junio 7, 2011

Examen III año arquitectura – La Sede –

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Profesor: Jorge Ferrada H
Profesor Ayudante: Isadora Droppelmann

Plaza Biblioteca Carrasco

Jorge Ferrada Herrera

El taller de tercer año abocado al estudio acerca de la sede, se ha propuesto esta vez trabajar entorno al caso de una biblioteca pública en Viña del Mar. El caso es un caso hipotético pero es requerimiento de las disposiciones que Dibam (Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos) tiene para el caso de la ciudades cabezales de provincia que componen la región de Valparaíso. Pensamos adecuado encontrarnos con el caso de una biblioteca pública que tuviera que vérselas con un edificio patrimonial, un edificio emblemático para la ciudad y que tuviera la potencia de estar en un espacio público, en este caso en una plaza.

El palacio Carrasco, es una antigua casa de Viña del Mar, cuyo jardín fue convertido en plaza pública al pasar a manos del municipio de Viña, y en el año 1986 es nombrado Monumento Nacional.

En el palacio está el archivo histórico de la ciudad, como así también la biblioteca municipal Benjamín Vicuña Mackenna. Luego se trata de un lugar reconocido, y al cual se le consigna un valor histórico de importancia. Ahí entonces se abría potencialmente el caso posible de llevar a cabo un proyecto que se las tuviera que ver con un edificio preexistente y que fuera capaz de proponer un nuevo espacio para la ciudad, en el cual lo público de la plaza y de la biblioteca, dieran cuenta de una apertura espacial que constituyera a la plaza, ya no como un jardín abierto, sino como un espacio de expresión y de vida pública.

 

Hay factores relevantes que destacar entorno al proyecto, se trata de encontrarnos más allá que con un caso, con una experiencia creativa, en la cual cada alumno tienda a encontrarse con el lenguaje especulativo de la arquitectura, y con las raíces de lo que podríamos llamar la rubrica de cada cual. La experiencia creativa, es aquella en la cual se le da curso a través del concreto empleo del lenguaje. Lenguaje que en nuestro caso trae consigo distingos claros y precisos que ciñen el modo de comprender el espacio y de elogiarlo a través de la forma arquitectónica.

 

Para ello hemos distinguido desde el primer momento en el taller, el lenguaje especulativo. Este distingue cuatro formas, la Constatación, la Observación, el Dato y la Observacional. Cada uno de ellos en un modo de enfrentar el conocimiento y el saber especulativo propio de la disciplina arquitectónica. Se trata, por tanto, de un saber que tiene constataciones, aquellas que dicen de un modo de encontrarse con lo evocativo, incluso a modo indirecto, es un modo de medir con aquello que es medible, en una primera aproximación la memoria. La observación es única y “ella sola ejerce imperio sobre sí, cada vez”[1] es la medida del espacio en el presente, sin evocación de algo anterior ni de algo posterior y con la plena intervención del observador. El dato es aquella medida que se trae de los antecedentes, antecede con ello a los procesos para llegar a la información. Los datos son solo hechos que describen sucesos y entidades. Y por último, la Observacional que es un modo de encontrarse con el conocimiento, tanto en cuanto a la descripción, como al análisis, conservando el limite de la no intervención del observador.

Se trata, por tanto de un saber que se busca por el puro gusto por las cosas bellas es lo que los griegos llamaban filo-calía, que tiene por esencia el hecho de ser buscado. Es pues, aquí que queremos que nos detengamos un instante. Tenemos un saber que viene estructurado a través del lenguaje de las ideas, que permite definir y distinguir, aquello que se ve desde una visión mental que los griegos llamaron Nous.

Para poder explicar esta dimensión noetica del saber que creo nos es muy próxima a la construcción que hacemos de la Observación, tendré que entrar someramente en un tema filosófico. Lo hace Aristóteles cuando distigue a:

 

1.     ENTENDIMIENTO: Dianoeia- como las virtudes de la actividad del Nous. El entendimiento (pensar y discernir)// dividir, describir, desagregar, separar..que de alguna manera nos habla de una forma de desarmar, para poder comprender, como lo hacen frecuentemente los niños con los juguetes nuevos.

2.     IMPULSO A SABER: Orexis- impulso a saber, saber que por naturaleza estamos impulsados, no es un saber cualquiera es una eidénai, que Aristóteles llamó así al poseer intelectivamente la verdad de las cosas. Y de que tenemos este deseo por naturaleza es un signo (onmeion) de delectación. El deleite que tenemos en el ejercicio de sentir.

