marzo 18, 2010

Recepción a Primer Año y primer día de Escuela

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A partir de las 10 de la mañana nos reunimos en la Plaza de las Torres de Agua de la Ciudad Abierta, toda la Escuela –alumnos y profesores– para recibir a los estudiantes que ingresan a Primer Año de Arquitectura y de Diseño. La primera premisa del acto era entrar a lo abierto, al aire libre y con un tiempo distendido.

Jaime Reyes nos recibe y nos presenta la Ciudad Abierta como un lugar que se nos hace familiar a todos y que conlleva un sentido de pertenencia y cuidado; y así, como el poeta Hölderlin, hace un llamado a lo abierto. Él recuerda, del poema Ida al Campo, «ven a lo abierto amigo». Acto seguido, Manuel Sanfuentes nos dice que lo primero que nos recibe es la palabra y las arenas; la poesía, y nos lee el siguiente poema:

En el principio era el verbo
la palabra aleteando en la catástrofe
al límite

el silencio susurrando su debut
a solas

el caos abiendo su providencia
cierta

y quedó abierta
la posibilidad de un hombre
nuevo

una efímera imagen
de lo pasajero
queda

el eco que resuena
esta mañana
amanece abierto
ya

pacífico como nunca
antes

mar que nos reduce
a víctima

tierra de nadie
y todos

arenas que reciben pasajeras
y nos dejan

leves
como en el silencio

agilidad de la mano que plisa
y recibe
plena

de nuevo
en el primer día
el acto nos coge
llanos

y blande
el coraje de la presencia
pura

arrecian las fuerzas
ya despiertas

y tiemblan en el suelo
la memoria nuestra

que replica
como un ángel nuevo

anuncia la jornada
el retiro

las aguas un día mansas
agrestes como los pastos
que ríen
solos

quietos hasta el pie
que pasa y rueda

riegan
campantes

toda partida
abre un tiempo

y recala el huésped
en un legado sin parecido

autera la forma
el perfil severo
y amable

lascera la rueda
y quiebra

y abrazan contentas
las nuevas aptitudes
del pasaje

así
pues
ya
todos

venid a lo abierto amigos

Entonces, guardado el silencio que el poema propone, partimos acompañando a los nuevos estudiantes en una caminata hacia el pie de la duna, al Jardín de la Extensión, donde nos esperaban unas bandejas de uvas blancas y negras y el poeta Carlos Covarrubias nos habla de las aguas, los mares, de la actualidad de las catástrofes nacionales y de la realidad de ella en la Ciudad Abierta; la arena vista así como un «incesante volver a no saber» y como la reunión de las aguas con la tierra. Tomamos cada uno algunas uvas y las repartimos entre todos, las comemos y partimos hacia el Ágora del Fuego.

Siete pizarrones que conforman un horizonte en el fondo de la gran hondonada de duna nos esperaban para el momento final. Carlos da paso a explicitar la figura de lo abierto en esta «aula de Amereida» como la posibilidad y necesidad de dar cabida. Escuela, nos dice, a partir de Aristóteles es ocio, es construir ese espacio abierto del estudio y del oficio en su relación con la poesía.

Luego son llamados todos los alumnos de cursos superiores para dibujar –grano a grano– «puntillísticamente» sobre los pizarrones vírgenes el horizonte de duna en donde estábamos En el momento ya de dibujar, un repicar constante de las cientos de tizas producía un sonido inesperado para nuestro oídos. Seguidamnete Carlos llama a los alumnos nuevos a hacer la misma acción pero con tizas de colores; quedaron siete grandes dibujos que nos recordaron a las pinturas de Francisco Méndez, pintor y antiguo profesor de nuestra Escuela.

Se pide en ese momento la presencia de los profesores para que recojan catorce cintas de papel y los lleven hacia los extremos de la duna, acompañados cada uno por un grupo de alumnos nuevos; cada grupo fue pronunciando de a uno los nuevos nombre que desde hoy comenzaban a ser parte íntegra de la Escuela; primer año era llamado por sus nombres y eran recibido en la plenitud máxima de la Escuela cuando lleva adelante un acto hecho por todos.

Huéspedes de la Ciudad Abierta, cada nuevo estudiante sea bienvenido y recibido con una real prestancia poética.

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