EL ELEMENTO ARQUITECTÓNICO EN LA AVENTURA DE LA FORMA.
En la progresión de los talleres de la escuela, el estudio y propuesta que nos corresponde abordar está referida a “LA CASA”.
Reparo en lo siguiente: cuando era profesor del taller de tercer año y me refería al estudio de la “sede”, lo antecedía la precisión de que se trataba de su “espacio arquitectónico”. Por supuesto que también esta precisión es medular en el sentido de este taller de segundo año; sin embargo en el decir, durante estos primeros meses, ha sido connatural a todos quienes han participado, hablar directamente de “la casa”. ¿Qué importancia puede o no tener esto que digo?
Desde mi punto de vista es muy relevante, ya que da cuenta de una forma de reconocimiento e identificación que resuena en cada cual. Tanto así, que luego de insistir a los alumnos en la consideración de diversas dimensiones espaciales; el orden de la frase inicial se invertía y pasaba a ser “la casa como espacio arquitectónico”.
Naturalmente lo arquitectónico y el espacio están involucrados con el “elemento” casa; pero sucede que cuando se trata de un estudio, un decir simplificado puede derivar en confusión cuando la nominación de “casa” se anticipa como elemento independiente al lugar y pasa a ser un “objeto” que cobra un sentido funcional y programático de usos.
¿a qué se debe esto?, y ¿por qué me detengo en ello?
Cuando comenzamos el trimestre, lo primero sobre lo cual los alumnos tuvieron que tomar conciencia para abordar el asunto, fue que la propia experiencia de vida de su hogar, le trae a cada uno un punto de vista inicial que es necesario reconocer y evolucionar en la abertura de otros; y desde ahí, salir a observar y relacionar. Así, por ejemplo; la recurrente percepción y exposición –por parte de ellos – de mayor o menor calidez de un hogar (en el sentido de lo hospitalario), evolucionaría en la claridad de un acto de habitar involucrado en el acto arquitectónico de un lugar, que luego permitiría en un propósito creativo, proponer a otros una forma de vivir un espacio en el cual se celebre el lugar como casa – hogar de una familia.
Dar lugar a sus conocidos o supuestos habitantes, en el espacio de un tiempo corriente donde transcurre la “VIDA DIARIA” y se cumple la jornada. Una experiencia de la cual somos portadores, y que se da en nosotros dentro de una cultura con la cual nos identificamos. Una “COMPONENTE DE IDENTIDAD” que se consolida en su nominación e integridad.
Lo que he dicho para muchos puede resultar obvio. Sin embargo lo que no lo es, es que la integridad de la casa se compone de partes que se sostienen por la unidad, más o menos expresiva, de un conjunto de elementos que se validan por un compromiso con el total; cuestión que permite incluso la nominación (de casa)
Es en este sentido; el de su integridad, que en adelante me referiré al término o concepto de “ELEMENTO ARQUITECTÓNICO” y que ha sido parte de la materia de esta etapa:
En general, a partir del tratado de construcción de 1929 de Karl Esselborn[1], se define “elemento arquitectónico como:
“cada una de las partes funcionales o decorativas de una obra arquitectónica, de modo que cada uno de ellos funcionaría como una palabra del lenguaje arquitectónico del que la arquitectura sería la sintaxis”.
A su vez dice:
“los elementos arquitectónicos pueden clasificarse por su función estructural en: elementos sustentados […] y elementos sustentables”.
Ejemplo de esto, en el caso primero: una bóveda o viga, y en el segundo un pilar o muro.
Otra línea de definiciones, y que se aproxima más a lo que vendrá en adelante, es que también son “elementos que cumplen funciones de relación entre espacios arquitectónicos, con espacios urbanos o con la naturaleza, como las escaleras y todo tipo de pórticos, balcones, miradores, ventanas, puertas, etc. y también elementos con funciones de compartimentación de espacios; como son los tabiques, los muros portantes, […] etc.”
Las primeras son definiciones que se aproximan al sentido de construcción, y la última, si bien alude a la espacialidad y relación de distintos espacios; deja entender que se refiere más a lo vinculante de los espacios arquitectónicos que al espacio arquitectónico mismo como un elemento.
Naturalmente y por supuesto; los elementos arquitectónicos, en el entendido de las definiciones anteriores, tienen su valor y han sido parte de la etapa y propuesta de los alumnos; pero cuando nos hemos referido a ellos, si bien queda incluido lo anterior, desde el punto de vista de la teoría del acto de habitar y arquitectónico, las posibilidades son más amplias. Por esto he considerado necesario en este examen exponer y fundamentar lo complejo de esta distinción.
Si tomamos los términos del concepto antes mencionado; según las acepciones del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española; un elemento (del latín elementum) es:
“cada uno de los componentes de un conjunto”; o “en una estructura formada por piezas, cada una de estas”; o también: “el medio en que se desarrolla y habita un ser vivo”
Por su parte, el término “arquitectónico”, desde lo tectónico como lo precisa Kenneth Frampton, es:
“de origen griego, deriva de la palabra tekton, carpintero o constructor. Su verbo correspondiente es tektainomai. Este último se relaciona con el taksan sánscrito, que se refiere a la habilidad técnica de la carpintería y al empleo del hacha. […] el término griego ya aparece en Homero aludiendo al arte de la construcción en general. La connotación poética del término aparece por primera vez en la obra de Safo, donde el tekton, el carpintero, asume el papel del poeta. El término se refiere a cualquier artesano que trabaje todo tipo de materiales duros, excepto el metal. En el siglo v a.C. este significado sufre una evolución más, desde la acepción específica de la carpintería a la noción genérica de hacer, suponiendo la idea de poesis”. […] el papel desempeñado por el tekton dará lugar finalmente al arquitecton.”