 

Y dentro de los saberes:

 

EXPERIENCIA: Empeiría (como aquella la de los animales que mientras más experiencia tienen más inteligentes parecen ser)

empeiría apoyada por la memoria (saber exclusivo del ser humano)

Tékhne— ars latino, viene a señalar la capacidad de producir (poíesis) de algo, se trata para un griego no de hacer las cosas sino de saber hacer las cosas. Se distingue el que sabe solo el que (óti), del que sabe el porque (dióti), y lo sabe universalmente, y por ello lo que se sabe por tékhne es enseñable (mathema).

La tékhne tiene este triple modo de saber superior

saber mejor (conoce su ser-razón)

saber más  (más cosas)

saber enseñar (sabe comunicar y enseñar)

el término de este saber es hacer una Obra (érgon), cuando la obra esta completa y terminada             termina la operación que la produce.

PRUDENCIA: Phrónesis— La capacidad de distinguir el bien del mal, el hombre no vive produciendo obras, sino acciones. Vive realizando acciones, esta en actividad. No se trata de una “actuación”, lo que conlleva una interpretación moral, sino aquello que Aristóteles llamó la “estar en acto” (energeia), pura actualidad, o más aún “saber actuar”. Su término no es la póiesis, sino la praxis, que es la actividad en acto. Para Aristóteles la praxis no se pone a la teoría, sino más bien esta última es el estado culminante de la primera. Actuar en la vida según el bien y el mal del hombre. Es un saber actuar.

CIENCIA: Episteme— ciencia en sentido estricto, aquel saber que más que mostrar(deixis) la causa de algo, de-muestra (apodeixis) sabe con verdad la interna articulación de la necesidad constitutiva de aquel algo.

Apodeixis- de-mostración (por abajo) exponer

Epideixis- exhibición (por encima) mostrarse a sí mismo

el logos es un acto mental de una estructura sumamente precisa que acontece en la demostración.      Y por esto la estructura mental que conduce a este logos se llama Lógica. La lógica es el camino     (methodos) que conduce a ese logos de lo que la cosa es necesariamente.

Nous— inteligencia, aquella que proviene de la intelección, entendido para Aristóteles no en el sentido del acto de una facultad, sino en el sentido de modo de saber, muchas veces se traduce malamente nous por Razón, El modo por el cual sabemos que este “ser que es siempre” es el nous. O sea, de que un triangulo cualquiera es triangulo…El Nous es un modo de saber por el que, en forma videncial, aprehendemos las cosas en su ser inconmutable.

Cito una Observacional de Alberto: cuando nos dice: Los tamaños son indeformables, Igual que para los automovilistas buscando los huecos donde estacionarse, Asunto por lo demás antiguo…la distancia de sangre de Shakespeare[2]. El Nous es por decirlo de una forma simple la intelección primera de algo, a través de una videncia. La teoría es el acto de Nous, y la actividad actual del nous es la vida. El Nous desde lo antiguo es considerado como el rapto de los dioses, un Prometeo encadenado de Esquilo, desafiando al mismo Zeus.

El OCIO: Skolé-, de donde nace la ciencia. El saber logrado en el ocio, es el theorein. Teoria que es ver, no es simplemente ver por ver. El teoros era también en Grecia, un inspector, que veía el juego y sus reglas, sin jugar el juego, un veedor.

 

La energía es un movimiento en armonía con la naturaleza, mientras que la pasión es un movimiento en contradicción con la naturaleza. La energía es la actividad radical de la naturaleza, y por drástica que se entiende lo que se mueve por sí mismo, por ejemplo la alergía. Así, en relación con el corazón, su pulso natural es la energía, mientras que sus palpitaciones, que es un movimiento excesivo y poco natural, es la pasión y no la energía.

El saber del sophós no va ordenado a ninguna producción, o poiesis, sino que es una acción que se basta a sí mísma, es pura praxis. El signo que lleva el hombre de querer saber por saber, y el deleite que esto le provoca. Una felicidad tal, una eudaimonía proviene de una primera sabiduría, la sabiduría del Nous, que entiende lo que es “ser”. Es la vida que produce más satisfacción (édiste), las satisfacciones más admirables (thaumastes). Esta moviéndose en perpetuo descubrimiento, en perpetua huida de la ignorancia.[3]

Así el paso por el que cada estudiante se acerca al lenguaje del taller y logra comprometer lo suyo a modo de una primera rúbrica, por otro debe obedecer al rasgo inicial propuesto por el mismo, que aparece ente ellos mismos como una posibilidad dialógica, en la cual sin requerir elocuencia se debe estar pronto a su dictamen. No se trata por tanto de un proceder de gustos y pareceres, sino de una disputa creativa con aquello que estando fuera de cada cual logra tener y conquistar presencia y perdurabilidad, fortaleciendo sus fundamentos primeros.

