Carlos Covarrubias: El Taller de Amereida, oficio y poesía. Quería retumbar con la misma frase para algunos por tercera vez. Ayer en primer año, en la mañana en la duna y ahora aquí en esta vega; la misma frase:

“que también para nosotros el destino despierte mansamente”.

Yo quiero que retumbe esta frase, que se encarne de manera tal que el nosotros –palabra– nosotros, incorpore al otro, a los otros.

Hoy nos visitan de afuera, de otros países, en otras lenguas, y nosotros queremos internalizar en una sola y orgánica forma; nosotros y los otros hechos uno. Así como queremos hacer de la palabra y la acción una cosa, algo que haga sentido en lo cual podamos sentir esta mansedumbre; la condición humana es mansa cuando encuentra sentido –es mansa, está en paz– cuando encuentra que su destino es igual a su origen, cuando el origen y el destino se dan la mano.

Así tal vez, como un día muy atrás venidos aquí de Europa, unos navegantes tocaron América; ese momento… y abrieron el mundo: para allá Y abrieron un mundo que llevó un nombre bello, el Pacífico, sabemos que no es pacífico, pero su nombre es Pacífico, redondea el mundo, lo integra.

Boris Ivelic, desde el oficio quiso traer el pacífico acá y lo va a hacer por él Jorge Ferrada y Jaime Reyes… traernos una gota del pacífico para redondear el mundo y esté en paz.

Jaime Reyes: La condición humana y el mar.

La condición humana y el mar

La Condición Humana

Hace justo 40 años, en unos pizarrones manuscritos por Alberto, esta Escuela presentó un parecer:

“Nos parece que la condición humana es poética, vale decir que por ella el hombre vive libremente y sin cesar en la vigilia y coraje de hacer un mundo.El coraje de la condición humana, al que también llamaremos virtud, surge necesariamente.Sus apariciones abren un campo del cual se configuran los oficios y las artes humanos”.

Este parecer implica que existe una naturaleza humana, universal, común a todos los seres humanos existentes, a los que han existido y a los que existirán. No es un parecer inocente; significa que los seres humanos no somos enteramente moldeados por ninguna clase de ambiente, ni por la familia, ni por la educación, ni por el lugar en que nos ha tocado en suerte nacer.

Hay algo que todos los humanos llevamos con nosotros, más allá de la lengua que hablamos, la época en que nacimos, los padres que tuvimos. Este parecer implica el fracaso de las ideologías que pretenden crear una sociedad de iguales totalmente iguales, porque la paradoja es que aquello que tenemos todos en común es justamente lo que nos hace preciosamente únicos e irrepetibles. Es el fracaso de todo el posmodernismo —y de muchos modernistas también—, que creyeron que todas las personas y toda sociedad es modelada por la historia y por el ambiente.

El mar

Un gran poeta del mar, Derek Walcott, en una de sus declaraciones, reivindicó «respeto para la condición humana y no para la historia». Esto quiere decir que la poesía y las acciones humanas, las obras humanas, deberán responderle no a ciertas causas o a determinados efectos; quiere decir que nuestras obras no se hacen para hacer sino para ser. Es lo mismo que decir que las obras humanas no se deben a los contextos ni a las circunstancias, sino que responden siempre a los mismos profundos motivos ancestrales, desde la noche de los tiempos. Por eso en el arte no hay progreso. Los primeros seres humanos obraron y construyeron exactamente en favor de los mismos motivos (motores) que nosotros.Walcott comprendió perfectamente esto y así dedicó casi la totalidad de su poética a cantar los orígenes, presentes y destinos de su pueblo. El nació en una pequeñísima y pobre isla en el Caribe. Consiguió que ese canto sea también el origen, presente y porvenir de toda Latinoamérica y acaso la de la humanidad misma. Para hacer estos cantos épicos, Walcott escogió al mar. Y en uno de sus más bellos poemas canta la historia de la raza humana a través del mar. El poema se llama Archipiélago.

Al final de esta frase, empezará a llover.
Y al filo de la lluvia, una vela.

Lentamente la vela perderá de vista las islas;
La creencia en los puertos de toda una raza
Se perderá entre la niebla.

La guerra de los diez años ha terminado.
El pelo de Helena, una nube gris.
Troya, un foso de ceniza blanca
Junto al mar donde llovizna.

La lluvia se tensa como las cuerdas de un arpa.
Un hombre con los ojos nublados la toca con los dedos
Y tañe el primer verso de La Odisea.

A diferencia, por ejemplo, de quienes hablan inglés, para los latinoamericanos, y especialmente los chilenos, el mar es pura carencia. Las cifras, las estadísticas y las pruebas son contundentes. En EEUU hay una embarcación por cada 15 habitantes, en Nueva Zelanda hay una embarcación por cada 7 habitantes. En Chile hay una embarcación por cada 15.500 habitantes.

