junio 16, 2010

Taller de Obras, polis y aire templado

Categorías:

Primero un horizonte de ubicación. Una diferencia entre la sociedad y la polis. La sociedad se dirige a la construcción de la felicidad del mayor número. Para lograr esto inventa la labor y el consumo y lo que alienta y exige en los individuos es una conducta, una buena conducta.

Junto a esta construcción simultáneamente hay otras posibilidades, construcciones que no parten por la multitud sino por la singularidad. Una de ellas es el concepto de polis. La polis tal como la concibieron los griegos es una construcción de la relación entre un grupo de seres humanos. No es un lugar ni mucho menos un edificio. Sino una relación entre seres, al punto de afirmar que a donde vayas va la polis. Porque la concepción de polis es la construcción que permite la exitencia del discurso y la acción. Esto que parece tan sencillo y en un cierto sentido es simple, que quepa en tan pocas palabras es una radical construcción de mundo, porque toca a un aspecto esencial de la condición humana: responde al hecho paradojal que los seres humanos somos al mismo tiempo iguales entre nosotros y a la vez cada uno singular e irrepetible. Esta igualdad entre seres y a la vez singulares es la que se persigue en la polis: lugar del discurso y la acción. Es el discurso y la acción aquello que constituye a los hombres qua hombres, fundamento de la polis.[1]

La Ciudad Abierta desde su fundación tiene como destino estar abierta justamente al discurso y la acción. Por supuesto que detrás del térmmino acción hay una gran construcción, porque la acción está indisolublemente unida a una palabra que la ilumina. Así la Ciudad Abierta es tal desde el primer instante porque construye la fidelidad a los nombres que se ha dado.

Esta es una expresión de nuestro horizonte, aquello alto y distante hasta donde abarca nuestra mirada y que nos ubica y orienta. Pero el espacio habitable es simultáneo lejanía y proximidad.

Y aquí en la proximidad vivimos en interiores que es un aire controlado donde el dominio de éste llega hasta lo frágil, el interior es el cuidado de lo frágil como la llama de una vela para que no se apague. La llama y su fragilidad están en la medida de nuestro cuerpo, el aliento forzado la apaga.

El Taller de Obras trabaja esta vez dirigido a obtener este espacio interior. Primero en la Sala de Música en la impermeabilización de su cubierta llegando a conducir con forma las aguas lluvias hasta el suelo. Y luego en la Hospedería de la Puntilla en el cierre de sus tabiques perimetrales, en la construcción de su cierre y sello. Cierre que implica su firmeza e indeformabilidad y sello al aire y al agua para restaurar el aire templado de un interior.

El Taller de Obras tiene un distingo respecto a las otras experiencias de taller. Su mayor diferencia está en su centro, todos los talleres tienen su centro en el alumno es lo pertinente, ahí se forman. El taller de obras es una salida, no tiene su centro en el alumno, lo considera sí, pero su centro está en la obra, en el cierre y sello de ella. El centro está en la concreta operación constructiva sin la cual deja el lugar y su propósito.

Estas elementales operaciones constructivas que requieren de una sostenida presencia son las que permiten reunir el horizonte de la polis, obras erigidas en la fidelidad a un nombre: hospedería, con la proximidad para habitar: aire templado bajo la luz.  Este es un modo como las palabras llegan a la extensión y la vuelven espacio habitable, desde la fidelidad a una destinación.

Esta es una posibilidad que tiene esta Escuela de palpar la obra y la polis a la que se pueden aproximar quienes cuentan con una disponibilidad.


[1] Hanna Arendt, La Condición Humana. 1993, Ediciones Paidós Ibérica, S.A. Barcelona.

Noticias relacionadas