Se trata por tanto, no de un “proceso” propiamente tal, sino más bien de un enfrentamiento o actividad creativa que permite que aquello que se coloca en contra como aquello que primero se estructuró como el rasgo, sea favorable a la obra (érgon).

Por esto, el “ver” es una actividad teorética, es teoría propiamente tal, tanto en cuanto la medida, como  porte y mensura, se las tengan que ver con el tamaño, como aquel que recoge el acto arquitectónico y la forma, y que trae consigo su indeformabilidad, y con ello, el calce con la geometría, como ciencia que sirve a la técnica, así como el ocio (Skolé), en el que se ha fraguado muchas veces el negocio de la vida[4].

El distingo de elementos arquitectónicos que aparecen desde esta disputa con el rasgo como estructura radical de la extensión, debe encontrarse con lo que hemos llamado ENE, estructura nominal de la extensión, aquella que con diáfana claridad nombra aquello que se propone, o sea, dice lo que “es”, y de como es visible para otros.

 


[1] Alberto Cruz, Estudio Acerca de la Observación en la Arquitectura, 1979, p.13.

[2] Alberto Cruz, Estudio Acerca de la Observación en la Arquitectura, 1979, p.5

[3] Xavier Zubiri, cinco lecciones de filosofía, p.11-56,1988.

[4] Xavier Zubiri, cinco lecciones de filosofía, p.40, 1988.

 

 

 

Isadora Droppelmann

La construcción de la iglesia de las Carmelitas en 1905, transforma la vida urbana de Viña del Mar. La vida hasta entonces sostenida en la plaza, tiene una nueva forma de encuentro, el paseo, aquel que tiene lugar entre la plaza de Viña y la iglesia. En 1917, un cabezal norte, ubicado en el otro extremo de Av. Libertad le construye al largo su dimensión terminal; el regimiento Coraceros viene a completar la Av. Libertad y a cantar con ello la constitución del paseo y la vida pública de sus habitantes, consolidándose como el eje donde la estructura urbana coincide con aquel lugar donde la ciudad se revela y acontece. La iglesia de las carmelitas aparece entonces como el punto medio del paseo; punto que se consolida socialmente en 1930 con la abertura del palacio Carrasco al espacio público, al cual, en la acción de sacar sus rejas, se le cambia el acto, pasa de ser jardín a parque, convirtiéndose en un nuevo espacio de exhibición social.

En ello, la ciudad viviendo el máximo esplendor de su vida pública.

 

50 años más tarde, con la masificación del automóvil, la ciudad cambia su ritmo y el paseo de Libertad deja de ser un elemento urbano configurador del régimen social; más tarde con la desaparición del regimiento y su reemplazo por la extensión de la avenida, termina por extinguirse y se convierte en un lugar de paso en que mientras más rápido se va, mejor.

 

Las plazas son hoy el único vestigio de aquel elemento social urbano, más poco dicen de una realidad de encuentro. Entre ellas, la plaza Carrasco, centro cultural, biblioteca y archivo histórico de la ciudad, junto al museo Fonck, que podría pensarse un punto socio cultural emblemático de la región, soporta su vida más por el paradero que por su ser plaza; más allá de la parada, entre un par de estudiantes, uno que otro maestro en hora de almuerzo, nos encontramos ante un eriazo social urbano, que termina por recibirnos en aquello que pareciera ser el patio trasero de una casa, que por alguna medida un tanto descuidada terminó abierto a la vía pública. A lo des habitado de esta extensión se suma el que la biblioteca y archivo, a un año del terremoto permanezca cerrada, esto si es que puede decirse alguna vez estuvo realmente abierta, pues su infraestructura de pasillo, lejos está de soportar las necesidades culturales de una población de casi 300.000 habitantes.

