Clase 2 Trimestre I 2012
Carlos Covarrubias: Vamos a comenzar, en homenaje a Arthur Rimbaud, con el otro, el oficio; el otro de la poesía es el oficio.
David Jolly: Quiero traer a presencia con aquello que contamos desde lo más distante a la proximidad, en este caso, en la Arquitectura.
Dónde estamos; la voz poética indica que estamos en América. Una de cuyas características es que es una América sin mito, sin la primera palabra que le abre a los habitantes una destinación; ante esta carencia quiero traer a presencia una construcción de Amereida en la extensión.
El primer plano –está dibujado esquemáticamente en la esquina de la pizarra–; el primer plano de Amereida dibuja el continente con una voluntad en la cual lo que está trazado –hecho esquemáticamente para la pizarra aquí– es el fondo marino, esto que podría parecer una construcción del azar es una precisa construcción del espacio; qué es lo que ha hecho, hace surgir el continente del blanco de la página. Ahora, como se trata de un poema, lo que este mapa inaugura es la introducción del continente americano en el espacio poético.
Esto es de gran importancia, es un hecho inaugural, porque el continente que aparece en Amereida ahí dibujado es un mapa cartográfico, no es una alegoría, si no que es el preciso contorno donde se topa y limita el agua con la tierra. ¿Qué significa esto? Que también es de capital importancia, que la América que entra en el espacio poético es el concreto continente que nosotros habitamos, no es una América, por ejemplo, lírica que está en el alma del poeta, es la América en la cual estamos; esa América es la que ha entrado, en virtud de esta construcción, en el espacio poético.
Ahora, la voz poética por otra parte nos dice:
“Entre simulacros y fantasmas las gentes de América sólo imitamos”.
¿Es esta nuestra única posibilidad? La respuesta es no. Una de las respuestas a esta indicación es la construcción de la Ciudad Abierta. Se funda la Ciudad Abierta en una relación distinta a la relación colonial. ¿Qué quiere decir esto? Que aquí en este continente abierto poéticamente se puede recidir, no sólo no se está sujeto u obligado a emigrar. Este cambio en la extensión en la cual se puede recidir, el cambio a la relación colonial implica –dicho en la voz poética– la construcción de una gratitud a la tierra, ya no es una explotación, si no que es una gratitud.
¿En la construcción de la Ciudad Abierta cómo se aborda esto? La voz poética dice “hospitalidad”, y en esa indicación se erigen aquí las hospederías, y se construye un giro en la vida: ya no se trata de tener una vida privada, si no que de tener una vida pública y vida íntima. Las hospederías que se levantan en la Ciudad Abierta tienen una forma [el esquema que aparece en el medio] que está concebida desde la hospitalidad y para la hospitalidad; la sala en su interior en su centro tiene una característica, todas sus esquinas son abiertas, la sala es un cuadrilátero; tiene una segunda característica en esta disputa a concebir el lugar de la hospitalidad, en su perímetro conserva la arena sobre la cual se ha posado.
Las hospederías tienen el nombre del banquete, se llaman Hospederías del Banquete, lo primero que a uno se le ocurre no es cierto, bueno es, una buena comida y una buena celebración, cosa que es, pero incluye otro, otro sentido también, fundante, que es el banquete de la palabra, están concebidas, tal como lo nombró Carlos al comienzo del acto, para la hospitalidad que se da en la palabra que es oír a otro; en este acto de oír a otro se cumple la hospitalidad. Lo que ocurre en este lugar sin esquinas y con arena en su perímetro es que el centro del lugar no recae en el dueño de casa, si no en la palabra, y para esto, el lugar de la palabra ha tomado la forma de una mesa, en la cual se recibe y se oye a quién habla.
Ahora, hemos hecho un tránsito desde lo más distante, el continente hasta la mesa, en la construcción de lo que es esta América siendo un otro –como dijo Carlos antes– en el cual se es otro en virtud de la hospitalidad.
Pero quiero volver a lo distante, porque esta es una realidad que no se copa o no se cumple de una vez y para siempre, si no que queda siempre, queda cada vez medida nuevamente por un horizonte distante. Resulta que en los planos de Amereida aparece el continente girado, una connotación que tiene el giro del continente, el mapa del continente girado es un mapa para recibir lo que pensemos de América, lo que de América se piense en ella y hacia ella.
