Cada año celebramos la Semana Universitaria en la que los estudiantes antiguos reciben a los de primer año. Los talleres de Arquitectura y Diseño se abocan de lunes a jueves en faenas de la tradicional Farándula, para culminar el día viernes con un Pasacalles por Valparaíso. Este año se realizará del próximo lunes 22 al viernes 26 de abril y el tema que nos convoca es el Mito Tehuelche de Choiols.
Para quienes aun no lo conocen, invitamos a leer a continuación La leyenda de la cruz del sur, de Mario Echeverría Baleta.

“Una tarde, hace muchísimos años, un grupo de hombres estaba cazando con boleadoras e iban tras el rastro de un gran ñandú que se les venía escapando desde hacía tiempo. Muy arisco, no bien presentía la presencia humana huía velozmente hasta quedar fuera del alcance de sus perseguidores. Esa tarde en particular acababa de llover y entre las nubes había salido el sol que se iba poniendo lentamente.

Los hombres lo fueron cercando, pero el ñandú se escapó otra vez y enfiló hacia el sur. Los cazadores corrieron tras de él, arrojándole flechas y boleadoras. Pero ninguna pudo alcanzarlo.

La persecución siguió. Más allá, sobre el filo de la meseta, hacia donde se dirigía el ñandú, el sol había pintado un hermoso arcoiris. Justo en ese momento, el más ligero y resistente de los cazadores, llamado Korkoronke, se acercó bastante. Pero el ñandú astuto, sabiéndose acorralado en el borde del abismo, giró bruscamente y, como si se lanzara al vacío, apoyó una de sus patas sobre el arco iris que surgía justamente desde allí, y empezó a trepar por ese camino de colores con sus largas y elásticas zancadas.

Korkoronke lanzó su boleadora de tres bolas en un último y desesperado intento por atraparlo. El viejo ñandú hizo un paso al costado y las boleadoras pasaron de largo. Así escapó para siempre de sus cazadores quienes, al volver esa noche tuvieron que soportar las burlas de todo el campamento. Nadie les creyó la fantástica huida del ñandú por el camino del arco iris. Cuando cayó la noche el cielo les dio la razón, porque vieron brillar varias nuevas estrellas.

Dicen las abuelas tehuelches que una de las huellas que el ñandú dejó en su carrera sobre el arco iris quedó para siempre grabada en el cielo, dibujada con cuatro estrellas. La llamaron choiols, que significa “huella de ñandú en el cielo“. Esta constelación no es otra que la cruz del sur, el inevitable punto de referencia de todos los caminantes y marinos del hemisferio austral. Korkoronke no pudo hallar sus boleadoras en el suelo. Pero las descubrió en el cielo, convertidas en una nueva constelación que recibió el nombre de cheljelén. Que no es otra que las Tres Marías.”

Ilustraciones: Rosemarie Cerdá Cattan