noviembre 15, 2013

Favela y ciudad: Una propuesta desde la identidad

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María Elisa Donoso participó en el en el seminario y workshop internacional Favela y periferia: estrategias de intervención en áreas de interés social. El caso de los espacios residuales del Complexo do Alemão que se realizó en octubre en Río de Janeiro. Ella iba en una doble situación: como profesora de arquitectura e[ad] y como alumna del Magíster en Arquitectura y Diseño, mención Ciudad y Territorio que se imparte en la escuela. Allí, tuvo la oportunidad de asistir al seminario y de participar activamente en todas las actividades del taller.

¿En qué consistió tu trabajo en el workshop?

El encargo que se nos hizo era pensar qué pasaba con estos espacios residuales en los pilares del complejo, que de a poco la gente se los había ido apropiando, porque no eran de nadie. En algún minuto sí fueron de alguien, pero demolieron sus casas, y ahí quedaron en un doble filo porque no tenían uso y estaban disponibles, y para que no se almacenara la basura, que es el gran problema de las favelas. Partimos en una visita guiada a conocer el lugar e ir reconociendo cada pilar como situación particular y como parte del total. Luego realizamos otra visita más específica, solamente con el grupo de trabajo, e intentamos conversar con gente del lugar, comprender cuáles eran sus anhelos, cómo les había afectado la imposición del teleférico, si lo ocupaban o no; en el fondo, cómo estaba incluido en su diario de vivir, que era lo que nos interesaba leer del lugar.

También me tocó trabajar, por una invitación, con una agrupación que se llama URBZ, que trabaja en la India, y está estudiando los mismos casos de estas viviendas vulnerables en Mumbai. Ellos hicieron una ponencia en el seminario, exponiendo su trabajo en Mumbai. Es un grupo multidisciplinario, en el que participa un antropólogo, un ingeniero comercial, y un arquitecto chileno. Es una fundación cuyo slogan es “los usuarios que generan ciudad”,  e intentan leer desde las experiencias, desde la autoconstrucción, como se van conformando las ciudades, lo que calzaba muy bien con las favelas, porque es desde la precariedad y la autoconstrucción que se empieza a levantar esta periferia y se conforma un conjunto bastante consolidado.

Se tomó el caso de estudio de una vivienda que estaba en proceso de construcción, que es de tres pisos; estuvimos hablando con el pedrero, como le llaman ellos, que es el maestro que había construido esta vivienda, donde habitan tres familiar: un piso por cada familia. Ahí se va aprendiendo el proceso: qué va primero, qué va después; cómo se construye, como se usa el ladrillo. Todo este estudio ellos lo aplican considerando que esta vivienda era de la favela de treinta años atrás, y en este minuto ya tenía más terminaciones; se veía aparentemente bien, no como de favela, no vulnerable, pero si tú escarbabas en la construcción, sí era favela, era precaria de todas maneras, aunque estuviera adornado. Esto ayudó en la lectura de cómo esta periferia se va desplazando, que está ahí patente, totalmente reafirmado,  y cómo ese estudio de treinta años sirve para tomar una proyección para los años siguientes.

¿Esto fue en paralelo al trabajo del workshop?

Sí, fue en paralelo, pero en mi grupo tratamos de incluirlo como parte del proyecto que planteamos en el workshop.  A partir de este estudio en el que me tocó ir a levantar información, tomar medidas, conversar con las familia, tomamos esa experiencia que ya estaba, y tratamos de plantear una propuesta que nacía a partir de las medidas propias de esta vivienda, tomando un módulo matriz, que era de 3 x4 metros, y a partir de éste se iba proyectando la vivienda hacia los demás cuartos, siempre manteniendo esa medida de la progresión. Todos los espacios que propusimos, tanto del espacio público como interiores, estaban pensados en esa modulación del espacio.

¿En qué consistía concretamente esa propuesta?

El proyecto del workshop se titulaba como una Escuela Abierta, porque de alguna manera queríamos incluir lo propio de los habitantes, que eran los oficios. Había mucha venta de volantines, pero no eran volantines externos, eran hechos ahí mismo. También está el tema de la autoconstrucción; había mucha gente que se dedicaba a eso, y aunque no se dedicaran consolidadamente, lo hacían, entonces era un oficio que se podía rescatar. A partir de esos oficios, se empezó a generar una relación con el espacio público, porque toda la gente pasaba más tiempo fuera que dentro de la casa; se veía mucha vida de calle. Entonces, pensamos que desde la vivienda se podía hacer este nexo con el espacio público a partir de estos oficios. Quizás en el primer piso, mantener un taller, que sea al mismo tiempo para la facturación y luego para la venta, y ahí también generar una distribución posterior.

