La semana después del reciente incendio que afectó a Valparaíso, la Escuela de Arquitectura y Diseño se organizó para poder contribuir en la ayuda a los damnificados. Surgieron distintas iniciativas, como la remoción de escombros, un centro de acopio en la misma e[ad], entre otras, pero la que más ha impactado a los vecinos es la cocina-comedor que se instaló en la Escuela Básica Federico Albert, en el Cerro La Merced.

Con el equipamiento que la e[ad] posee para las travesías, el profesor Ricardo Lang y sus alumnos del Taller 3º Diseño Industrial montaron una cocina para dar almuerzo a la gente del sector, y continúan sirviendo más de doscientos platos diarios.

¿Cómo funciona el comedor?

La jornada parte a las 9:00 de la mañana, y termina a las 16:00, cuando ya tenemos la cocina lavada y dispuesta para el otro día. Es una jornada larga. Lo más largo es la preparación y cuando llega mucha gente.  Se ha ido armando una red de contactos, de personas que ayudan, que abastecen.  La Casa Central de la PUCV, y todo el equipo de gente que está en el DAE están permanentemente trayendo cosas o abastecimiento de lo que necesitemos.

Hay un control permanente. Viene Sanidad y controla cómo estamos operando, qué hay de menú, cómo han operado las cosas, cómo está funcionando el baño, todo el tema de la higiene… No nos recomiendan mucho tener cosas frescas, por la manipulación de los alimentos, pero tomamos todas las medidas de precaución, con alcohol en las manos, guantes… En un comienzo, esto era puro polvo y tierra, por lo que todos andábamos con mascarillas, con las protecciones adecuadas, lo más higiénico que podíamos dar.

No sólo hemos abastecido a los damnificados, sino a voluntarios, bomberos, gente de todos lados. Las primeras jornadas fueron las más intensas, y las más diversas en términos de gente. Ahora es más homogéneo el público, principalmente voluntariado y vecinos. Ayer hubo 260 personas, y en promedio, servimos unos 200 almuerzos diarios

¿Los que vienen a ayudar son los alumnos de tu taller? 

Regularmente, el equipo de trabajo está compuesto por los alumnos de taller, y los fines de semana hay gente que se ofrece voluntariamente, alumnos, gente de otros talleres, mis alumnos del año pasado que ya son expertos en el tema, y vienen a cooperar; así se van armando turnos. El problema es los fines de semana, que es cuando falta más gente. Pero a través de todos los sistemas de comunicación actual, te vas vinculando con la gente y se van ofreciendo para venir. Hoy, por ejemplo, están los alumnos de la Universidad de Valparaíso.

Y en la zona, ¿esta escuela es la única que está funcionando como base de operaciones?

Unas tres cuadras más abajo está el deportivo, pero en este sector, es la única. En el fondo, es tener una capacidad organizativa, lo que hemos hecho nosotros de cumplir con un horario: a las 13:00 pueden almorzar sobre doscientas personas; esa es nuestra capacidad, de gestión, de verse con los ingredientes, de ver los tiempos y distribuirlos, habilitar el espacio, que no es solamente la cocina, sino también el comedor, mantener limpio. Y de ahí, va a ser materia de estudio para los alumnos cómo abordar una situación de este tipo más eficientemente. A diferencia de un terremoto, de alguna manera las cosas te quedan aplastadas, quedan arruinadas, pero aquí literalmente desaparecieron, hay cenizas. Entonces, no hay equipamiento, el agente primario de cocina, no hay instalaciones eléctricas, no sé cómo estarán funcionando las redes de agua y desagüe; la escuela las tiene, por eso estamos aquí, porque hay espacio y hay agua para funcionar. Hay baños y duchas, la gente se viene a duchar… es el único lugar de resguardo.

Y lo otro, que es bien bonito entender, es que aquí los vecinos vienen a hablar. No sólo es donde damos comida, sino que es el lugar de encuentro y de debate de la situación que están viviendo en un determinado momento. “¿Qué pasó con tu tío? ¿Qué pasó con tu abuela?”… Y ahora el tema de la vivienda, de la construcción, los abastecimientos, lo que está llegando, lo que no está llegando; aquí también hubo acopio de herramientas, distribuyeron las palas, los chuzos, las carretillas…

¿Por cuánto tiempo continuará el comedor aquí?

Nosotros queremos estar durante el período académico. Tratamos de que nuestros alumnos recojan esta experiencia y hagan proyectos a partir de ella. El trimestre termina a fines de mayo, así que esa sería nuestra propuesta. Hemos estado viendo distintos tipos de proyectos cortos, y ahora, estas últimas tres semanas, uno más elaborado en conjunto como taller.

¿Han tenido buena recepción de la gente?

Sí, han sido muy cariñosos. Eso no cabe duda. Por ejemplo, se ha ido generando este sistema que antes no existía, en que cada uno lava su plato. Al principio, la gente dejaba todas las cosas ahí; ahora se toman el tiempo de ir a lavarlas, entregarlas y dar las gracias; eso fue dándose paulatinamente. Los primeros días, nada; un desastre. De a poco se han ido organizando las cosas. Antes estaba lleno de avisos con instrucciones, y ahora funciona porque son las mismas personas que vienen habitualmente. Uno quisiera más elaboración, pero nos supera. Han sido muchos días, llevamos dos semanas en esto, entonces no hay tiempo como para reflexionar mucho; nos pilla la urgencia, las actividades… Los alumnos también están en clases, con otras asignaturas, entonces yo puedo tomarme sólo el tiempo de taller, lo que corresponde a mi período de estudio, pero sin pasar a llevar los otros ramos.

El goce nuestro es que las cosas que hagamos, las hagamos bien, con lo que tenemos. Al principio echábamos a cocer lentejas y arroz; ahora elaboramos un poquito más los platos, tienen su cuidado, eso es lo que quiere la gente, no que le entreguen la comida así no más… Los jóvenes sirven siempre con una sonrisa, entonces ha sido muy grato.

 

 

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