diciembre 2, 2011

Arquitecto Fernando Espósito: Doctor Cum Laude

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“EL AFECTO EN LA ARQUITECTURA. La relación arquitecto-lugar-habitante a través de la experiencia del proyecto”, se titula la tesis  con la que el arquitecto y académico  e[ad] PUCV, Fernando Espósito, ha recibido el grado de Doctor en Arquitectura por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona .

El estudio que otorga a Espósito el grado de doctor cum laude centra su eje temático en la aproximación a la arquitectura desde el medio ambiente físico, histórico y social. En su tesis el ahora Doctor en Arquitectura, aborda EL AFECTO EN LA ARQUITECTURA para dar cuenta de la relación entre el oficio, el lugar y el habitante.

Abstract de Tesis Doctoral:

“Esta investigación, estudia la relación entre lugar, habitante y arquitecto desde el “afecto”, que los vincula a partir de cómo se influencian entre sí, y que se propone como una variable que define la acción del arquitecto y su proyecto.

El “afecto”, está conformado por una serie de impresiones, que por una parte surgen a partir de una puesta en juego de la propia presencia del arquitecto en el contexto, y por otro, corresponde a un encuentro con lo extraño a él mismo, que le permite percibir como otros se ponen en juego y reinterpretar aquello que percibe. Así, su actitud ante el contexto se abre a los estímulos del medio, definiéndolo en su comportamiento, validando la experiencia contextual como una forma de descubrirlo y reinterpretarlo en su “esencia”, y a la vez, autodescubrirse en esa experiencia, en las relaciones posibles y en el acto de proyectar, constituyéndose así una serie de expresiones, entre las que el proyecto es una integración de ellas, formalizada en los lenguajes de la arquitectura.

La investigación además plantea que ese rol del arquitecto desde el “afecto”, se estructura a partir de dos ejes fundamentales:

El primero corresponde a la definición del ciclo hermenéutico de prefiguración, configuración y refiguración, planteado por el filósofo Paul Ricoeur, a partir del paralelo entre narrativa y arquitectura, definiendo la temporalidad y espacialidad del acto creativo, reconociendo fases o momentos en el decurso de la obra.

El segundo eje corresponde a una definición de la actitud del arquitecto, que en una mezcla de su condición de autor y de habitante, se dispone en el contexto para descubrir, interpretar y articular sus variables. A partir de lo que el lingüista Mijail Bajtin definió como dialogía, esa actitud corresponde a una disposición, a través de la cual el arquitecto es afectado por el contexto, antes de que él mismo lo afecte con el proyecto. De esa forma, el arquitecto puede alcanzar un “excedente de visión”, que permite completar al “otro” y “lo otro” en aquello que el propio contexto no es capaz de completarse, pues se trata de una decurso que involucra, por una parte, la acción estética de la obra que interviene y modifica el contexto y por otra, un acto ético que modifica la relación de otros en él.

Finalmente, la discusión teórica se verifica a través de tres experiencias de estudio, que corresponden a la fase empírica de la investigación.

El primero, un proyecto construido en los terrenos de la Ciudad Abierta de Amereida, región de Valparaíso, Chile;  intervención llamada las Calzadas de las Aguas,  destinada a actividades recreativas y al aire libre, aportando baños y bebederos de agua. Luego, dos obras correspondientes a intervenciones en el marco de las travesías de Amereida, viajes de estudio y trabajo por Sudamérica realizados por profesores y estudiantes de la EAD-PUCV[1], y que culminan siempre con una obra que se dona al lugar visitado. A través de estas experiencias, también se incorpora y verifica la impresión poética del acto proyectar, que en este caso corresponde a lo que el poeta Godofredo Iommi denominó una poética del “ha lugar”, y que relaciona palabra y acción como una forma de revelación de la “esencia” del lugar.

Desde esta perspectiva enunciada, la investigación propone verificar que existe un acto de proyectar en arquitectura, basado en una actitud dialógica con el contexto y de comunicación de afecciones y afectaciones entre arquitecto, lugar y habitante, que se activan e integran en un ciclo hermenéutico-afectivo.

Esas afecciones (impresiones), que a través del proyecto se convierten en afectaciones (expresiones) sobre el contexto, se transmiten a través del ciclo hermenéutico-afectivo, son componentes del acto de proyectar en arquitectura y bajo una actitud capaz de integrarlas, es posible lograr la coherencia y aceptación de un proyecto arquitectónico, cualquiera que este sea.»


[1] Escuela de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.