Ignacio Balcells, poeta de estas arenas, escribió Oficio de Olas, Aysén Carta del Mar Nuevo, Tiempo en la Costa, La Mar. El se quejaba porque Chile no se había dado cuenta que es un archipiélago. Esa es ahora una tesis, como la del maritorio la del Pacífico erótico, o la del propio norte. Chile es un archipiélago. Cada vez que yo he preguntado ¿qué es exactamente un archipiélago? la respuesta es siempre la misma: ‘un conjunto de islas’. Sin embargo esa es la respuesta en castellano, porque se encuentra otro concepto cuando se analiza no sólo la etimología esencial de la palabra, sino algunos poemas. Archi significa muchos, innumerables, tal vez infinitos. Piélago (en griego) significa océano y mar, pero también abismos e inmensidades. Un archipiélago no es un conjunto de islas, sino un conjunto de mares, de abismos e inmensidades. Y esa diferencia es radical.

Chile es un archipiélago porque se encuentra rodeado por un conjunto de mares. En el oeste está el Océano Pacífico, siendo el país que tiene el mayor frente marítimo de todo este océano, con 4.300 km lineales. Existe además lo que se ha llamado el ‘mar presencial’, que involucra a Chile en tres continentes; América, la Polinesia a través de la Isla de Pascua y la Antártica y que prolonga nuestras fronteras más de 4.000 km mar afuera. Al este se encuentra el Mar Interior de América, que comienza para nosotros en la vasta cordillera de los Andes, con los mismos 4.300 km lineales, 1/5 de la distancia entre los polos. Al sur se encuentra el Mar Nuevo de Aysén, con miles y miles de islas que poseen más de 50.000 km lineales de costa. También en el extremo austral Chile nuevo y viejo tiene al Atlántico, desde la península de San José en latitud 42 grados hasta Nueva Shetland del Sur.

Uno podría decir que los poetas de la humanidad, casi todos, han oído al mar contar lo que tenía que contar. Algunos de esos poetas han dedicado su oído exclusivamente a esas canciones. La Ilíada y la Odisea son cantos marinos. Nuestra propia Amereida no es más que un poema enteramente ritmado por el mar ¿no comienza diciendo oh marinos…?

Para terminar he elegido una cita que nunca había utilizado antes, en ninguna de mis clases, en los más de 20 año que llevo encima hablando y cantando a los mares. Es una cita de un libro terrible, espantoso, que nadie debiese en verdad leer. Pero la traigo porque da cuenta, de una manera extraña, de la relación entre la condición humana y el mar (fragmento del Canto I, de Los Cantos de Maldoror, de Lautreamont).

“Viejo océano, los hombres, a pesar de la excelencia de sus métodos, todavía no han conseguido, ayudados de los procedimientos de investigación de la ciencia, medir la profundidad vertiginosa de tus abismos, los cuales han reconocido inaccesiblemente las sondas más largas y pesadas. A los peces… les está permitido: no a los hombres. A menudo me he preguntado qué será más fácil de reconocer: la profundidad del océano o la profundidad del corazón humano”.

 

 


Jorge Ferrada:
Voy a comenzar con una explicación primera, que tiene que ver por qué estoy aquí, ya lo dijo Carlos; estoy porque Boris quería hablar sobre el pacífico, una dimensión que propiamente es cantada en Amereida y se expone de una determinada manera, ¿y dónde se expone? en el contexto de un Magister, un magister de Arquitectura Náutica Marina que tiene la escuela y que llevamos junto a otros profesores y en el taller que hacemos de proyecto, lo hacemos junto a Boris, Jaime también es profesor del Magister.

Entonces en ese contexto ocurre que, caemos en la cuenta de aquello que acaba de nombrar Jaime como la carencia, y contrario a la carencia, el hallazgo; traer con cierta antelación, nos viene a iluminar lo siguiente:

Por ejemplo aquí, hacia este lado tenemos un entero, 8/8, ⅞ de mar y de agua, con tan solo 1/8 de tierra, esa es nuestra realidad de mundo, de la cual poco queremos ver, es bastante fuerte esta cifra. De esa agua, el 97% es salada, el 1,6% corresponde al Océano Pacífico. 1.300 millones de km3 es la cantidad de agua que existe, mucho, es una gran magnitud.

Históricamente con el viaje de Colón, aparece América en el mundo, y luego el viaje de Magallanes hace aparecer el Pacífico y con ello la gran vuelta y el entorno completo del planeta.

Si nos enfrentamos al Pacífico, lo que tenemos entonces –casi a través de las cifras– es un gran desconocido, habitamos sobre las orillas en distintos puntos, pero de alguna manera la relación que tenemos en este habitar es a través de ver el horizonte, tener una relación visible con el horizonte y la extensión, pero propiamente nuestro habitar no está teñido de este vacío.

