De la silueta al perfil, la memoria.
Por el camino en la costa frente a Concon, están las rocas sobresaliendo en el mar, permanecen con sus siluetas vagamente definidas.
Este islote es una totalidad que lo puedo dibujar vagamente hasta terminarlo, es una totalidad vaga en lo lejano. Vago quiere decir aquí dibujado palmo a palmo conformando una silueta que no domino. Podría tener una corrección o dibujarlo otra vez, pero no aportaría nada decisivo.
Por intentar un lenguaje, podemos decir que esta es una silueta y no un perfil, ya que no es reconocible, no se puede espontáneamente retener en la memoria. Se puede reconocer genéricamente a un islote, pero no a tal islote.
Podemos decir que este islote es una existencia, hay rocas en el agua pero no podemos distinguirlas. Habría en esto una diferencia entre este haber algo y lo que entendemos como ser algo. La extensión sin nombre es un haber, la extensión nominada pasa a ser. Se vuelve fija y reconocible.
Habitamos en la ciudad donde toda extensión es la construcción a una fidelidad. Aquella fidelidad al nombre que la hace singular, y por esto reconocible, retenible en la memoria. La extensión con esas propiedades es la que constituye lo fijo del habitar humano.
