El jueves 18 de diciembre se llevó a cabo la Ceremonia de Entrega de Títulos y Grados de la Escuela de Arquitectura y Diseño, junto al Instituto de Arte, ambos parte de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo.

La ceremonia tuvo lugar en el patio de la Casa Central de la PUCV, y autoridades, docentes y familiares acompañaron a los ya ex alumnos de la Escuela. En esta ocasión se entregó los diplomas a quienes egresaron durante el período académico correspondiente al año 2014 de las carreras de Arquitectura, Diseño Gráfico, Diseño Industrial y del Magíster en Arquitectura y Diseño mención Náutico y Marítimo.DSC_1462

Participaron en la ceremonia el rector de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Claudio Elórtegui Raffo; el decano de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, David Luza Cornejo, y el padre Maurice Alvarado, quien bendijo a los graduados y titulados.

Como es tradición, un estudiante de cada carrera representó a sus compañeros a través de un discurso. En el caso de Arquitectura, la alumna destacada fue Claudia Wesser; en Diseño Industrial, Karina Pinto y en Diseño Gráfico, Carlos Chávez.

La celebración concluyó con un brindis en el patio del Edificio Monseñor Gimpert.DSC_1496DSC_1502DSC_1507DSC_1536DSC_1541

Discurso de Claudia Wesser, arquitecto

Querida familia,  amigos, compañeros, profesores:

Hoy quiero hablarles de los sueños.

Quiero que todos nos detengamos unos segundos y volvamos a ése momento en que entramos por calle Matta, y pensemos: ¿que llevábamos dentro? ¿Qué era  lo que llevábamos en lo más profundo de nuestro corazón? ¿Qué fue lo que nos motivó? ¿Cuáles eran nuestros sueños?

Padres, amigos, profesores, ¿recuerdan cómo estaba cada uno cuando llegamos a ese lugar? Me atrevería a decir que llegamos descalzos, con la incertidumbre en el pulso, queriendo descubrir, pero con las manos vacías.

¿Cómo llegamos a esta Escuela?

Habiendo recordado y teniendo a flor de piel los sentimientos de aquella época, es momento de preguntarnos cómo nos vamos de ella, cómo están nuestros sueños. ¿Siguen? ¿Se construyen? ¿Cambiaron? Y no me refiero solo al ser arquitectos –amigos ya lo logramos- si no que me refiero a aquellos que están ahí bien guardados en el corazón.

Se preguntarán por qué pregunto esto.

Creo que lo más valioso que nos ha dejado esa casita en Recreo, con toda su gente, es la capacidad y las herramientas para construir sueños.

Construimos nuestros sueños en cada paso que dimos  en esta Escuela. La primera parte de este camino la recorrimos cuando nos decían “salgan a observar; solo salgan y observen, vayan y conozcan el mundo que los rodea. No se acostumbren. Sean como las arenas. Que cada día el viento mueva esas arenas para que vuelvan a ver las cosas como si fuera la primera vez. Observen, porque observando es que abrimos nuestra mente y rompemos las barreras de lo preestablecido, empezamos a cuestionar, empezamos a sensibilizarnos , empezamos entonces a ver las cosas de un modo distinto en que los sentidos están más presentes que nunca.  Es ahí donde nos detenemos y sentimos,  miramos, tocamos, y olemos todo lo que nos rodea.

Es ahí donde se germinan nuestros sueños.

El segundo paso que dimos, y que lo dimos muchas veces a lo largo de la carrera, era cuando nos íbamos a algún punto de la extensión de América, a descubrirla. Ahí fue donde más nos conocimos, donde nacieron los primeros vínculos, donde empezamos a ser ese grupo curso o para muchos, la famosa pincoya. Es en esos momentos en que nos damos cuenta que para lograr un objetivo no bastaba solo una persona, si no a todo un grupo; es ahí donde ponemos en práctica la tolerancia, la aceptación y la colaboración. Aquí nos encontramos con una nueva herramienta para la concreción de nuestros sueños, el saber que no basta trabajar solos, que vamos a necesitar de otros. Es ahí donde nos enseñan a trabajar en equipo, a que si todos ponemos de nuestra pasión logramos conseguir lo que queremos, que si todos los miembros de este cuerpo lo dan todo resultará lo que tanto se anhelaba. Esforcémonos, seamos perseverantes.

