Presencia resultante y ciudad.
En los cerros de Valparaíso una pasarela que une la quebrada.
Esta ciudad para extenderse ha debido ocupar los cerros. Esto le ha traido una característica, se posa o erige a partir de un manto irregular que genéricamente podemos nombrar como un plano inclinado. La ciudad así debe reconstruir a partir del plano inclinado los planos horizontales que son un requisito intransable para habitar.
Las ciudades americanas se construyeron a partir de un plano horizontal, que contenía la traza ortogonal de manzanas y calles. Esta traza mental que es regular, se aproxima al terreno singular existente, buscando coincidir. Esta coincidencia entre el plano mental y el erigido trae varias consecuencias para la ciudad, veamos una: multiplica sus posibilidades para desplazarse; recorriendo la misma distancia hay un gran número de posibilidades para llegar de un punto a otro. Esta es una dimensión propiamente urbana, ancho y largo equivalentes en un factorial de posibilidades equivalentes.
Valparaíso y su plano inclinado disminuye drásticamente las posibilidades, a lo largo y a lo ancho ya no son equivalentes y en muchos casos las posibilidades para ir se reducen a una, con sus dos sentidos.
Pero el plano inclinado de Valparaíso no solo son desventajas con menos ciudad, también le juega en ocasiones a favor. Cada obra debe conquistar su plano horizontal esencial, donde su punto de partida se lo da el manto natural. De este modo el volumen de cada construcción aparece en su máxima tridimensionalidad, como en esta pasarela ante las casas que nos ha detenido. Así la ciudad al estar ubicada en una rada se hace presente a si misma en su tridimensionalidad quedando ante sus volúmenes y el horizonte del mar.
No hay que olvidar que esta gran presencia, este aparecer volumétrico no es una voluntad, es resultante del plano inclinado natural.
De esta manera Valparaíso trueca posibilidades de ir por presencia tridimensional ante el Pacífico, que es su plano horizontal.