La voz poética indicó una capital poética, Santa Cruz de la Sierra, la construcción de la hospitalidad en la Ciudad Abierta es la construcción de la capital poética de América; alguien me diría que esto es una metáfora, esto es muy distante, pero no es así, porque la primera dimensión que hemos elaborado de la capital poética, es que existirá o existe la capital poética en tanto cuanto alguien piense y construya una dimensión propiamente americana, y la capital poética no mide los lugares, como una capital corriente, por su importancia, si no en una equivalencia a todos los lugares de América. ¿Qué podría ser esto? que todos lugar de América tienen una posibilidad de ser, con respecto a la capital poética, y esta posibilidad de ser no es en un futuro, es en un presente; y ?qué quiere decir esto? que todo lugar de América puede construir su presente, una plenitud.
David Luza: Otro ir y venir con y por las magnitudes de América; este pizarrón, cuatro puntos:
- Fundación.
- Partido Arquitectónico.
- Ethos.
- Volteo.
Me quiero referir al cómo se funda la Ciudad Abierta, no en qué se funda la Ciudad Abierta, y tengo más que la esperanza, la certeza de que me va a ser fácil, pues no voy a recurrir ni a la historia, ni al análisis, ni alguna tesis, si no que voy a aludir a aquello que hoy ha ocurrido y está ocurriendo.
- Primero, ustedes han venido de las márgenes de la Ciudad Abierta a la Ciudad Abierta.
- Segundo, han jugado, se han recreado.
- Tercero, han escuchado la palabra poética.
- Cuarto, se han posado en las arenas.
Fundación
Así se fundó la Ciudad Abierta, estos fueron cuatro actos, cuatro cálculos, acá en la pizarra en este primer mapa están señalizados los puntos desde los cuales se hizo el recorrido: en Agua Santa, en las dunas de Reñaca, en camino alto Higuerillas -Concón y en la isla. Cuatro puntos, cuatro recorridos para encontrarse con los límites de la Ciudad Abierta. Comúnmente cuando hay una extensión de esta magnitud –tengan presente que la Ciudad Abierta tiene como extensión en los términos de superficie 300 hectáreas– comúnmente se aborda a través de un plan regulador, un seccional, un plan maestro, una guía, que “antecede” lo que se quiere hacer.
Partido Arquitectónico
Cuando se funda la Ciudad Abierta, cuando se abre –que es otro término que se ocupa, y que no es ni descubrimiento ni conquista– lo que se hace es ir con y desde el paso, ir y escuchando la voz, ir y con el juego. Se puede decir, y esto quizás va en el tono de la tesis, de que lo que se quiere es tener una medida y si invertimos un poco, podemos decir también, que la medida es una experiencia cifrada, comúnmente la medida la señalamos con un número, pero lo que hay que recordar y de las cosas que es un legados en la Ciudad Abierta, que esa cifra desencadena un acto, viene de una acción. Así hay que leer las cifras que forman el partido arquitectónico de la Ciudad Abierta, y se pueden nombrar, (puede que me falte uno):
- El sin revés ni derecho.
- Lo im-puntual.
- Y el eje estaca.
El sin revés ni derecho:
Que el frente, que aquello que tengo adelante, no me sea la única opción, que la extensión no comparezca como el paisaje, es decir, que me genere un atrás, yo estoy enfrentado al Pacífico y tengo al mar interior como un revés, no; el sin revés ni derecho es que sean Pacífico y Mar Interior de suertes iguales.
Lo im-puntual:
No hay jerarquías de lugares, comúnmente cuando se funda en las ciudades se examina lo más favorable para la vida, en Ciudad Abierta, no: lo im-puntual, es decir, cada punto puede ser inicio y puede ser fin.
El eje-estaca:
Y quizás con algo de que todavía hay que seguir abriendo, es: lo dicho con la voz y en pie, con una vertical.
Ethos
La extensión se abrió con dimensiones lúdicas, se juega por necesidad no por deseo, lo dicho se explica en el tono de que se juega para concebir una subjetividad colectiva, en una dialéctica lúdica, se requiere del vínculo, no se desea el vínculo, que me lleva a una perspectiva, a una suerte de metamodelo, de la recreación; no se desea el vínculo, se hace el vínculo.