Volvamos ahora a las salas de clases, a los cursos del espacio, a los proyectos finales, volvamos a ese regalar en el crear.  Volvamos y saquemos un nuevo punto del tintero: ser creativos. De seguro vamos a tener que usar toda nuestra imaginación para lograr nuestros objetivos, amigos, tenemos que usar toda nuestra creatividad, explotarla, porque solo así encontraremos la mejor forma para construir.

Los sueños se hacen originales con la creatividad pero éstos solo se concretan si los bajamos a la realidad, es decir, a la normativa, a los límites, a las reglas del juego.  A ese tercer o cuarto año de Arquitectura en que empezamos a afinar las formas con los parámetros que nos exige la sociedad, ya que nuestros sueños se encontrarán con muchos peros en los que tendremos que pulir la idea original, tendremos que moldearla de nuevo sin perder su ERE. Tendremos que volver a su nombre, volver a su forma, volver a su acción.

Creo que como bien nos enseñaron en la Escuela es necesario volver a su nombre, darles palabras.

Alberto Cruz decía: «Las palabras nos señalan una tarea. Ellas están al comienzo y al fin de la obra; son ellas los que juzgan lo realizado».

Por eso, ¡nombremos nuestros sueños, nombremos su forma, nombremos su acción! Es momento de que nos atrevamos a ponerles palabras para que estos puedan tener alma, puedan tener corazón y puedan ser amados.

Hoy solo les digo: atrévanse a amar y realizar sus sueños. Tienen todas las herramientas para realizarlos, solo hay que atreverse a vencer el miedo, a adentrarse en la aventura, arriesgarse a caer y seguir levantándose; atreverse a construir de una vez las palabras que están en nuestro corazón.

Mis queridos amigos arquitectos vayamos y construyamos espacios, construyamos instancias, construyamos palabras; sobre todo, construyamos sueños, y que éstos sean el pulso de nuestros pasos, sean algo por lo que vibra nuestro corazón, sean eso que nos motiva.

Chiquillos, hoy que cerramos una linda etapa, sólo les pido una cosa: démonos el tiempo para soñar y más aun para amar los sueños.


Discurso de Karina Pinto, diseñadora industrial

Estimados profesores, compañeros, padres y amigos:

Primero que todo, me gustaría agradecer por la oportunidad y el honor de representar a mis compañeros en esta ceremonia.

Cuando me llamaron estuve a muy poco de negarme, producto del pánico, pero durante los cinco segundos que tuve para racionalizarlo me di cuenta de que era mi deber hacerlo. ¿Cómo me iba a negar a la voz de una persona que me entregó tanto y que representaba a nuestros profesores, testigos y gestores de nuestra maduración?

Porque esa relación, la relación que ustedes profesores construyen con nosotros, es algo que no sucede en otros lugares o carreras y lo digo desde mi experiencia, ese trato que se genera es un eje trascendental en nuestra formación valórica como profesionales, la cercanía para poder observarlos en el hacer, su manera para descifrarnos y hacernos destacar desde nuestras particularidades, hacen de nosotros profesionales conscientes, autoexigentes, apasionados y, sobre todo, idealistas, porque eso es lo que provocan el rigor y la disciplina, provocan personas idealistas y aquí cito a mi profesor Juan Carlos Jeldes “con la energía de la creatividad pusieron una idea nueva que abre una ventana de ese universo cerrado que es el mundo. Ya no es un todo único, ahora tiene una pequeña abertura que permite cambiar el aire, contrapesar…finalmente permite que aparezca algo que es propio, incluso biológicamente hablando, perteneciente a la condición humana, la diversidad».

