abril 28, 2010

Clase 5 Trimestre I 2010

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En el costado sur de la Plaza de las Torres de Agua, el Umbral del Diseño nos recibe con un ágape después de las siguentes palabras en contrapunto con el sonido de la flauta interpretada por Sebastián de Larraechea:

Os Sertões – Amereida

el general silva barbosa en la hamaca en que convalecía de heridas recientes hizo un gesto un cabo de escuadra le adivinó la intención acercósele con el lazo diminuto en la altura mientras tanto le costó enlazar el pescuezo del condenado
éste sin embargo le ayudó tranquilamente deshizo el nudo enredado lo rehizo con sus propias manos y se ahorcó
cerca un teniente del estado mayor de primera clase y alumno de quinto año de medicina contemplaba aquella escena
y vieron transformarse al infeliz apenas dados los primeros pasos hacia el suplicio

de aquel esqueleto desmirriado y repugnante apenas equilibrado sobre las largas piernas marchitas despuntaron repentinamente líneas admirables terriblemente esculturales de una plástica estupenda
un primor de estatuaria moldeada en el barro
rectificárase de súbito la envergadura abatida del negro
aplomándose vertical y rígida en una bella actitud singularmente altiva la cabeza afirmóse sobre los hombros que se retrajeron dilatando el pecho alzada en un gesto desafiador de soberbia hidalga y la mirada en un lampo varonil le iluminó la frente siguió impasible y firme mudo la faz inmóvil la musculatura gastada duramente en relieve sobre los huesos en un desembarazo impecable hecho una estatua una vieja estatua de titán soterrada hacía cuatro siglos y aflorando ennegrecida y mutilada en aquella inmensa ruina de canudos ((Amereida p. 159-160.))

Jaime Reyes:

“Komm! ins Offene, Freund!” “¡Ven a lo Abierto, amigo!” es la invitación con que Hölderlin comienza Der Gang Aufs Land [Ida al Campo], una de sus grandes elegías, dedicada a su amigo Landauer. Este fue el poema leído en los actos de apertura de los terrenos de la Ciudad Abierta porque esa primera invitación es el tono fundamental del ritmo del nuevo habitar que se instaura. En su elegía Brot und Wein, Hölderlin vuelve a reafirmar su afán de estar o ir a lo abierto. Dice el poeta “So komm! dass wir das Offene schauen, dass ein Eigenes wir suchen, so weit es auch ist”; “¡Entonces Ven! Salgamos al aire abierto, vayamos a buscar lo propio, por lejos que esté”.

Existen numerosos y excelentes estudios sobre la vida y la obra de Hölderlin, publicados en diversas lenguas; notables esfuerzos realizados desde perspectivas filológicas, filosóficas, psiquiátricas, o bien desde la teoría literaria. Me aparto de allí inmediatamente. No es esta carta el espacio para analizar semejante bibliografía. Me corresponde apenas sugerir un alcance, un distingo o destello, sin la pretensión de acertar ni de descubrir lo que Hölderlin exactamente quiso proponer.

Lo abierto es el ámbito de la apertura que sucede desde y hacia la naturaleza y está configurado primeramente como una estancia a través de la que hay que ir o salir. Allí hallaremos lo propio y la vida (el verso tiene dos versiones “daß ein Lebendiges wir suchen” donde Das Lebendige era Das Eigene). Pero ese hallazgo no es inmediato ni está allí aguardando simplemente: Para que ocurra es ineludible acometer un tránsito duro, difícil. Para habitar en lo abierto se requiere coraje. Lo abierto entonces es también un rumbo, o dicho de otro modo es una ruta, es un ‘ir hacia’ constante, es ‘estar yendo’, pues en la misma medida en que nos acercamos este horizonte se nos aleja. Pero es la invitación a una partida que los humanos no pueden resistir y frente a la que no hay opción; la libertad inherente a los seres humanos se instituye desde esa partida hacia la condición esencial y primigenia que nos compone. Esto es lo propio.