Se le ha incorporado el “arque” a lo tectónico. Antecesor de palabra compuesta que no se explicita en su definición, y que queda en interrogantes. Entonces la pregunta es ¿Qué es el arqué de lo tectónico?
Según Aristóteles, en un texto traducido por un monje de un monasterio – citado por Joseph Muntañola-;
“El “arqué” es la persona que explica la travesía, es como un director. Para los griegos, en una expedición es el que escribe la epopeya. En este sentido, un edificio es como una expedición. El arquitecto entonces no solo es el jefe, sino también uno que explica; obviamente a través de la obra”.
En nuestro modo de ver, sería el que da cuenta de la aventura de un Acto arquitectónico que da lugar al Habitar, (que en esta ocasión de taller de 2° año, daría casa al habitante).
Pensar en una expedición dejando de lado la habitabilidad que la posibilita sería ilógico. Sería lo mismo que pensar lo arquitectónico de la obra haciendo alusión a los llenos sin considerar los vacios. Lo arquitectónico entonces, queda sujeto a una relación de ellos. Como muchas veces decimos “ante y dentro a la vez”.
Cito una conversación con Alberto Cruz:
“una obra arquitectónica – la que fuera – es el logro de una continuidad de sus vacíos, continuidad que ella acoge y conjuga”.[2] Significa que una obra es en relaciones, relaciones que ella consuma”[3]
Relaciones en acto; articuladas de cuerpo presente, en las cuales aquellos elementos constructivos, partes constituyentes de una estructura y obra, comparecen en la “heterogénea unidad” de aquel vacío habitado en la ocupación.
Esta comparecencia comprometedora y comprometida en el sujeto, permite nombrar a aquel vacío como un elemento constituyente de la obra de arquitectura. A lo tectónico, en el sentido de lo constructivo y al arqué en cuanto a la habitabilidad, como la aventura de la travesía de una forma, de la expedición por ella.
Considerando todo lo anterior, un elemento arquitectónico puede ir más allá de un elemento funcional, o de un elemento constructivo –tektónico – sustentable o sustentado. Puede ser también, por ejemplo, una habitación en la potencia del acto de un salón, una circulación en la potencia de un corredor; un vano que se valida por la potencia que a través de él adquiere una sala; o visto al revés; una antesala conformada por un acto y compuesta por la reunión en que participan el pórtico, la puerta, el piso, el cielo, etc.
En definitiva; un elemento nominado arquitectónico no solo por ser vinculante y mediador entre una y otra parte; (un intermediario); sino también referido a la parte misma vinculada por el acto que compromete al habitante en la integridad de una obra. Dicho de otro modo; lo vinculante es por lo vinculado y viceversa; es una interdependencia constitutiva del elemento arquitectónico que permite situarse en distintos puntos de vista; como podría ser en lo vinculante o en lo vinculado. Podrían incluso pasar a ser puntos de partida de una propuesta
Asunto complejo que requiere insistencia y que será desarrollado en el tercer trimestre.
Por ahora tratamos “la casa en la pendiente” abierta a las posibilidades de terreno que van desde uno plano en los cerros, hasta una ladera inclinada y abrupta.
Una casa para una familia de cinco personas, que de acuerdo a la plusvalía y nivel socioeconómico del sector tuviera consideraciones programáticas pertinentes; una política de ocupación del terreno, en el sentido de la consideración de una intervención comprometedora del espacio público y privado, tener criterios constructivos básicos considerando espesores mínimos, pero todo lo anterior sujeto al valor y sentido otorgado por el propósito de un acto, que requiere de elementos arquitectónicos claros que den cuenta de un orden y compromiso de las partes; de lo mayor y lo menor como magnitud. Así, un elemento arquitectónico con el cual se asuma la pendiente y el terreno como propuesta de un suelo.
Un ejemplo a partir de lo visto en las propuestas:
Una ventana “Bowindow” incorporada como elemento decorativo o accesorio, que no entra al debate de la razón de ser arquitectónica de una propuesta, perdiéndose la oportunidad de que a través de su espesor se celebre una espacialidad y se revele ésta como elemento arquitectónico.
caso opuesto: Un vano –ventana- reconocible como lo mayor de una obra que hace aparecer un suelo que trasciende comprometiendo la expresividad de una fachada, que por un lado cuida la intimidad de la habitación y por otro la presencia de la calle. En este segundo caso, se trata de un elemento radical y vinculante, que da cuenta de una voluntad propositiva de acto que valoriza al suelo como elemento arquitectónico propio de la casa.
En definitiva; una propuesta bien aprobada asume la posibilidad del suelo como elemento integral de lo arquitectónico, al ser este ineludible en la construcción “tektonica” y en el “arqué” de la aventura de la forma, en la confianza y seguridad de un hogar, que es el “resguardo de una casa”.
Independiente de la nota que cada uno obtuvo; felicito a los alumnos por la dedicación y persistencia en las faenas de montaje de la exposición ubicada en la sala entrepiso, que valoriza el trabajo de cada uno, como parte de un conjunto.
[1] Wikipedia.
[2] Taller Abierto, Ciudad Abierta, XII 2001.
[3] Taller Abierto, Op. Cit.