Jardín lo indirecto, la evocación
Lo que aparece dibujado son solo follajes, y aún así esta extensión es identificable y quizá hasta reconocible.
Esto se debe a que lo que reconocemos es un jardín, tiene una línea de tierra que separa el aire del suelo, es un dibujo orientado.
En lo que miramos vemos solo aquello que reconocemos, podríamos aventurar que reconocemos lo que podemos nombrar. Así la afirmación de que primeramente habitamos en una lengua sería si no demostrable al menos mostrable.
Porque este reconocimiento de la extensión la recoge el croquis que ciertamente no es el dibujo de un arabesco, sino que se ciñe a un espacio singular presente al momento de realizarlo. En este espacio registrado reconocemos un jardín, donde hay líneas de tierra y líneas que se recortan contra el aire, podemos reconocer que es una extensión iluminada y con certeza hay un sentido del espacio que aunque no se manifieste directamente, está, hay una dimensión que subyace, esta es la vertical, contenida en árboles y vegetales.
El jardín es la extensión de esparcimiento porque la vertical y la horizontal subyacen. En el espacio urbano la vertical y la horizontal son explícitas. La ciudad es la construcción de mundo directa, ahora y aquí, sin evocaciones.
El jardín es la construcción del espacio que evoca, es indirecto, quizá por esto se conciba al Paraíso como un jardín y no como una biblioteca o un teatro, en él se concibe a un hombre sin mundo, sumido en la evocación de su origen.