Este ámbito es “el aire siempre abierto” y ocurre en la naturaleza, pero de suerte que no se trata de una ‘excursión al campo’ literal, como a veces se traduce el título del poema Der Gang Aufs Land. ¿Cómo saber lo que es la naturaleza, más allá de la cuenta ordenada de todos los componentes del universo?, ¿se parecerá al jardín del paraíso? Allí vivíamos la perfección de lo creado y, al nacer, de allí fuimos separados. ¿Será la naturaleza una invitación a construir, por nuestros propios medios y libremente, un nuevo y hermoso jardín? Uno propio, en donde sea posible expresar esa misma unidad primigenia. Ya no tendrá la misma figura, pero allí florecerá también el comunitario fundamento originario. Si no pretendemos –porque no podremos– construirlo igual al divino ¿cómo será su cuidado, su cultivo? Una estancia en donde los humanos no sean sometidos por el imperio de la necesidad, y así liberados puedan favorecer a la infinitud del todo; donde la interioridad del yo ceda ante la intimidad en lo común. Esto es abandonar el ego, la conciencia y la individualidad para extrañarse en los otros; llegar a ser “flor de la naturaleza” desligándose de uno mismo. Y sobretodo, comprendiendo que no se trata de concluir el jardín. Ni ahora ni nunca.

Andrés Garcés

Primer verso del poema Ida al Campo de F. Hörderlin

Ven a lo abierto amigo

Desde el punto de vista de lo abierto del espacio, de acuerdo a esto vamos a recapitular los talleres anteriores y trataré de vislumbrar esta relación de lo abierto que instauró el arte y la arquitectura en el Barroco, en el Bajo Renacimiento, con esta invención del espacio traído en un contexto pseudo-espacial o esta idea de traer la lejanía y poder incorporarla al espacio pictórico con la profundidad y la perspectiva.
Cada taller de América intenta poner de manifiesto esa relación de esta idea del espacio abierto con la extensión. Si nos ponemos a oir la clase nos damos cuenta que estamos en un espacio abierto, consentimos en eso. Pero, creo que el taller de América es la oportunidad para distinguir – que tan abierto es este espacio– entonces cuando Hörderlin invita a lo abierto, está muy implícita esa condición, esa acción humana.
Ven a lo abierto es una invitación poética, por lo tanto tiene parámetros que no son solamente físicos sino que también –como señala Jaime– poético y existenciales.
Entonces el asunto es tratar de que cada taller de América, cada instante en el que estamos se transforme en si mismo en esta pregunta o manifestación de lo abierto del lugar con la palabra y la extensión. Así este lugar en el que estamos diríamos que si es absolutamente abierto.
Pero si lo comparamos con el taller de la clase pasada ((Clase realizada en la duna cercana al Estero)), hay una distinción de lo abierto en este lugar, con la distinción de lo abierto con el otro lugar, puesto que lo abierto en el otro lugar incorporado a la extensión lejana del estero, del mar, de los cerros y en este caso podríamos decir que es abierto pero contenido ((La clase se realizó en la Plaza de las Torres)). Tenemos algo que está mas allá pero sin embargo al salir de estos márgenes nos haría estar fuera del lugar, en cambio en el otro luga,r al salir de los márgenes aún se podría estar dentro. Entonces con el afán de ir recapitulando los talleres quiero seguir acentuando esta idea de lo abierto, aquí en la ciudad abierta o en los distintas manifestaciones de lo abierto en la Ciudad Abierta.

Si tomamos esa idea del Barroco, de esta construcción de la lejanía, como tal, y como pseudo-lejanía, puesto que en barroco también se manifestaba el espacio público y se incorpora el espacio público de la ciudad, de los jardines y de la extensión como parte de la construcción de la lejanía. No es un hecho Pseudo, sino que estamos ante un hecho concreto y real, pero también tienen esa concepción de que hay que construir esa lejanía en ese espacio pictorico próximo y cercano, como las obras de Velázquez u obras del bajo renacimiento incluso un poco antes con lo que instaura Masaccio en el cuadro de la Trinidad ((Su título completo es la Sagrada Trinidad, con la Virgen, San Juan y donantes. En italiano, Santa Trinità)).
Tenemos entonces esa doble concepción del espacio, como lejanía y como pseudo-lejanía, podriamos decir que es insalvable. Tanto así, que en la Edad Media aparece un recurso escénico fundamental. Hay un guión escénico en el teatro o lo que se entendería como el espacio sacro del teatro, en el viacrusis o en los misterios donde en un instante de la obra se produce una manifestación divina al ciento porciento o al pseudo-cientoporciento y ese concepto se definía como trampantojo.
Tenemos dos manifestaciones de esta idea de la lejanía, una la nombrábamos como el trampantojo en España que aparece con las manifestaciones del renacimiento, pero hay otro concepto que es anterior yendo a la edad media que se nombró como la Deus ex Machina que significa Dios surgido de la máquina. También lo abierto como esa extensión, la más lejana del hombre en el cual se inscribe tendría esta dos acepciones, de la profundidad y esta otra de hacer surgir a Dios.
Uno de los arquitectos más importantes en la construcción de la Deus ex Machina fué Filippo Brunelleschi, que antes de ser arquitecto ya era un ingeniero. La palabra ingeniero viene de ingenio y los ingenios en la edad media eran estos sistemas mecánicos que permitían el aparecimiento de lo divino, el aparecer de Dios.