La Escuela es un ambiente exento de esa construcción social basada en la competencia. En la Escuela se nos mide por nuestras competencias como individuos, una ecuación inequívoca que tiene como resultado un diseñador que persigue proyectos con propósitos amplios e incluso universales gracias a la conciencia de sí mismo.

Para finalizar, muchos me recomendaron hacer un compromiso sobre nuestro futuro como diseñadores, pero la verdad es que creo innecesario prometer algo que ya forma parte de mí, los valores adquiridos durante nuestro proceso de formación calaron tan hondo que me resulta inconcebible un futuro donde nuestros principios sean diferentes.


Discurso de Carlos Chávez, diseñador gráfico

A mis compañeros, profesores, y a todos los aquí presentes:

Voy a considerar, en esta ocasión, una manera de asimilar cuatro años y un poco más, de nuestro paso por la Escuela de Arquitectura y Diseño de la PUCV. Un lapso de tiempo a veces dificultoso, pero no por ello carente de satisfacciones y logros.

No es difícil traer al día de hoy, algunos recuerdos de este tiempo; recordar, por ejemplo, los primeros días de clases o la incertidumbre que todavía resuena cuando nos hablan del “volver a no saber”. Tampoco es difícil, al día de hoy, verse reflejado en algún estudiante de nuestra Escuela, recorriendo la ciudad tal cual como lo hicimos en nuestros primeros años de estudio, llevando nada más que un acordeón de hojas bajo el brazo, en una búsqueda, aunque suene paradojal, sin destino claro.

Porque, de cierta manera, el dibujo habla por sí mismo. En el momento en que la mano genera una línea, así de pronto, uno se encuentra sumergido en un encuentro con algo totalmente nuevo.

No sé si lo recuerdan, pero un día en primer año, nuestro profesor Arturo Chicano puso como ejemplo en los pizarrones de la Escuela, algo que él nombraba como la “línea peluda”. Esa línea avanzaba cauta, a momentos difusa, irregular, pero siempre llena de ímpetu y seguridad. Nuestros ojos la observaban atentos, pues entendíamos que desde ese momento, toda línea que saliera de nuestros puños, tenía la obligación de saltar del papel al mundo, aproximándonos, a tientas como niños, a reconocer la certeza de un hecho evidenciado por primera vez.

Quizás la principal lección aprendida durante estos 5 años, radica en esas ganas de explorar y descubrir el mundo; en la capacidad de abordar lo que está frente a nuestros ojos, con un pensamiento crítico, entendiendo la singularidad de cada objeto, destacándolo como algo único e irrepetible. De esta forma nos apartamos de una lógica tradicional, que nada tiene que ver con la mecanicidad o el método práctico que caracterizan hoy al mundo moderno.

Aprendimos a cuestionar, a buscar el origen de las cosas. A “entender” lo que observamos, con los ojos siempre atentos, ávidos por desmenuzar hasta el más mínimo detalle de aquello que no conocemos.

Al dejar la Universidad, asumimos indirectamente un gran desafío: el de ser partícipes de la realidad en que vivimos. De “cuestionar”, “entender” para luego “proponer”, en un acto de entrega sin limitaciones. De dedicar nuestras vidas profesionales a aquello, a estar vivos, lúcidos y conscientes. Despiertos para ver y sentir.

Quiero aprovechar esta ocasión, para felicitar a cada uno de los recién egresados, colegas y amigos, por haber llegado a esta etapa superando las dificultades de esta  “búsqueda a tientas”. Por haber cosechado éxitos y fracasos; por haberse equivocado, por haber respondido correctamente, por haber respondido incorrectamente,  por haber incluso dejado de dormir; porque es necesario recordar y guardar en la memoria todos esos momentos, de alegría y tristeza, ya que son ellos los que constituyen el trazo único e irrepetible de nuestras vidas.