El jueves 19 de diciembre pasado se presentó el Libro de Torneos del profesor y arquitecto Manuel Casanueva C. en la Sala Conferencias del Museo de Arte Contemporáneo –MAC– en la ciudad  de Santiago. La presentación estuvo a cargo del arquitecto Rodrigo Pérez de Arce; como abertura del acto el arquitecto Hernán Taito, ex-alumno de la Escuela, interpretó una obra musical en homenaje al autor, interpretada por él mismo, su hija y dos músicos más.

El acto concluyó con las palabras del poeta Carlos Covarrubias en torno a la expresión de verdad y felicidad que en las personas se produce cuando son sometidas a la experiencia lúdica; más aún cuando se trata de un volumen de gente mayor, muchos… de manera que se conforma un todos en torno al sentido de la fiesta como “supremo rigor de la libertad”. Finalmente Carlos agradece a Manuel su entrega y disponibilidad para la creación y conformación de estas instancias de Torneos en donde la Ciudad Abierta y la Escuela le han dado forma a ese llamado poético de la gratuidad.


A continuación el texto de presentación:

Vivimos tiempos instrumentales

Tal aseveración me permite situar el esfuerzo de Manuel Casanueva en torno a la re-invención del juego. Hay un espíritu dominante, instrumental-practico, que busca consecuencias concluyentes, ojala inmediatas en todo empeño: un para que, detrás de cada acción y cada esfuerzo, un para que a resolverse en algo tangible, redituable y concluso. Vivimos una época de encuestas e índices, de instrumentos finos para el número y el balance contable e igualmente toscos para medir aspiraciones, cualidades, inquietudes o tendencias. El énfasis económico pide cuentas de la relación entre el esfuerzo comprometido –la inversión realizada– y el producto.

Ocurre que en este caso el “producto” –por llamarlo en jerga– es fundamental y profundamente improductivo, puesto que consiste esencialmente en la invención de “juegos”. En el empeño de Manuel se ha querido inventar juegos para lo cual se han calibrado sus directrices “ideas matrices” reglas y protocolos, pero también su despliegue plástico escénico, sin por ello querer perpetuarlos ni fundar nuevas líneas. Se han inventado ocurrencias únicas, aconteceres que se depositen –como tantas cosas importantes en la vida– en calidad de recuerdo; pura memoria. Son fulgurantes y unen fugazmente las experiencias en torno a un desafió que es tan arbitrario como indeclinable. Representan a la vez un impresionante cuerpo de reflexiones en torno a los usos y modos de la libertad.

Agamben dice que a diferencia de los ritos que jalonan el tiempo, los juegos lo desmantelan. Son como instancias de convocatoria destinadas a desordenar, interrumpir o crear pausas de otro orden que las que gobiernan los acontecimientos colectivos. Desde siempre el carnaval permite que por un día el siervo sea maestro. Agamben advierte sin embargo que entre rito y juego hay solapamientos que no hacen del todo fácil desmembrar uno del otro. Uno y otro buscan apartarse de las condiciones habituales, crear sus espacios propios y su propio orden. Si bien unos “amueblan” el paso del tiempo y otros lo desamueblan, ambos requieren construir sus propias temporalidades: mientras se juega, sólo vale el tiempo propio, ajeno a cualquier otra consideración. Jugar es participar libremente del encantamiento que nos significa “entrar en juego”, creer en una burbuja, por el mero goce de hacerlo. Cualquier niño entiende el sentido.

Es en torno a esta invención improductiva -en tanto gratuita- y que se consume en ella misma, de temporalidades propias, similar al rito pero desmemoriada y siempre distinta en su desenlace, que Manuel convoca diversos saberes y destrezas: todo ocurre en torno a la clave lúdica, es decir poseedora de ese germen dramático propio de un comienzo conocido y un desenlace impredecible , de aquello que esta obligado a eclosionar en un resultado único, impredecible, inapelable, de aquello que no nace para cambiar al mundo sino simplemente para vivirlo de otro modo, por puro goce de la libertad. Al decir de Godo Iommi el juego es “el supremo esplendor de la libertad”. Ese es su formidable motor.

