colectiva educativa y también arquitectónica, las cuales necesitamos comprender en profundidad para poder contribuir a sus  nuevas formas.

Problemáticas transversales

Un ejemplo puede encontrarse en el desafío pedagógico de la educación centrada en los estudiantes. Las pedagogías activas tienen un desarrollo de más de 100 años alrededor del mundo. No obstante, esta problemática tiene total vigencia al día de hoy en nuestra educación pública, independiente de los matices con que se discute en la actualidad. Las pedagogías activas no sólo plantean un desafío curricular y a las prácticas pedagógicas, sino también al diseño de espacios educativos que resulten favorables para el aprendizaje activo.

En Chile ya en tiempos de la reforma educacional de 1965, la demanda política por la democratización de la educación, hizo parte a la arquitectura. Primero porque había que dar respuesta al enorme déficit de aulas a lo largo y ancho del territorio: había que construir escuelas para que los niños pudiesen escolarizarse. Segundo porque el nuevo currículo tenía la tremenda ambición de volcarse sobre las conductas (como se decía entonces) y ya no en los contenidos. Esta transformación, la arquitectura la interpretó en modificar las proporciones del aula: pasó de ser rectangular alargado a una planta cuadrada. La apuesta fue que esta nueva proporción, además de ser económica, permitiría diferentes configuraciones pedagógicas.

Construir salas cuadradas por todo Chile, requirió desarrollar nuevos sistemas constructivos en base a los materiales disponibles en aquella época. Este desafío técnico-constructivo fue un desafío global ampliamente discutido y difundido. Pero ¿ese esfuerzo logró efectivamente impactar en la relación profesor-estudiante? El espacio no era una demanda desde las prácticas docentes en ese entonces y, en muchos casos, todavía no lo es. «Hoy si visitas esas salas y la configuración continúa con el pizarrón al frente y las sillas frente a la pizarra. La sala cuadrada sigue posicionada en los criterios de diseño eficiente de espacios educativos chilenos, pero la dinámica profesor-alumno está centrada en la figura de una cátedra. Abordar el diseño del aula requiere de un diálogo profundo entre educadores y arquitectos, que aborda el diseño como una tarea conjunta, que contempla y valora la cultura escolar tanto como el potencial del espacio como un elemento participante de la experiencia del aprendizaje”, señala Exss.

Los desafíos actuales

Los expositores plantearon como principales desafíos actuales, la investigación interdisciplinaria y la vinculación entre las investigaciones académicas, el diseño y las prácticas educativas, considerando metodologías participativas.

Según la académica, la circunstancia del proyecto de arquitectura abordado de forma participativa es fundamental. Al involucrar a la comunidad (apoderados, profesores, alumnos), indudablemente se enriquece el proyecto arquitectónico. Es un elemento positivo para los diseñadores y también para los miembros de la comunidad escolar, ya que al participar del proyecto, quienes utilizarán finalmente el espacio, pueden visualizar y hacer conscientes las potencialidades que propicia, interpelando a las culturas escolares pasivas fuertemente arraigadas en nuestras escuelas todavía.

Puedes revisar el video completo del Coloquio aquí.