Volteo
Y aquí me permito una suerte de proyección, si pudiésemos, ustedes lo pueden hacer todos en verdad, examinar quizás en un punto de vista histórico las obras en la Ciudad Abierta. Uno podría atreverse a clasificar o a identificar lo que comúnmente se puede decir épocas o eras. Como dijo David Jolly, estamos en un presente, la Ciudad Abierta siempre se está pensando en un presente; y si me atrevo hoy a nombrar ese presente con respecto al total de su extensión y en el contexto del que está hoy en día, de Valparaíso y de Chile, diría que estamos en una situación de volteo, es decir: ahora de los límites de la Ciudad Abierta vamos a los márgenes de la Ciudad Abierta, partió siendo de los márgenes de la Ciudad Abierta, hacia la Ciudad Abierta a encontrarse con su límites; repito, ahora estamos de los límites de Ciudad Abierta a encontrarnos con sus márgenes, esto tiene que ver con el paso que tiene que tener Valparaíso de ciudad a metrópolis. (El jalón de América, me dice Carlos… éso es!).
Manuel Sanfuentes: Nos habíamos propuesto encontrarnos con ese hacer en ronda, y explícitamente cómo el oficio habla con la poesía; hemos querido traer al TA esas dimensiones del oficio nombradas por el oficio mismo –en este caso la dimensión arquitectónica de la Ciudad Abierta es presentada por David Luza y David Jolly. Si uno atiende, a través del oficio se trasluce una dimensión de la poesía y vemos cómo los elementos del oficio aluden a dimensiones de índole poética. Ya no podemos hablar a solas, se podría decir; la poesía misma cuando habla le habla a los oficios y a los oficiantes.
Hay una dimensión con la que nos encontramos hoy día que nos vuelve a encontrar con lo co-tratado en conjunto, y nos enfrenta a lo que entendemos por conocimiento y desconocido, leo algunas notas:
La dimensión del ha-lugar, la Ciudad Abierta, nos enfrenta al desconocido. La comprensión de este fenómeno oficio-poesía debe reconocer esa distancia; hay una paradoja, cómo recibo ese conocimiento, cómo me aproximo a ello, cómo lo entiendo o dónde ubico aquello que se me dice dentro de un proceso de instrucción o formativo? Se puede establecer una brecha entre lo que se está diciendo y la dimensión poeta que eso trae.
La escuela se funda en esa brecha; la misma situación es la que se produce dentro del arte moderno en el siglo XX cuando surge la abstracción dentro de la cuestión representativa en que estaba la pintura hasta ese momento. La labor representativa queda superada y el fenómeno plástico (creativo) se constituye por sí mismo, y ya no quiere representar sino hacer patente el hecho plástico o pictórico (el hecho poético de la dimensión plástica). Se podría ejemplificar con el Blanco sobre Blanco de Malevic, la poiesis pura. Podemos decir que estamos dentro de la misma problemática figuración-abstracción y oficio-poesía, que al mismo tiempo se nos plantea como un paradigma; ¿cómo sobrepasar esto para encontrarnos con aquello que se desconoce? Que sería la única manera de encontrarse con lo nuevo.
Cuando se trata de exponer un conocimiento, un cierto saber hacer sobre las cosas, lo primero que se hace es apoyarse precisamente en aquello que ya se conoce y uno va aprendiendo a hacer; la labor del oficio es instruir en ese saber hacer. Por otro lado, y esa es la otra cabeza que tenemos, la poesía va a apelar siempre a aquello que precisamente se desconoce; es ese el campo de relaciones que se da entre dos cosa formando una brecha, y ahí está el entendimento o no entendimiento del fenómeno completo que reune a la poesía con la arquitectura, los diseños y las artes, y ques un hecho artístico en el cual hemos querido encontrarnos y que al mismo tiempo nos hace preguntamos cómo transgredimos ese propio hacer para poder llevarlo a un extremo del conocimiento, que es el “incesante volver a no saber” que nos viene de la Ciudad Abierta y de las arenas.
Entonces no habría un modo, un modelo o un método determinado de abordar la obra de arte, sino simplemente se trata de encontrarse con un proceder que abre o se abre a ese desconocido; esto nos lleva a permanecer en un hecho inédito y a preguntarnos cómo se habita el presente bajo una situación inédita. La mira o re-mirada sobre nosotros requiere de una cierta detención –podríamos decir que una clase, con toda lo cotidiano que ella pueda tener es una detención dentro del proceso de formación–, y este año tiene algo que construir de esa detención; en el decir de Amereida, es el retén: “retén esto” ((retén esto el cielo tiene dos combas solamente el trigo pleno bate las caletas de los fresnos anfractuosos el plato verde de campo con sólo los bordes trabajados todo se aparta para dejar un centro sobre la finca.
Amereida Vol 1, p. 63)) para construir esta situación nueva y este hecho inédito que al mismo tiempo cambia y transforma el mundo.
