noviembre 24, 2011

Magíster Ciudad y Territorio visita Proyecto 30 Casas Mínimas

Categorías:

El día sábado 22 de octubre se hizo una visita a terreno a ver el proyecto “30 casas mínimas en Valparaíso”, en el marco del Seminario Sociología y Antropología del Habitar y del tema Las Transformaciones en la Vivienda.
En este contexto se incluye el conocimiento de este proyecto porque en él se asumen los temas de la vivienda mínima, del condominio, del ámbito social y de la periferia urbana, con una mirada arquitectónica y psicosocial conjunta y simultáneamente, desde la generación del proyecto hasta su posterior desarrollo.

La visita consistió en un recorrido por el pasaje, el balcón-estacionamiento, la plaza de juegos, el interior de las casas, la galería y el patio interior.
Durante todo este recorrido se produjeron conversaciones y observaciones de las casas, tanto de sus detalles y soluciones constructivas como de sus particularidades y trasfondo psicosocial estudiado en el curso. Se realizaron consultas y recomendaciones en cuanto a la gestión del proyecto; aspectos sociales del plan de habilitación y proyectos complementarios de arquitectura.
A continuación se agregan algunas observaciones y reflexiones de los alumnos del Magíster.

Lo ausente como otra manera de hacer.

Con ocasión de la visita a las 30 casas, surge nuevamente el asunto de que la vivienda mínima es una vivienda a la que le falta algo, sea ello tamaño, recintos, personalización, etc. Ello es lo que habitualmente se cree.
Pensaba en la falta o mejor dicho en la ausencia, a propósito de unas preguntas realizadas a Juan. Una pregunta era por la ausencia de ventanas en una de las fachadas, la otra por la “ausencia” de cornisa en la caja de escala. Ni una ni otra falta, sino que se presenta en la ausencia para mostrar algo, para reparar en que no todo está hecho de antemano, que no tiene que hacerse como siempre. En ello radica lo esencial de la observación arquitectónica y también de la participación de la comunidad en el proyecto.
Respecto a la pregunta por las ventanas, Juan indica que ello marca el privilegio por las fachadas largas que en que las casas (que ya no viviendas solamente) se miran entre sí, reforzando la vida interior del conjunto, en el mismo entendido, pero de otra manera que las cajas de escalas pudieran permitir la mirada y el encuentro entre vecinos, a modo del balcones enfrentados, tan propios de la ciudad. Por ello la ventana no falta, sino que su ausencia muestra de mejor manera otra presencia: la de la comunidad, la del vecino que puede mirarse para encontrarse.
Con la “cornisa”, pasa una cosa diferente. Normalmente las viviendas sociales no la incluyen puesto que se entregan en “obra gruesa habitable”. Una manera de acusar su ausencia es el espacio no forrado de la caja de escala. Pero lo que acusa es una manera de recibir luz, con lo cual la cornisa aparece como vacío profundo y no como un lleno sobrepuesto. El espacio aparece como detalle, por tanto como una presencia de otra manera.
La participación de las familias en el desarrollo de un proyecto abre un campo de posibilidades a los arquitectos, en cuanto aparecen diversas maneras y modo de relacionarse, de comprender el habitar y de hacerse un mundo, mirando aquello con cuidado, el arquitecto puede reparar en que lo mínimo no es hacer menos, sino buscar otras maneras de hacer en que lo ausente compromete lo presente.

