11.05.2011

Jaime Reyes

En las páginas 88 y 89 de amereida culmina la proposición que he venido contándoles en mis clases anteriores respecto de como alcanzar, hacer, tener, vivir, etc. a la belleza. Cuando dice

fiesta ineludible
don
más que guerra
excelentísimo señor ministro de la defensa
juguemos en figuras

 

Estas “figuras” son una serie de preguntas que el poema deja planteadas y abiertas, respecto de América:

¿estamos en una tierra donde lo desconocido de ella está de ante-
mano reglado estableciendo de este modo una unidad?
¿estamos en una tierra donde el obrar se engendra por un único acto
de partir?
¿estamos en una tierra en que el obrar es leve?
¿estamos en una tierra que recoge con prudencia la antigua tradición
del ágora y que con prudencia se detiene junto a climas favorables que
no avanza a climas de rigor extremo y que se seguía por una imagen úni-
ca de lo que es lo favorable?
¿estamos en una tierra en que los equívocos se fraguan en la inocencia
de un arcaísmo?
A todas estas preguntas les sigue una exposición explicativa-expositiva y finalizan con la misma indicación-respuesta:
por eso mañana
partimos a recorrer américa

Y después sigue una página en blanco (¿la página de gracia?).

Entonces el poema vuelve a dejarnos y arrojarnos hacia el recorrido o recorrer y la partida. Seguramente existen muchas formas de comprender el recorrido o recorrer y la partida. Seguramente ustedes hallarán -y espero de todo corazón que lo hagan- vuestras propias formas para ir tras estas palabras que indican un rumbo y horizonte para el oficio. Cada uno de ustedes, más adelante, cuando hayan dejado la universidad, habrá de obtener y sostener una medida propia para esto.

Mientras tanto, aquí y ahora, en esta Escuela, nosotros (que son ustedes) tenemos una forma cuyo sentido espero también los acompañe para siempre. ¿Cuál forma?, ¿cómo hemos resuelto nosotros estas preguntas; el don más que guerra, la fiesta ineludible, el juego en figuras? Eso que hemos llamado la ruta y que importa más que la hermosura: Travesía (la voz nos dice). En la travesía intentamos dar cumplimiento al recorrido, al recorrer y a la partida.

Las travesía por América tienen, a su vez, muchos componentes, distingos, ordenamientos, planificaciones. Voy a insistir en el que me parece esencial, sin el cual no son posibles estas travesías. Pase lo que pase y vayan donde vayan las travesías son una acometida en común. No el talento individual, no la producción personal, ni siquiera el íntimo deseo de lo más propio. ¡La impropiedad extrema! ¡El juego siempre reiniciado y colectivo! ¡la comunidad radical de vida, trabajo y estudio! Nosotros, nosotros, nosotros.

Pero no en torno a nosotros mismos, no en derredor de nuestras ‘propias propiedades’ ni en favor de nuestras ‘íntimas intimidades’. Ni siquiera el “partir por partir” de los “verdaderos viajeros” de Baudelaire. ¡No! las travesías tienen sentido en virtud de una obra y esta sólo es posible hecha por todos. Pero nada de esto tiene que ver con el ‘trabajo en equipo’ (imaginen que se pudiese ‘vivir en equipo’).

Para decirlo de una buena vez: se trata de la comunión entre lo humano y lo divino.

Yo creo (yo creo) que la posibilidad de ejercer esta comunión es cada vez más escasa en nuestros tiempos y lugares. Creo que, por ejemplo, aquí en la Ciudad Abierta es todavía posible. Creo que van quedando también otros lugares.

Acabo de estar, unas semanas atrás entre unos ríos y bosques y mares que parecieran no existir aún de puro vírgenes, aislados y desconocidos. Para mi sorpresa me sentí en casa. Los que allá viven no tienen propiedad privada porque viven en comunidades; son muy pobres; habitan unas aguas y una tierra donde lo desconocido de ella no está de antemano reglado; habitan unas aguas y una tierra donde el obrar no se engendra por un único acto de partir; en que el obrar es leve; que recoge con prudencia la antigua tradición del ágora; en donde no podremos curarnos de los trabajos serviles envolviéndonos en la inocencia de un arcaísmo – aún cuando la pedagogía (otro arte popular de hoy) venga a recomendarlo para cierto momento de nuestro crecimiento.

Ellos, los que allá moran y habitan, florecen en climas extremos y han abierto la naturaleza a lo sagrado.

Ah, están siendo exterminados y son huilliches.

Carlos Cobarrubias

Manuel Sanfuentes