Esta escuela abierta se empieza a plantear desde el oficio, que se vuelca al espacio público, y desde el espacio público se arman circuitos; se integran todos los callejones, las escaleras, los murales; una especie de museo a cielo abierto como en Valparaíso, pero tratando de mantener la culturalidad propia del lugar y tratar de exponerla. Luego se crean unos recintos específicos de escuela, para que los niños vayan a hacer deporte, en el fondo, un equipamiento comunitario. Al mismo tiempo, había un proyecto que ya estaba en vigencia para poner una escuela pública. Entonces se toma esto y se trata de incluir dentro de un plan más general.

Esto es a la escala de la favela, pero el asunto es que para la ciudad, la favela es un problema; pero para los habitantes de la favela, la ciudad es el problema. Entonces, la pregunta era cómo hacer que estos dos polos se puedan entender en algún momento. Nos dimos cuenta de que entre la ciudad y la favela había una foresta, una reserva natural. Planteamos un plan de manejo para tratar de incluir la ciudad en la foresta, y quien se hacía cargo era la favela, entonces quedaban las tres cosas vinculadas dentro de sí mismas en un plan maestro más grande.

Y al mismo tiempo, dentro de este modelo de gestión, había una extensión del teleférico a largo plazo, hacia la foresta. A través del parque, se vinculaban los tres factores; no era tan solo de ciudad ni de favela, sino que todo quedaba incorporado.

Todo esto tiene un corte social muy importante, va más allá de solamente hacer un proyecto, sino que busca integrar a la favela. Desde ese punto de vista, ¿cómo lo relacionarías con lo que sucede aquí en nuestra realidad chilena?

Algo que se presenta con mucha intensidad en la favela, es que ésta tiene una identidad muy particular, muy marcada; es algo que incluso se puede ver porque radica en las raíces de las personas que viven allí y que son originarias de África, y que una persona de la ciudad no va a entender, porque se trata costumbres, comidas y muchas otras cosas que son distintas.

Acá en Chile –o en Valparaíso, que es lo que tenemos más cerca- ese factor no es tan identitario. Si bien una persona puede venir del sur a vivir acá o de Santiago o de cualquier parte, estamos dentro de un mismo lenguaje; no está esa diferencia.

Yo creo que en el tema de las viviendas sucede algo similar. En Valparaíso también se da mucho la autoconstrucción, si bien los materiales no son los mismos, la forma de hacerlo sí es similar. En Valparaíso es con lo que hay a la mano, con los restos de árbol, con madera, con lo que encuentras por ahí; en Brasil lo que está más a la mano es otro material, que es el ladrillo. Además, hay que pensar que acá en Chile las condiciones climáticas son muy diferentes: está el viento, la lluvia… Allá es mucho más tropical, no hay vidrio en las ventanas; la vivienda nunca se cierra, siempre está abierta. Acá, en cambio, hay que cerrarla.

Algo que llama la atención, en general de la arquitectura brasilera, es que la vida está siempre avocada al espacio público; esto se nota incluso en la forma de los edificios, porque siempre el primer piso está liberado o tiene una vinculación con el exterior; en el fondo, el edificio queda suspendido desde el segundo piso hacia arriba, y el primero piso o es planta libre, o está destinado totalmente al vínculo con el espacio público. Eso es muy interesante porque es un factor que se repite tanto en la favela como en la ciudad ya consolidada. Acá tiende a cortarse de forma muy abrupta la fachada de la calle; allá es mucho más fluido.

Como arquitecto o como estudiante del magíster, ¿qué desafío te planteas a ti misma a partir de este viaje, de trabajar en este taller?

El gran desafío es cómo incluir algo que tiende a marginalizarse, que sucede en Brasil o en Chile o en cualquier parte. El gran desafío es cómo entender a las personas de ese lugar, porque en Brasil o acá pasa lo mismo, hay muchos programas de desarrollo de barrio, en que se hacen edificios para reubicar a la gente de la favela, pero en realidad eso no tiene que ver con una lectura propia del lugar; es poner un edificio y reubicar, pasando por alto la parte social, considerando que quizás la persona vive allí porque su familia antes vivía ahí, entonces es intervenir la cultura propia de la gente. Lo valioso de la autoconstrucción es que la identidad está en esta comunidad que se va formando en el período de tiempo, entonces reubicarlos es sacarlos totalmente de esto que ya se había consolidado como identidad.

Yo creo que el gran desafío de los arquitectos es tener esa sensibilidad para poder dar una solución sin invadir a los propios habitantes o residentes. Luego del traslado, el proyecto probablemente no va a resultar porque no es lo que ellos necesitan; si en la favela están las viviendas, tienen los ladrillos… No tienen ventanas, porque tampoco las necesitan, entonces llegar a un edificio establecido, sin tener la introducción cultural de que así se habita en la ciudad, es un cambio muy brusco, tiene que ser más paulatino. Además, si tú lo piensas desde esta identidad que radica en su origen africano, ¿por qué tengo que imponer un modo de ciudad que no viene desde sus raíces, y que es un módulo que se replica en un millón de partes? ¿Por qué no rescatar el origen de donde viene el modo en el que ellos se distribuyen, se ordenan?

 

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