A seis años de su muerte, recordamos el legado de Alberto Cruz, guiado por su obra colectiva, aquella revolución de la arquitectura a fines de los años 50 que la planteaba ligada a la poesía y el arte, vínculo que permanece vivo en nuestra Escuela.

La experiencia de “unidad de vida, trabajo y estudio” a la que dedicó toda una vida, es en la que se fundamenta la formación que desarrolló por más de cincuenta años. Para él la vida (y la arquitectura) no se podían aprender en las aulas, sino saliendo al mundo a recorrerlo.

“¿Cómo se conoce la vida? Nosotros pensamos que como la vemos a través del espacio, saliendo a la ciudad a recorrerla. No se la conoce adentro de las aulas. No se la conoce por los testimonios de otros. Se la conoce saliendo a la ciudad a recorrerla. Nuestra ciudad es un puerto sobre cerros a la orilla del mar.”

“El arquitecto no sólo vive del espacio que ve; es poco todavía. Necesita de otros espacios. De aquél que está más allá del espacio que nos rodea y que alberga nuestra intimidad. Está ese espacio que yace en la pintura en sus dos dimensiones y en la escultura en sus tres.”

Alberto Cruz, “Improvisación del Arquitecto”. Septiembre, 1959.