Hay juegos que parecieran haber estado siempre. Se jugo en los relatos bíblicos como también en las epopeyas homéricas –a veces con profunda seriedad. Jugando, dice Platón, se dirimían los destinos de la ciudad. Así ocurre con la gran mayoría de los juegos-dados, cartas, proezas y desafíos establecidos –pero Manuel Casanueva es un inventor: ha inventado juegos para ponerlos en práctica en el marco de una experiencia docente. Los concibe desde la schole, “lugar del ocio”. No de cualquiera sino de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso una institución que ha hecho del juego una oportunidad especial quizá por asociarlo tan fuertemente al valor de la gratuidad. Nada añade el juego al mundo, sólo una experiencia que quizá vale mucho.

Para inventarlos Manuel Casanueva ha movilizado todos los resortes necesarios del juego: sus tiempos y ritmos, su plástica, consideraciones corporales, coreografías, los dilemas que cada juego plantea, consideraciones fenoménicas y físicas. Cada juego es un teorema.

Decíamos que el empeño es improductivo (el juego no crea obras, esta destinado a desvanecerse). Podríamos decir que se corresponde a otras esferas de la producción sea como alternancia (dicen que en la Bauhaus se planificaban fiestas cada vez que el ambiente se ponía demasiado tenso) sea en la movilización de recursos en pos de una elegancia de los comportamientos grupales que de otro modo no se hubiese manifestado: una suerte de despliegue intencionado, también destinado a tensionar el drama implícito en su convocatoria (siempre alguien gana siempre alguien pierde). Lejos de la mentalidad practica ganar y perder no cambian las cosas solo tienen algo que ver con el honor.

En este caso es el logro de esa justeza, el rigor del empeño el que aporta una lección verdadera. Las verdaderas lecciones son esencialmente generosas e inmensamente productivas aunque sus resonancias se dejen caer de a poco al pasar del tiempo: el balance es efectivamente positivo; esto es lo que ha hecho Manuel y creo que debemos estarle profundamente agradecidos.

Santiago 18 de Diciembre 2009
Rodrigo Perez de Arce, arquitecto, profesor Escuela de Arquitectura PUCCh.


El Libro de Torneos fue editado bajo el sello de Ediciones Universitarias de Valparaíso, y diseñado por el Taller de Ediciones de la e[ad] Escuela de Arquitectura y Diseño PUCV.

Pedidos: Fono +56 32 2273087 | e-mail: euvsa@ucv.cl

Comentarios

  1. Al inicio, también, el ex-alumno de la Escuela, Arquitecto Hernán Taito regaló a Manuel la interpretación de una obra musical ejecutada por él y por otros tres músicos. La obra se llama “”Música de los Torneos”.

  2. Por supuesto Sergio, estoy aún redactando el artículo; lo incorporo, gracias.

  3. Estoy postulando a esta Escuela y para mí es un honor que Manuel Casanueva me haga clases.
    saludos.

  4. UN HONOR HABER PARTICIPADO EN EL LANZAMIENTO DE ESTE GRAN LIBRO Y UNA GRAN SATISFACCION DE HABER TENIDO LA OPORTUNIDAD DE RENDIRLE UN HUMILDE HOMENAJE A MANUEL.
    Un honor haber participado en el lanzamiento de este libro, tan evocativo para quienes estuvimos en la escuela y, una gran satisfacción de haber tenido la oportunidad de rendirle un humilde homenaje a Manuel a través de mis sonidos.

  5. manuel: felicitaciones por tu libro,espero hacerme de uno pronto antes de que se acaben,sera muy grato reencotrarme con las imagenes de tus creaciones,son unicas como el juego de volleybol con una red para tres equipos y una pelota cuadrada.

    saludos

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