Clase del 28 de septiembre de 2011 en los alrededores de la Sala de Música en la Ciudad Abierta.

Les he traído un fragmento de una antigua novela, escrita hace más de doscientos años. Se llama Hiperión o el Eremita en Grecia, de Friedrich Hölderlin. Hiperión es un guerrero que lucha por liberar a su patria, Grecia, de los enemigos invasores. Dice este guerrero en un episodio:

“Vacilante, seguí mi camino, llegue hasta el mar y contemple las olas…¡Ay!, mi corazón quería hundirse allá abajo y mis brazos volar hacia el aire libre; pero pronto, como caído del cielo, descendió sobre mi un espíritu más dulce y puso orden con su tranquila vara en mi animo indomable y suficiente; entonces reflexioné con más calma en mi destino, en mi fe en el mundo, en mis tristes experiencias, y consideré al hombre tal como lo había descubierto y reconocido desde mi temprana juventud, en múltiples aprendizajes, y en todas partes encontré disonancias sordas o estridentes; sólo en la simple limitación de la infancia encontré todavía las melodías puras… —Es mejor, me dije, convertirse en abeja y construir su casa con inocencia que reinar con los dueños del mundo y aullar con ellos como los lobos, mejor que domesticar pueblos y ensuciarse las manos en esa materia impura—; quería volver a Tina para vivir en mis huertos y campos”.

“Es mejor convertirse en abeja y construir su casa con inocencia que reinar con los dueños del mundo”. Esta es la proposición o invitación que le llega a Hiperión cuando se encuentra frente al mar. Las aguas le traen esta indicación, que para suerte de arquitectos y diseñadores les cae directamente en sus quehaceres. Construir la casa es hacer que sea lo habitable. Pero ¿y la inocencia? Esta es la parte o posibilidad que nos trae la poesía. La poesía entiende este construir la casa como construir la casa del Ser. ¿Cómo? ¡El Acto Poético! Excelentísimo señor ministro de la defensa, juguemos en figuras… donde

– ya sin pertenecernos      ni vínculos    aún pocos seremos

multitud  descompuestos  descarados  –

ronda la fiesta

El Acto poético para que nuestra voz cuida y construya la inocencia de los oficios. Este próximo martes cuatro de octubre, aquí en la ciudad abierta estamos invitados a celebrar el día de San Francisco.