septiembre 30, 2011

De la Ciudad Abierta en Ritoque a las 30 Casas Mínimas en Playa Ancha

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En el marco de la Jornada Nacional de Asistencia Técnica del Programa Habitabilidad Chilesolidario, los equipos de asistencia técnica del FOSIS solicitaron visitar la Ciudad Abierta y conocer el proyecto 30 Casas Mínimas el día viernes 2 de septiembre de 2011.

En la Ciudad Abierta fueron recibidos por Pablo Arteche de la Corporación Amereida y en las 30 Casas por Juan Purcell y Carolina Naranjo, encargados del proyecto arquitectónico y psicosocial respectivamente.

Reunión Explicativa

Ustedes vienen ahora de la Ciudad Abierta, vieron las obras y habrán reparado en ellas.

En la Ciudad Abierta se ha dicho la palabra “leve” para nombrar la relación con la tierra, y los arquitectos la hemos asociado a las obras que construimos y decimos “obras leves”. Con este nombre queremos señalar ciertas características en relación a su emplazamiento y a su forma.

Son obras que cuidan la relación entre habitar y lugar, con una arquitectura no invasiva que incorpora las cualidades del lugar al acto de habitar. Una arquitectura que busca su extensión con lo mínimo, que es a la vez efímero y transitorio.

La duración de las obras la hemos confiado a la mantención, una “mantención creativa” decimos, queriendo indicar que no sólo se trata de cambiar un palo malo por uno bueno, sino que este hecho constituye un acto arquitectónico que debe también interpretar los cambios que pide el habitar e inscribirse en la vida de la Ciudad Abierta.

Se trata entonces de “obras transitorias” que están en permanente transformación.

Esta condición de “leve” con respecto a la tierra y de transitoria con respecto al tiempo, no sólo se puede mirar como una invención ante la escasez de recursos, sino que también como una comprensión de la condición de vulnerabilidad de este país, siempre expuesto a una naturaleza monstruosa, como la nombraron los primeros europeos que llegaron a América.

Las obras que ustedes han visto en la Ciudad Abierta son de materiales comunes, de bajo costo, con “cualquier material” decimos, pero no por eso están poco estudiadas ni mal construidas. Sí, a veces no bien mantenidas, porque el esfuerzo y recursos que se requieren no siempre están disponibles.

Aquí, en el condominio de las 30 Casas, nos encontramos con una obra que es el resultado de un trabajo de investigación vinculado a la vivienda mínima y a sus aspectos sociales.Para abordar estas dos dimensiones, la investigación ha necesitado consultar otras disciplinas que permitan ir más allá de la intuición y conocimiento del arquitecto y de este modo poder disponer de ese otro conocimiento formalizado y por lo tanto elaborable y posible de incorporar al proyecto. Este trabajo interdisciplinario se ha realizado con diversas áreas del conocimiento.

Por sus características de mínimas, estas viviendas sociales deben ajustarse en su superficie y también construirse con materiales de bajo costo, lo que tampoco significa que estén poco estudiadas ni mal construidas, como lo verán en su visita a las casas.

Podemos entonces relacionar la visita a la Ciudad Abierta  con la visita a las 30 casas porque en ambos casos aparece la riqueza de lo «transitorio» generado por la exigencia creativa de lo “leve” en las obras de la Ciudad Abierta y por lo “mínimo”, en las 30 casas y su condominio.

Ahora Carolina les va a explicar otros aspectos de esta investigación y acción, que se inició con un estudio universitario del crecimiento habitacional de Valparaíso en torno al camino la Pólvora (que es el camino por el que ustedes llegaron aquí) que continuó con un estudio de la vivienda mínima y luego con un proyecto para 30 familias postulantes al Fondo Solidario de Vivienda I del Programa Habitacional del Ministerio de Vivienda y Urbanismo.

Con respecto al trabajo de diagnóstico con las familias, se realizaron visitas al domicilio de cada postulante, en conjunto con arquitectos y psicóloga. Los primeros observaban, dibujaban, hacían croquis, registraban las plantas de las casas, tomaban fotos y la psicóloga realizaba una entrevista al jefe/a de hogar.

Lo primero fue descubrir que las fichas de entrevista, que nos autoimponemos, no apuntaban a los objetivos de investigación que teníamos como equipo, como conocer las necesidades y anhelos de las personas, por lo cual decidimos desestructurar la entrevista y sólo llegar con pequeños disparadores que nos hablaran del sentido de la casa, de las expectativas, de la trayectoria familiar y de las necesidades en sus aspectos más profundos. Sólo se usaron fichas con datos duros en el primer contacto e identificación de los grupos.

El trabajo realizado en este proyecto fue minucioso, al igual que el trabajo que realiza FOSIS, dado el carácter particular que otorga intervenir en y con la primera unidad social que es la familia.

Con respecto al trabajo de equipo, los momentos más relevantes se produjeron en las mesas de triangulación y discusión de los datos donde, desde cada disciplina se exponía la información recabada más relevante y al mismo tiempo se compartía su análisis e interpretaciones. Para lograr esto, hubo que dedicar bastante tiempo de trabajo profesional conjunto, porque no se trata de que el arquitecto se dedique a escuchar todos los problemas de la familia, ni que el psicólogo trate de dar soluciones constructivas, se trata de que cada uno exponga las observaciones y análisis desde su disciplina para obtener una mirada más compleja de la realidad, lo cual contribuye a que los arquitectos generen una interpretación más cercana al caso estudiado.

Al explicar la dinámica de la familia, al hablar del tema de los límites, de cómo cada subsistema se relaciona, por ejemplo, el sistema filial o el sistema parental, el arquitecto puede proponer una manera de particionar o extender la casa que responda a esas necesidades familiares. Lo mismo ocurre con el espacio comunitario, cuando éste se reconoce como parte de la vida de un conjunto de personas que se organizan de una determinada manera, el arquitecto puede proyectar este conocimiento dando lugar al desarrollo de la vida comunitaria.  En este sentido, fue clave hacer estas distinciones y denominarlas “anillos de Intimidad”, los cuales relacionan las necesidades de los subsistemas familiares, con la familia extensa, con la comunidad, con el barrio y con la ciudad, a través de dinámicas de relación, comunicación y encuentros que en su conjunto conforman la red social de las familias.

Como lo Acordamos cuando llegaron, ahora vamos a visitar las casas.

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