octubre 28, 2013

Primeros talleres parten en travesía a Puerto Ibáñez

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El domingo 27 de octubre partieron en travesía los primeros talleres de la escuela. Los alumnos de 1º año de Diseño y de 4º de arquitectura, junto a sus profesores, emprendieron su viaje rumbo a Puerto Ibáñez, localidad ubicada en la XI Región de Aysén, en el sur de Chile.  El viaje comienza en bus en Viña del Mar hasta Quellón, donde se toma un ferry rumbo a Puerto Chacabuco, para luego continuar por tierra hasta Puerto Ibáñez.

Este grupo de 87 personas no iba con un proyecto de obra definido, puesto que el objetivo es salir a observar, a dibujar, conocer el entorno, y a partir de este relacionarse con el lugar, se haga una propuesta de obra.

Acto poético 

Antes de partir, todos se reunieron para dar inicio a la travesía a través del acto poético. El profesor José Balcells recordó que la travesía se sustenta en la palabra poética y no en otra cosa, y que ésta le otorga un nuevo comienzo. Se dio lectura a algunas estrofas de El viaje, de Charles Baudelaire, finalizando con el verso «¿y qué más, qué más?», pregunta a la cual la travesía busca dar respuesta. Luego se hizo entrega a cada uno de un regalo: su nombre, escrito sólo con las vocales, con un sonido distnto; ya no separados, sino todos como parte de un mismo cuerpo.

EL VIAJE
Charles Baudelaire

I
Para el niño, enamorado de láminas y mapas,
el universo es igual que su hambre ilimitada.
¡Ah, qué grande es el mundo a la luz de la lámpara!
¡Y qué pequeño el mundo para los ojos de la memoria!
Una mañana partimos, la cabeza en llamas,
el corazón hinchado de rencor y amargos deseos,
y vamos, al ritmo de las olas,
meciendo nuestro infinito sobre lo finito de los mares:
unos, felices de huir de una patria infame;
otros, del horror de sus cunas, y otros,
astrólogos ahogados en los ojos de una mujer,
la tiránica Circe de perfumes peligrosos.
Para no ser convertidos en animales, se embriagan
de espacio, de luz y de cielos encendidos;
el hielo que los muerde, y el sol que los quema,
borran lentamente la marca de los besos.
Pero los verdaderos viajeros sólo parten
por partir; corazones livianos, como globos,
jamás escapan de su fatalidad,
y, sin saber por qué, siempre dicen: ¡Vamos!
Aquellos para quienes el deseo tiene forma de nube,
y que sueñan, como el soldado sueña el cañón,
con inmensos placeres, cambiantes, desconocidos,
¡de los que el espíritu humano nunca supo el nombre!

II
Imitamos, ¡horror!, el trompo y la pelota
en su baile y sus saltos; hasta en sueños
la Curiosidad nos atormenta y mueve,
como un ángel cruel que azota los soles.
Singular fortuna donde se desplazan los fines,
que no están en ningún lado, ¡y pueden estar en cualquiera!;
en la que el hombre no deja nunca la esperanza,
y para encontrar descanso corre siempre como un loco.
El alma nuestra es un velero que busca su Icaria;
una voz resuena en el puente: “¡Abre los ojos!”,
una voz, ardiente y loca, grita desde la vela:
“¡Amor… gloria… felicidad!” ¡Infierno!, ¡es una roca!
Cada islote señalado por el vigía
es un Eldorado prometido por el Destino;
la Imaginación que prepara su orgía
sólo encuentra arrecifes en la claridad de la mañana.

¡Oh, pobre el enamorado de países quiméricos!
¿Habrá que encadenar, habrá que tirar al mar
a este marino ebrio, inventor de Américas,
donde la ilusión vuelve más amargo el abismo?

Así, el viejo vagabundo, revolcado en el barro,
sueña, la frente alta, con brillantes paraísos;
sus ojos embrujados descubren una Capua
ahí donde la antorcha no alumbra más que un tugurio.

III
¡Asombrosos viajeros! ¡qué nobles historias
leemos en sus ojos profundos como mares!
Muéstrennos el estuche de sus ricos recuerdos,
esas joyas maravillosas, hechas de éter y astros.

¡Queremos viajar sin vapor, sin velas!
Para alegrar el tedio de nuestras cárceles,
traigan a nuestro espíritu tenso como una tela
los recuerdos rodeados de horizontes.

Digan, ¿qué vieron?

IV
“Vimos astros
y olas; y también vimos arena;
y, a pesar de choques e imprevistos desastres,
nos aburrimos mucho, como aquí.

La gloria del sol sobre el mar violáceo,
la gloria de las ciudades en el sol poniente,
encendían en nuestro corazón un ansia quemante
de hundirnos en cielos de reflejos engañosos.

Las más ricas ciudades, los más grandes paisajes,
nunca tenían la misteriosa atracción
de lo que el azar hace con las nubes.
¡Y siempre el deseo seguía inquietándonos!

El goce aumenta la fuerza del deseo.
Deseo, viejo árbol abonado por el placer,
mientras engorda tu corteza y se endurece,
¡tus ramas quieren ver el sol más de cerca!

¿Vas a crecer siempre, gran árbol más potente
que el ciprés? Sin embargo, hicimos cuidadosos
dibujos pensando en el álbum voraz de ustedes,
¡hermanos que encuentran bello todo lo de lejos!

¡Saludamos ídolos que engañan,
tronos recubiertos de joyas luminosas,
palacios labrados cuyo mágico esplendor
sería para nuestros banqueros un sueño de ruinas;

vestidos que embriagan los ojos,
mujeres con uñas y dientes pintados
y sabios cantores acariciados por serpientes.”

V
¿Y qué más, qué más?

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