Entonces Amereida nos dice y nos canta una América que tiene un mar interior, un gran desconocido de su interior, pero también nos dice acerca de un modo de encontrarnos a través de un trazado de estrellas cuya cuarta estrella cae en el Pacífico. Todo esto que es cantado y que viene a través de la palabra poética nos deja ante la pregunta y la alternativa de qué hacer y qué decir; qué es lo que hace el oficio, hace y dice.

Por ejemplo, Amereida cita una relación que tiene el sol y el no Apolo, para el norte el septentrión, que es una palabra de origen latino, que dice “de los siete bueyes” que jalan y hacen desplazar la cúpula celeste hacia uno de los lados, y esos siete bueyes son los que componen la punta de la osa mayor, lo que hace el sol es hacer un recorrido mirando hacia el sur, el sol en el hemisferio norte está invertido, este, oeste. En el hemisferio sur, está mirando hacia el norte, y la palabra no rima a la acción, la palabra que escuchamos, que vivimos no rima en absoluto en nuestro hemisferio, no tenemos una referencia real.

El sol en el Ecuador, se parte en dos, el sol que cae justo sobre la sombra y esto de nosotros es propio, canta una realidad propia de nuestro vacío Americano, tenemos un Ecuador, tenemos trópico, pero esta relación con el sol nos hace inventar una relación con un no Apolo, ¿qué es lo que apunta también? Una carencia, ¿qué es un no Apolo?

Si bien todos los recorridos de descubrimientos que se hicieron era en virtud de trazar vías a través del mar, que es un mar que propende a ser económico, todo el transporte marítimo del mundo, que es sobre el 90% del transporte de toda la mercancía del mundo, es a través del mar, porque es el medio más económico de desplazamiento de carga; ocurre que ese descubrimiento se hizo a través del mar, pero también a través de este hecho, del descubrimiento, aparece el hallazgo. Se encuentra América y un poco no sabemos qué hacer con América.

Entonces yo quería también convidar a este momento, como habla Carlos, que es un nosotros que integra a otros, a un amigo, que es Joan Aleman, economista europeo, que ha dedicado su vida a vincular estos sectores de borde con los océanos, y en el caso de América con un pacífico que permita abrir una relación con el desconocido interior.

¿Por qué? Porque un puerto y una ciudad no sólo se vinculan a través de una línea, uno llama hoy literalmente puerto-ciudad, sino que es algo que en el interior se vincula con el exterior; si no existe ese interior, no existe ese vínculo con el exterior, si no existe una construcción de ese exterior tampoco existe un vínculo en el interior; de tal suerte que no es algo puntual, sino que es una construcción impuntual del continente.

Me quedo reflexionando sobre los dos poetas que hablan antes; Carlos habla con su voz y nos dice con ellas del presente, de aquellas palabras de Amereida:

“que también para nosotros el destino despierte mansamente”.

Lo que tiene la voz es traernos el presente, es aquí, ahora, la voz tiene el eco de la obra, es aquí, ahora; Jaime también lo dice, e incluso cita a Walcott, y cita a Hölderlin con El Archipiélago, trae la palabra, pero a través de la voz. Esto que se habla y se dice y se lee nos hace patente una dimensión propia del oficio, que es la primera cosa que nosotros tenemos como instrumento constructor: la voz; la voz que permite encontrarnos con el desconocido.

Pregunto ¿Cómo esto, nos permite habitar conscientes en este presente del desconocido del Pacífico? Es una tarea ardua y larga, pero hay dos alternativas; rehuir la tarea, no anunciarla incluso, pasar incólume, o atender al llamado de la palabra y al eco de la voz.

Manuel Sanfuentes: Cuando se dice que las cosas deben ser bien hechas, de hacerlas bien; de hacer bien lo que uno tiene que hacer, en cuanto obra, o en cuanto a las acciones que se acometen. Bueno, hay que ser buenos arquitectos, hay que ser buenos diseñadores, hay que ser grandes artistas, hay que ser un buen cocinero; y todo eso está bien, pero además de construir bien cada una de esas cosas, construimos y queremos construir bien aquello –que Alberto señala siempre y que nombramos nosotros, la Escuela.

Hay una labor otra que va junto con el oficiar. En un año de celebración, en cuanto vamos a celebrar los 60 años de la escuela… qué paradójico, tal vez inevitable, una manera de hacerlo; es que hablamos de nosotros mismos; quizá realmente para hablar con los otros es necesario que el que hable, hable desde sí. No creo que haya un campo de mediación entre los que hablan.

Para detenerme y poder reflexionar acerca de lo que estoy diciendo:

En medio camino a un silencio que pueda adentrarse a la profundidad de lo pensado… todo habla; todo llama la atención… de una interioridad expuesta en medio de nuestra propia abertura (se trata de un tiempo anotado).

