Exámen Primer Año Diseño
Exámen Primer Año Diseño | Primer trimestre 2011
Para presentar el Taller a la ronda de profesores nos pareció importante declarar, junto al trabajo de los alumnos, el número total de las clases impartidas en ciclos regulares durante este primer trimestre: lunes Presentación, martes y viernes Taller y jueves Construcción. Cada clase asociada a una lección, una tarea y en muchos casos, también a una corrección. Todo este abultamiento se dispuso en una página apaisada y se pegó en la pared a la entrada de la sala, condiciéndose –cuantitativamente- sin duda con el rigor que nos propusimos tener desde que empezó el año académico. Al ver esta información diagramada en la pared entendí que había una enorme contradicción entre lo que allí se presentaba y la naturaleza que realmente eso tenía. Cada clase descrita equivalía a un párrafo ensimismado o bloque de texto separados entre sí por márgenes equivalentes y ordenados cronológicamente. Toda esta estructura permitía, efectivamente, tener una serie de unidades contables, pero ignoraba una zona de la materia que se da a modo de trama detrás del espacio en blanco que separa los bloques de texto: una red de vínculos que no responde en absoluto a la estructura dada. Si en realidad pudiésemos ver el contenido que reposa bajo esta norma que impusimos, encontraríamos una trama compleja que va de un lado a otro en distintas direcciones y profundidades.
Entonces, a partir de esta imagen de lo “indirecto” o de lo que no aparece a simple vista, me gustaría referir a continuación ciertos aspectos del Taller.
1.
Me inclino a pensar que si se le pregunta a un alumno de primer año lo que ha aprendido durante este trimestre, va a tender a enumerar lo que a primera vista parece ser lo más propio del diseño. Probablemente se refiera al papel, al alambre, a la tipografía, los planos, sin duda al dibujo (o al croquis que es a lo que se está aproximando), etc., en su mayoría, a las materias relacionadas con la Construcción. Pero fuera de lo obvio sería importante aquí, darle lugar a todo lo que queda en un segundo plano, pero que igualmente comparece a favor de esta trama que se está armando. Es posible que una parte, quizás importante de lo que refiero, vaya a parar al “palimpsesto”[1], y que aparezca más tarde en la forma de memoria involuntaria (puesto de este modo, todos somos palimpsestos y basta que una acción corriente en un momento inesperado desencadene con fuerza un recuerdo que parecía perdido en la memoria (magdalena de Proust), aún así, dentro de este universo de informaciones que se inscriben y se borran, existe una cantidad de relaciones que debe aparecer de manera consciente al amparo de lo que el alumno propone en su trabajo final. Eso se cobra (lo inmediato).
2.
Volviendo a estos “actores secundarios” quisiera traer a presencia algunos personajes asociados a la Presentación como también algunos ejercicios en los que hemos insistido porque nos parecen herramientas elementales para la formación de un universitario (universal, no especialista).
A lo largo del Taller (principalmente en Presentación) se inscribieron disciplinas como la pintura, escultura, poesía, arquitectura, danza, cine, etc., al modo de iluminaciones sobre una visión del diseño. Particularmente me interesa destacar los casos de Bracque y Rodin, que fueron vistos al sesgo, o de manera oblicua (poco convencional). Conocimos al pintor a través de su escritura y al escultor por medio de sus conversaciones sobre Arte. De Bracque estudiamos sus aforismos y de Rodin leímos una serie de fragmentos que nos aproximaron a los temas que lo rondaron, como el arte, el realismo, la belleza, la naturaleza, podríamos decir su poética.
El aforismo, en este caso los de un pintor, es un género literario que dice mucho en pocas palabras (una verdad) y generalmente con mucha belleza. Su carácter evocativo y la gran cantidad de sentido que encierra lo acercan a la poesía. Podríamos decir que es una “máxima mínima” que se emparenta con la premisa del arquitecto van der Rohe “menos es más” frase que resuena permanentemente en las correcciones.
3.
En última instancia quisiera referirme a las herramientas indispensables para elaborar un pensamiento, para proponer: leer y escribir, y luego por cierto, en distintas complejidades, dialogar, divagar, argumentar, relacionar, en fin, aproximaciones al discurso. Las dos primeras parecen materias de segundo básico, entonces lo que planteo es un despropósito. Pero lo que planteo en realidad es una maduración de estas capacidades. Leer, por supuesto, no es tan solo descifrar signos. Sabemos que ha disminuido enormemente el analfabetismo en el mundo, pero la ONU inventó un término para describir el fenómeno moderno: iletrismo, así se refirió hace un tiempo a la enorme masa que actualmente sabe leer, pero no entiende lo que lee.
Pienso desde la experiencia que me resulta más cercana: idealmente un estudiante de diseño (y luego un diseñador) al momento de “editar” un texto no debiese convertirse en un “maquetista”. Así como desarrolla una sensibilidad con la materia gráfica debe ser igualmente sensible con el texto. Debe entender que forma y contenido son indisociables y que es preciso al menos leer y comprender lo que va a diagramar para tomar con propiedad las decisiones más certeras cada vez que se enfrente a esa tarea. Que se involucre. Entender que no trabaja sólo con el blanco y negro de la letra sino con el sentido que subyace bajo esos signos (no basta con introducir la palabra en el espacio como si fuese un “conjunto de pequeñas marcas que avanzan en una línea clara, como ejércitos de insectos, a lo largo de páginas y páginas de papel blanco”).
El caso del diseñador español Mauricio Amster es ejemplificador en este sentido, si bien instaló una tradición editorial en Chile con una fineza de artesano, manejando a la perfección las herramientas propias del diseño gráfico y preocupándose de resolver cada detalle formal con la mayor justeza posible, nunca dejó de pensar íntegramente el libro, de proyectar colecciones, desempeñarse como editor y mantener una relación colaborativa con personajes afines al fenómeno editorial y al pensamiento crítico y estético de su época.
Por eso muchas veces somos majaderos e insistimos en que elaboren sus “abstracts”, como hemos llamado a las síntesis que realizan para presentar sus observaciones (que no es otra cosa que la elaboración de un pensamiento ordenado); majaderos en corregir la ortografía y la sintaxis; o también, cuando pedimos que analicen con “rigor científico” y Corominas en mano el sentido de un aforismo. Es este rigor el que finalmente les va a dar la libertad creativa. Creemos que esa libertad se gana y ganarla cuesta mucho trabajo.
[1] Término que se propuso para definir la “cabeza” o modo de pensar de un alumno que recién entra a la Escuela (palimpsesto es el manuscrito que conserva la huella de una o varias escrituras anteriores (borradas) en la misma superficie.