“Lo que es digno de hacerse, es digno de que se haga bien” ((Conde de Chesterfield))

Conocer in situ el nuevo conjunto habitacional, que acogerá a 30 familias de Valparaíso, significó una hermosa oportunidad para reflexionar sobre la “dignidad” como factor de emprendimiento y superación de obstáculos. En efecto, allí –en la obra habitada- convergen la dignidad de un grupo humano que se organiza para alcanzar un sueño, fiel expresión de que hay que unirse, no para estar juntos, sino para hacer algo juntos y la dignidad de la obra entregada. Obra que ya no le pertenece a quienes la concibieron, sino que pasa a ser patrimonio de quienes la habitarán, otorgándole un nuevo significado.
Se construye así un nuevo espacio y en él aparece una nueva realidad para quienes habitarán en esas viviendas mínimas. Viviendas construidas a partir del cuidado de los detalles y de la preocupación por hacer de ellas el lugar privilegiado para el habitar y el buen vivir.
Ante tanta vulgaridad y desprolijidad con la que a diario nos toca convivir, especialmente cuando abordamos la construcción de viviendas sociales, resulta esperanzador encontrar en Valparaíso una obra de excelencia que da cuenta de que las cosas pueden ser distintas y cualitativamente superiores. Sólo se requiere para ello del cuidado y la férrea disposición a nunca perder de vista la dignidad de quienes habitarán en la obra. Si ello se cumple, la obra adquiere su propia dignidad y se convierte en “única”. Es el caso de la comunidad Los Pinos – Las Estrellitas.
Durante el taller me hice la pregunta de cómo un lugar preciado dentro de la ciudad se transforma en un lugar de privilegios. En el gran Valparaíso ese privilegio consiste en tener la mejor vista del paisaje o la cercanía con la playa, que a su vez es signo de cierto status social. En ese sentido de lugar preciado, puesto que se avista la rada casi en su totalidad, Playa Ancha y Concón no son muy diferentes. La diferencia está en una cuestión social. El Proyecto de las 30 Casas mínimas atiende al problema social integrando y potenciando el valor del privilegio que es vivir en el lugar donde está emplazado. Así es como se instala el área de espacio público en la mejor ubicación del condominio, quedando las áreas destinadas a deportes, plaza de juegos y sede social, orientadas hacia esa vista privilegiada de la ciudad. De éste modo se compone en una contrapartida al departamento privado en altura, ya que el privilegio es “de todos”, lo que nos lleva a pensar que por ese carácter de espacio común se mantendrá en el tiempo. El Proyecto de 30 casas mínimas se hace cargo de los espacios colectivos en distintas escalas; construye y propone como nos mencionaba Carolina Naranjo, más que una casa, se trata de la proyección de un modo de vida.

LO ENFRENTADO DEL CO – DOMINIO.


Desde lo estudiado por algunos talleres entre 1999 y el 2000 en el Camino La Pólvora, vemos como la necesidad de hacer ciudad de la mano con la vocación por el oficio, se dieron cita en la conciliación de intenciones pro vivienda mínima.
Esas fueron las directrices que detonan en la construcción de 30 viviendas que hemos visitado con el curso, ellas siendo/estando entorno a un eje que dirige y se extiende por la línea bordeante del cerro extendiéndolas al mar en lo Alto de Playa Ancha.
Las treinta viviendas se reconocen como condominio, pero más que esas familias estén/tengan con – dominio con el lugar tienen un co – dominio, un dominio común de la extensión en que también se encuentran la plaza y los juegos, en que este proyecto conjuga las expectativas familiares y las posibilidades recursivas de un Fondo Solidario en conjunto y abogan por un desarrollo social en conjunto dentro de un número establecido mínimo de familias en convivencia.
El hecho de compartir este dominio, entrega el encontrarse y verse enfrentados en lo cotidiano del quehacer, al estar con lo visto de Valparaíso, esa vivienda encimada a la pendiente que entrega esa cercanía visual con el otro y lo hace partícipe de ese desarrollo de relaciones vecinales dentro de este pequeño barrio.
Lo que entrega esta vivienda mínima es una posibilidad a una consolidación arraigada en la vivienda con una proyección desde el patrimonio familiar, una base que se presenta como los pilares fundamentales de la vida en común para con el otro, desde una articulación del espacio que contribuye a entregar intimidad y orden en un reducido metraje cuadrado a una familia antes carente de ello.

Noticias relacionadas