El silencio es un momento para oír, para ver en la quietud de los hechos la magnitud que mide el grandor entre la palabra y la vocación que la forma trasluce, ésta: La clase de todos en la Ciudad Abierta; la ciudad que se nombra a sí misma ciudad y abierta. Lo abierto quizá toda ciudad lo tiene. Entonces ante tal redundancia estaríamos en un “lugar” sin nombre; desde ahí Godo la presenta como un ha-lugar.

Un lugar espejo de un lugar «no aquí», si afuera –que es lo propio del espejismo (Michel Foucault se refiere a esto como un pensamiento del afuera –la nitidez de su reflexión traspasa una filosofía también moderna en cuanto a su desclasificación del objeto).La otredad parece ser una bandera del mundo actual; un ser «otro» desde Rimbaud en adelante. Ser moderno sería ese modo de desdoblarse y sobrepasarse; lo hipermoderno sería, definitivamente, habitar en ese espejismo.

Como cantan las sirenas cada día en el camino de ser uno mismo, de ser unos mismos; encontrándose en un estatuto en que cada cual consentiría abiertamente: la poesía, la batalla del lenguaje; fruto y floreciemiento de un todo en el que uno puede reconocerse… aunque sea otro.

Si hay un nosotros es que hay ellos; hay unos y otros, y puede decirse, quizá, que aquello es el mundo. La diferencia habitada con deferencia, esa es la hospitalidad que el mundo precisa; el puro y mero reconocimiento o desconocimiento en el otro, lo que hace a uno ser uno.

Es ese el acto de amor, que para la obra se llama santidad, porque a través del otro –ellos–, nosotros vamos más allá de nosotros mismos: trascendemos. Y atravezamos el umbral de la corporeidad, del cuerpo, de los objetos, de las cosas; incluso de la vida misma («mi reino no es de este mundo», diría Jesús)… ese es el otro lugar; debe reflexionarse sobre esto y tener(lo) presente; si hay lugar hay no lugar, o un otro lugar, o ha luhar –que es por antonomasia el lugar de encuentro.

Ahí está la poesía, entre el ser y no ser; como una ingle que reúne lo de dentro con lo de fuera en una disyunción imprescindible que disloca, ahueca, equivoca… como se quiera!

Nombrar el hallazgo que se nos presenta ahí, delante de nosotros, ahí al frente de nuestros ojos, aquí y no allá. Porque la poesía trae lo de allá para acá, para volver el propio presente desconocido.

Siembra
alisa la escondida
el retamo aloja sus manecillas

una cala avanzatras las tácticas

el curso del aljibe
capitula en el estero
sus cofradías

las blondas mejoran
con un sueño tardío

y el pajonal gime
entre las huestes desvencijadas

listas
recias!

el trago que hiere la memoria
una suerte de suerte echada

una imperfección que progresa
cuando calla
el paginal versificado

silencio  !

el cielo me recoge entre sus yemas

la heladera se cimbra
como un capital entrecortado

y nada   !

todo rasga el presente
la casa huye
como un hijo intermitente

un coloso que desata su bravura
sobre el toldo

la luz se niega   !

a veces
la noche cae
sobre mi cuerpo

cuándo no…

cuando artero
la cifra me descubre
en el confín
de una baraja tambaleante

lápida de mi sombra

… riego que tala
los altavoces

… pliego que tantea
el escorzo placentero
de una piedad
en la mirada   !

Alberto Cruz: Es el momento del término, es el momento del nosotros, del nosotros en el hoy, pero ustedes tienen un mañana, y tenemos que tener presente el mañana de ustedes; entonces, el mañana de ustedes –en los cuales ustedes van a hablar del nosotros, es otro nosotros de la escuela, el nosotros del mundo, o sea, tienen el paso del nosotros de la escuela al nosotros del mundo, mañana, ustedes, todos.

Y el mundo actual está empeñado en la globalidad, como la realización de una obra única, magna, hecha por todos, con todos y para todos; esta obra magna, en cada localidad, en cada lugar toma sus singularidades. Les va a tocar a ustedes, o sea, van a pasar de este nosotros que hemos hablado aquí –oído a ustedes– a este nosotros del mundo actual, en este momento grandioso de él.

Por cierto que él no habla de manera clara, sino que de manera confusa. Pero ustedes, por estas clases, saben de un lenguaje claro que puede aclarar a uno confuso, o sea, que están preparados para lo grandioso; esa es la suerte de destinación que tienen ustedes, y que la vivimos con detención [ … ].
Del nosotros del que se habla, hay el nosotros de la escuela, que va a permanecer en ustedes, pero este otro nosotros de los habitante de este mundo de la globalidad, que va con lo magno.

Esto es la acotación del nosotros, que todos ustedes reciben gratuitamente, gratuitamente; tú también, todos los que están acostados también.