 

El resultado de esto: Se ha perdido el encuentro urbano en la extensión de Libertad, la dimensión del saludo. Y es que la “plaza” lo que no tiene constituido es su forma de plaza, aún en estado de jardín-parque abierto demanda ser trazada como espacio urbano. El encargo entonces constituir su ser plaza, donde ser recibido por la ciudad y su gente, para volver a satisfacer las necesidades profundas y permanentes del hombre.

Comprender la plaza como un espacio donde se desarrolla la acción de las sociedades, acción que como sostiene Hannah Arendt es prerrogativa exclusiva del hombre y depende por entero de la constante presencia de los demás, de estar juntos.  En la plaza, con el paseo y la exhibición, como escena, cuya función es posibilitar la exposición, ostentación y contemplación de otros, el “juego de la auto identificación como individuo y como miembro de la sociedad”. Un lugar para mirar y ser mirado en compañía de la naturaleza. Y es que la comprensión de un habitante como ciudadano, como zoon politikon o animal socialis como traduce Aristóteles, requiere de una condición social cívica, que dice de su grado de inclusión en el acto de encuentro a escala urbana, aquel que se celebra en el espacio público y permite el encuentro con la otredad; como diría Capel, es la “manifestación de un orden social, de una voluntad/ manera de vivir juntos”

 

Entonces, el proyecto viene a constituir el ser plaza y a construir la Biblioteca Pública de Viña, con la infraestructura necesaria, ambas concebidas como una sola cosa, para cantar una relación entre lo público y lo privado, el ocio y el negocio. Esto, en la comprensión del comercio como algo significativo en las modalidades de relación social en una ciudad, posibilidad de un vínculo entre lo público y lo privado, colectividad e individualidad, como elemento del paisaje mental de los ciudadanos. El taller sostiene que el espacio público requiere de una contraparte no pública que soporte la actualidad de esa actividad en el tiempo, mirando este negocio como algo que otorga valor a lo urbano, pues es signo de centralidad, referencia de urbanidad, sin las cuales la ciudad o barrio se percibe como muerta. Bajo esta concepción, la supervivencia de los espacios públicos en su dimensión colectiva depende en gran medida de la multiplicidad de intereses particulares. Cada alumno entonces propone junto al programa de la biblioteca uno complementario que establece el grado de factibilidad y sostenibilidad del proyecto; restaurantes, locales comerciales, teatro, estacionamientos entre otros. Medida que permite soportar una dimensión económica y de necesidades humanas, la relación ocio-negocio, pues como diría Alberto, sólo hay ciudad cuando existe ocio, sino es un campamento o una factoría.

 

Aquí, la trascendencia del caso de proyecto en torno a la vida y los saberes del hombre. Como expone Zubiri, el hombre tiene en su vida distintos tipos de saber. El primero, la tekhne, dice del saber cómo encontrar lo necesario en el sentido de lo urgente, luego otras tekhnái, dicen del saber cómo lograr el placer, la comodidad y el transcurso plácido y agradable de la vida, estas últimas encargadas del negotium. La vida no es solo necesidad, es también negotium. Ahora bien, nos dice Aristóteles, solamente cuando están resueltas las necesidades de la vida y solamente cuando están descubiertas, además, todas las tekhnai concernientes al placer, a la comodidad y a la vida fácil, solamente entonces es cuando el hombre puede librarse del negotium y quedarse en simple otium, ocio. Ahí es donde va a nacer otro tipo de saber completamente distinto que no es una tekhne, sino una ciencia. El ocio no es hacer nada, sino vacar para lo innecesario y lo no-negocioso: no ir a las cosas sino por las cosas mismas. Lo que en el ocio ha movido al hombre es la admiración.

 

Queda dentro del taller aquella propuesta que da cabida a la posibilidad de sostener este estado de ocio, donde contemplar la exposición de los otros en la extensión, donde mirar y ser mirado, como aquella dimensión que trae lo público a toda ciudad, para sostener con ello el reconocimiento de sus habitantes como ciudadanos, en la posibilidad de encuentro cívico. De este modo, en la plaza, la sede constituye su asiento; asiento en cómo le aparece el lugar en lo que se muestra.

 

Así un buen proyecto sabrá reconocer y construir lo centrado de una sede, ese espacio que hace que esta te reciba o no; que construye ese tiempo en el cual uno siente que ha llegado, esta dimensión terminal donde se revela el modo de ser colectivo de la sede y la plaza. El punto donde lo privado y lo público, abierto y cerrado, interior y exterior se cruzan para dar lugar a lo en común.