Ven a lo abierto amigo, el espacio de la extensión y de la extensión abierta en la Ciudad Abierta –insistimos–.
En la extensión donde lo lejano se iguala a lo que está contenido. Por ejemplo en el Ágona del Fuego, lo más lejano pertenece a la acción donde nosotros nos encontramos. Un caso: Bernarda aparece en el momento en que aparece en el espacio, tenemos de esta forma un espacio total que está contenido dentro de sus propios límites. Lo único que podría estar en el alejado sería la bóveda la bóveda celeste, pero lo demás estaría contenido. Lo que está alejado no equivale a lo que está contenido, hay una distinción entre los que están contenidos y los que están más allá.

¿Qué es lo que surge de eso? –que el espacio se transforme en una especie de rasante entre lo que está acá y lo que está más alla, la razante que construye la posibilidad de ir a lo más lejano, esa posibilidad –podríamos decir– umbral, entre ustedes y lo que está más lejos. El espacio rasante de lo que acontece, la acción, con el espectador que contempla el espacio abierto. Hay una intersección entre lo que sucede aquí, ahora, de la tierra en donde nos ubicamos, ese extraño y máximo horizonte, al que toda naturaleza humana pretende llegar.
Acá el espacio abierto vuelve a ser contenido pero a la vez virtual, aquí hay algo también entre las Torres de Agua, donde estan sentados y los contenidos que cierra el espacio virtual en el que estamos, diriamos que es otra tercera distinción de esta serie de espacios abiertos que tiene la Ciudad Abierta.
Volvemos al Ágora del Fuego, el espacio abierto como bóveda, –contenida. Y sin embargo en la clase anterior se manifiesta esa totalidad de la bóveda que en la arquitectura esta muy claramente implícita en las cúpulas, por ejemplo la cúpula de Brunelleschi que vendría siendo la totalidad del cosmos. ((Ver cúpula como manifestación del todo, en este caso, religioso. Dentro de ella, en la cúpula esta dibujado todos los pasajes de la Divina Comedia del Dante, que es otra manifestación del todo como existencia.))

El espacio abierto panorámico, Pan en el sentido de todo, Orámico en el sentido de escena o lugar. Y si cruzamos la frase de Hörderlin y la capitalizamos en lo que Sebastiano Serlio declara respecto de los tres espacios escénicos, tendriamos tres lugares en la construcción de este todo.

  1. El espacio abierto de la ciudad, como el espacio de poder, la tragedia.
  2. El espacio abierto de la ciudad, como el espacio del pueblo, la comedia y
  3. El bosque como el espacio abierto como aquel espacio del rito y por último todo esto lo podriamos cerrar cuando a nosotros se nos pide para entender la obra o lugar dibujar una vista a vuelo de pájaro.

La Ciudad Abierta vista a vuelo de pájaro desde el Jardín de Bo, mirando los terrenos del lado norte, aparece el mar, la extensión lejana de Ventanas, el estero, la vega con el Ágora del Fuego, y las Hospederías Colgante, Las Celdas, Cubícula del Poeta y la Sala de Música. Esa vista que nos vuelve es capaz de construir lo abierto con ese cruze con la totalidad, de que aparezca el todo de que esto se manifieste como un esplendor que cruza lugar y obra, lugar palabra y acción.