Si “el camino no es el camino”, como señala Amereida, significa que todo lo ya adquirido, todo estos 60 años, lo ganado, heredado, tiene un valor en cuanto permite y da la posibilidad de re-inventarse. La frase transcrita en el Anfiteatro de la Ciudad Abierta y que la repetimos muchas veces dice “que lo que a nosotros nos vino permanezca como viniendo”, habla de esa situación del presente; podríamos tomar las cosas como venidas y me quedo con aquello venido, ya venido, dado, consolidado; sino que quisiésemos permanecer en esa situación abierta viniendo, como un verbo en gerundio; al estar conjugándose el verbo en un tiempo presente, su decir o su acción nos enfrenta al desconocido del propio presente; por eso reconocemos aquello de “no saber”, porque “volvemos a no saber”, “cada vez”. Este reconocimiento es la admisión, que junto a un conocimiento tan preciso tenemos esa dimensión que nos re-abre lo ya adquirido, nos muestra denuevo. Esta manera de abordar las cosas, ciertamente nos enfrenta al mundo, quedamos perplejos ante el mundo, y el mundo ante nosotros; pero al mismo tiempo es lo que nos otorga libertad, eso es lo que estamos construyendo.
Carlos Covarrubias: Recordando aquel día en la escuela la semana pasada. Se abrió un tiempo, los poetas no sirven para nada, pero posiblemente de tanto en tanto abren tiempos, qué significa eso, nada más que esa cosa: abren tiempos. Y yo decía, no por esa gracia mía si no que por gracia poética, por transparencia poética, que estamos en un tiempo de celebrar, y a eso me voy a dedicar, todo el camino.
Si nos callamos un instante y guardamos silencio, qué oímos? Las pájaras salvajes? El mar incierto? Las gentes desnudas entre sus dioses? Si nos callamos un instante y nos vaciamos, oímos los pájaros, y ahí está la bandada y si miramos y dejamos que el ojo graciosamente observe, vemos que esa bandada de pájaros se articula de un modo tal, tan armónica, que no chocan entre si; y qué tendrán los pájaros para estar en bandada en conjunto, en armonía, qué tendrán para no chocar entre sí. Una conciencia colectiva, tienen esa conciencia colectiva que hemos llamado instinto; tienen el don, la gracia, el regalo del instinto.
Ahora, si miramos para acá, un poquito para acá, para allá, vemos una aglomeración de árboles, de eucaliptus –o eucaliptos en castellano–, y están de lo más bien compartiendo la luz y el sol, y lo hacen espléndidamente bien y están ahí en perfecta armonía. Y qué resulta si a veces los seres humanos se aglomeran entre sí, los seres humanos muchas veces cuando se aglomeran, chocan, pelean, batallan y se buscan la primacía.
Esta escuela quiere celebrar, y para celebrar, no nos queda otra que tomar y acoger aquella palabra poética que dice del “incesante volver a no saber”, porque en ese incesante volver a no saber es que quedamos todos por iguales ante la realidad, todos por iguales ante una observación, ante una contemplación o ante un dibujo es que quedamos realmente por iguales; y esa es la opción que tenemos para poder celebrar, para poder dar cabida y celebrar hay que… –se fijan que cuando uno va a ir a una fiesta a veces hace un cálculo y no come, y va un tantico vacío, para recibir lo que viene, hace ese acto de vaciarse, ese acto de abrirse para recibir lo otro, lo que no está, en palabras del poeta, el desconocido que ha de presentarse y ha de llegar como ha de llegar.
Entonces, esto que aparentemente, es una frase, ese “yo soy un otro”, si avanzamos un poquito, en palabras del mismo poeta, si avanzamos un poquito, él nos abre este misterio, cuando dice “si el cobre se despierta clarín no es su culpa”, no es su culpa; si el cobre, usted, se despierta arquitecta, y suena y resuena como una trompeta excelsa, romana, para saludar a Cesar, no es su culpa; ese otro implícito en éste, esa verdadera magia milagrosa de la existencia, esa verdadero –digamos– milagro de todo ser.
Eso es lo que celebramos, y en la concreta gestión o en la concreta manera, o en la concreta modalidad de esta escuela, a mi se me salió que el otro de la poesía es el oficio y el otro del oficio la poesía, y en –llamémosle así– esa barca de proa y popa, o borda, en ese babor y estribor, popa y proa, es que habita el ser humano, si no, no habita, sobrevive.