Este martes 11 de diciembre se llevó a cabo la Ceremonia de Entrega de Títulos y Grados de la Escuela de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

La ceremonia tuvo lugar en el Salón de Honor de la Casa Central de la PUCV y contó con la presencia de autoridades, docentes y familiares, quienes acompañaron a los 79 titulados que egresaron de las carreras de Arquitectura, Diseño Gráfico y Diseño Industrial. Asimismo, también recibieron su grado 7 alumnos que cursaron los Magíster mención Ciudad y Territorio y mención Náutico y Marítimo.

Participaron del evento el rector de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Claudio Elórtegui; el decano de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, David Luza; y el padre de la Escuela, Sergio Barría, quien dio una bendición a los graduados. También se encontraban presentes el pleno de profesores de la e[ad], además de autoridades universitarias.

Los discursos de los alumnos titulados estuvieron a cargo de María Ignacia Von Unger en la carrera de Diseño y Eduardo Arratia, de Arquitectura. De igual manera, la Red Alumni de la PUCV entregó un reconocimiento a aquellos alumnos que a lo largo de su carrera demostraron un compromiso con la Escuela y la comunidad universitaria. Recibieron este galardón los ex alumnos Camila Campos (Diseño Industrial), Rafaela Ávalos (Diseño Gráfico) y Álvaro Aedo (Arquitectura).

La celebración concluyó con un brindis y un ágape para los asistentes.

Discurso María Ignacia Von Unger (Diseño)

Saludo a las autoridades.

Mi nombre es María Ignacia von Unger Martínez, aunque la mayoría aquí me conoce como “Mana”. Soy ahora ex-alumna de la carrera de Diseño Gráfico y orgullosa graduada de esta casa de estudios. Hecha esta presentación de rigor les voy a contar que estoy aquí a petición de la Escuela para dedicar unas palabras en esta ocasión, tratando de ser una voz representativa de todos los que nos graduamos hoy.

Me sentí muy honrada cuando me dieron esta misión, pero también muy nerviosa, así que empecemos…

Luego de buscar “mi destino” un par de años después de salir del colegio, descubrí que lo que quería hacer era estudiar diseño. La idea me apasionaba pero también me provocaba un poco de ansiedad enfrentar este nuevo desafío. Mis papás siempre me enseñaron que no hay nada imposible cuando pones el corazón y tus habilidades en el lugar apropiado, así que no me quedó de otra que atreverme.

Los primeros encargos de la carrera nos hicieron dudar un poquito, no porque no nos gustaran, sino más bien porque no entendíamos nada, pero naaada. El proceso hubo que enfrentarlo con ingenio, para qué estamos con cosas. Pero a medida que avanzábamos y empezábamos a entender mejor las “formas” de la Escuela, esos fines que nos habían motivado a empezar esta carrera y que en algún momento quizás se vieron borrosos para algunos, poco a poco volvían a tener sentido.

Creo que hasta el momento, con lo que les he dicho, no he descubierto la rueda; sin embargo siento importante recordar que a lo largo de los años y como parte de nuestro aprendizaje, hemos tenido que enfrentar nuevos y apasionantes desafíos. Nunca es fácil comenzar o aprender algo nuevo, no por las exigencias de la malla curricular u otro proceso externo a nosotros, sino porque comenzar algo nuevo implica enfrentar nuestros propios molinos de viento y vencer nuestros miedos internos.

Nunca me han gustado mucho las frases “todo ha pasado demasiado rápido” o “parece que fue ayer” o alguna otra parecida, pero sí creo que hay que hacer algo con eso. Por ejemplo, tomarse el tiempo necesario para cada cosa que hacemos, aprovechar mejor cada etapa, concentrarnos en lo que realmente importa y privilegiar lo importante por sobre lo urgente.

Y aquí estamos… lo logramos.

Siento que es necesario agradecer los esfuerzos que han hecho todos ustedes, los que hoy nos acompañan, en sus respectivos roles: profesores, administrativos, ayudantes, padres, amigos, conocidos, etc. Es justo reconocer que sin la ayuda de ustedes, esto habría sido quizás aún más caótico y hasta imposible, por lo que quedamos en deuda con ustedes. Pero como por ahora no podremos “pagarles”, nos comprometemos a dar nuestro mejor esfuerzo a contar de hoy. Y del pago podremos hablar más adelante…

Creo importante rescatar y agradecer la formación de esta escuela que aparte de contenernos por 5 años (o un poco más), nos entregó herramientas valiosas para el futuro. Nos enseñó a buscar lo nuevo en lo cotidiano, a defender nuestras posturas y a nunca, pero nunca perder la capacidad de asombro.

Antes de terminar mis palabras, quisiera hacer una mención especial a las amistades, palabra tan mal usada pero a la vez tan importante y vital para el futuro de cualquiera de las personas que participamos en esta sociedad. No debemos perder el contacto entre nosotros, ya que son precisamente estas redes las que nos mantendrán siempre unidos por un tema en común.

Amigos, se vienen muchos desafíos por delante. Pero no olviden que las tareas difíciles son para personas capaces. Les deseo a todos una muy buena vida.

Éxito y a darle con todo!

Discurso Eduardo Arratia (Arquitectura)

Buenas tardes:

Rector, Claudio Elórtegui, Decano David Luza, a las autoridades, a los Profesores, a los familiares y a mis compañeros y compañeras.

Soy Eduardo Arratia Ex alumno de la escuela y arquitecto.

Hoy vengo a hablar de nosotros, de esos estudiantes de primer año de arquitectura que llegaron a la escuela sin saber cómo se enfrentarían a esta nueva etapa de la vida pero siempre con la meta clara de que seríamos arquitectos y arquitectas y aquí nos encontramos 7-8 años después, todos profesionales.

Fue un recorrido lleno de altos y bajos, cosas buenas y cosas malas ( como suele suceder con todo en la vida) pero siempre lleno de nuevas experiencias, las que nos han ayudado a ser las personas que somos hoy.

Y en el camino pasamos mucho tiempo juntos, haciendo planos, maquetas, viajando, conociéndonos en las facetas más personales, en travesía, recién despertados, tomando desayuno, trasnochados, cosas que ahora pienso y realmente me siento agradecido de poder haber vivido eso con ustedes, porque nos dimos el tiempo de conocernos. Claramente con algunos compartimos más que otros pero de alguna u otra manera compartimos.

Y eso me hace sentir que salimos de la Universidad no solo siendo colegas, sino que también siendo amigos, amigos porque nos entendimos, porque compartimos, porque discutimos, porque nos escuchamos y sobre todo porque nos respetamos.

Y esto es algo que se fue construyendo día a día, en el taller, el patio de la araucaria, tomándonos un cafecito, vimos en esa cotidianidad, una escala que parece ser tan pequeña, la oportunidad para ser amigos.

y me parece bella esta interacción que se da al conocer a alguien, donde uno se pone en disposición del otro, donde se le escucha, se le observa, se le acepta y se le respeta, que son justamente algunas dimensiones que vinimos a aprender acá, observar y escuchar para así crear un espacio de la mejor manera posible.

Y digo todo esto porque estoy orgulloso de que estemos aquí, estoy orgulloso de las personas con las que compartí esta etapa de mi vida porque sé que son de buenas personas, que son de buen corazón y sé también que cada uno tienen su forma de entregar a los demás, lo expresa a su propia medida y con las herramientas que tiene, desde la risa, desde la escucha, desde la palabra, y son estos pequeños gestos en donde se nota la preocupación y el cariño. Es en estas bondades donde nos mostramos, y creo que es importante escucharlas, porque escuchándolas vamos a llegar lejos en lo que cada uno quiera construir con su vida, porque con esa entrega es que vamos aportando y aportando también desde este oficio que se nos han enseñado durante este último tiempo, recordando que lo que hacemos nace de uno pero es siempre para un otro.

Solamente me queda desearles lo mejor en esta nueva etapa de la vida, decirles que sé que son capaces y que me siento feliz de haberlos conocido y de saber que con lo que tenemos podemos llegar más lejos de lo que somos ahora.

Muchas gracias.